sábado, 11 de febrero de 2017

La Olimpia de Francia.



Meses sin escribir en este blog pero siempre vuelvo.  Esta vez volví, en el primer post del 2017, para presentarles a Olimpia de Gouges que tal vez no es muy conocida pero que perdió la cabeza por los derechos de la mujer. Literalmente.

María Gouze, tal el verdadero nombre de Olimpia, nació el 7 de mayo de 1748 en Mountauban, Francia. Su padre era un carnicero y su madre una vendedora de telas (aunque se dice que su padre biológico fue el poeta Jean-Jacques Lefranc su padrino). En 1765 se casó con un hombre bastante mayor que ella, Pierre Aubry. De ese matrimonio ella declaró ser infeliz y calificó al matrimonio en general como una “tumba de la confianza y del amor”. 

Al tiempo de casarse María quedó viuda y con un hijo que llevaba el nombre del padre. El marido al morir le legó unos 70 mil francos de renta.En 1770 ella y su hijo partieron a Paris donde María se ocupó de darle una buena educación a su hijo. Allí, en la capital del reino, María cambió su nombre por el de Olympe de Gouges y se dedicó a la literatura y a la dramaturgia. 

Escribió varias obras de teatro y hasta montó una compañía de teatro. Entre sus obras más conocidas están Lucinda y Cardenio, El hombre generoso, El filósofo corregido, entre otras. Pero uno de sus temas predilectos era la abolición de la esclavitud. Olympe fue una defensora de los derechos humanos literalmente. No fue la defensa de los derechos de la mujer su único objetivo. Fue una verdadera humanista. Su obra  Zamore y Myrza fue admitida en la Comedia Francesa y se representó en 1789 con el título La esclavitud de los negros cuyo contenido era abolicionista. Anteriormente, en 1788 publicó el ensayo Reflexiones sobre los hombres negros que le permitió la entrada al Club de los amigos de los negros del que fue miembro. En 1790 apareció otra de sus obras sobre el mismo tema El mercado de los negros. 


Como defensora de los derechos de las personas y ciudadanos cuando en 1789 estalló la Revolución Francia, Olympe tomó partido por esta. Más tarde combatiría el Terror que se había apoderado de Francia con el mismo ímpetu que defendió la revolución, al ver que los que blandían las banderas revolucionarias cometían las mismas atrocidades que se habían cometido en el Antiguo Régimen.

Con la revolución Olympe comenzó a escribir artículos políticos, algunos fueron publicados por el diario Journal Général de France. Asimismo publicó escritos políticos como Las tres urnas, El espíritu y Un testamento político.

Pero es en 1791 cuando publica su escrito más importante y famoso. La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, basándose en la Declaración de los Derechos del Hombre, estandarte de la revolución Francesa.


Esta declaración de los derechos de la mujer es un escrito de 17 puntos en los que de Gouges despliega un alegato vanguardista y revolucionario sobre la equiparación e igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Estamos hablando de finales del siglo XVIII. 

Políticamente, Olympe defendió a los Girondino que, luego de ser “vencidos” políticamente  en 1793, la dejó en un lugar complicado frente a los Jacobinos, detentores del poder en ese momento. 

En agosto de 1793 fue acusada de escribir un panfleto en favor de los Girondinos y fue detenida. A través de dos textos, sus último dos, pidió ser juzgada para poder defenderse. Estos dos textos fueron Olympe de Gouges en el Tribunal revolucionario y Una patriota perseguida

El 2 de noviembre de 1793 fue juzgada sin abogado que la defendiera. Al otro día, el 3 de noviembre fue llevada a la guillotina donde murió. Tenía 45 años.



La historia está plagada de mujeres que lucharon por la igualdad de derechos. Porque considero que no se trata de ser iguales a los hombres, de hecho lo atractivo es la diferencia, sino de buscar la igualdad de derechos. Y esto, en mi humilde opinión, se logra a través de la educación. Educando a las niñas para ser autosuficientes, a no depender de nadie - ni de un hombre ni de otra mujer - a no tener la necesidad de encontrar  “su media naranja” porque no es mitad de nada ni de nadie. A poder tomar decisiones sobre su vida y su cuerpo. No es igualdad, es igualdad de derechos. Y por derechos me refiero a todos los derechos: económicos, sociales, académicos, todos. 


Porque no se trata de ser más o menos que un hombre. Se trata de equipararnos en derechos celebrando las diferencia.

Los dejo con los 17 puntos de la Declaración de los Derechos de la Mujer y Ciudadanas que esgrimió nuestra feminista adelantada a su época. 



ARTÍCULO PRIMERO La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.
ARTÍCULO SEGUNDO El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.
ARTÍCULO TERCERO El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.
ARTÍCULO CUARTO La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.
ARTÍCULO QUINTO Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y lógicas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.
ARTÍCULO SEXTO La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.
ARTÍCULO SÉPTIMO Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.
ARTÍCULO OCTAVO La Ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.
ARTÍCULO NOVENO Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.
ARTÍCULO DÉCIMO Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.
ARTÍCULO UNDÉCIMO La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.
ARTÍCULO DUODÉCIMO La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.
ARTÍCULO DECIMOTERCERO Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.
ARTÍCULO DECIMOCUARTO Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.
ARTÍCULO DECIMOQUINTO La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.
ARTÍCULO DECIMOSEXTO Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.
ARTÍCULO DECIMOSÉPTIMO Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.