miércoles, 23 de noviembre de 2016

Mi adorada Manuela.





           Después de mucho tiempo creo que llegó el momento de escribir sobre mi heroína preferida. Y no me refiero a Wonder Woman ni a Super Girl ni a ninguna super poderosa salida de Marvel o DC. Me refiero a una mujer real, tan real, que vivió la vida de la manera que quiso. Me refiero a la ecuatoriana Manuela Sáenz. Y no hay mejor día que hoy para escribir sobre ella ya que se cumplen 160 años de su muerte.
         Si le preguntan a alguien que sepa un poco de historia de la emancipación americana quién fue Manuela Sáenz seguramente recibirán como respuesta “la amante de Simón Bolívar”. Claro que fue mucho más que la “libertadora del libertador” como él mismo la bautizó en una ocasión. Y fue precisamente por este rol de “amante de” que sus papeles personales, documentación y cartas fueron quemados al morir Manuela. Por suerte, algo se conservó. Las cartas entre Simón y Manuela son espectaculares. Creo que han escrito un libro recopilándolas pero, debido al exceso de carga ideológica en Venezuela con el tema Bolívar, no se cómo será el libro o qué cartas habrán elegido.
          Me enteré de su existencia por un libro en una mesa de saldos de una librería en Belgrano.Las cuatro estaciones de Manuela se llamaba el libro. Yo tenía veinte años. Lo leí en dos días y me enamoré de Manuela. Una mujer lo suficientemente valiente como para haber roto el molde de la época, con ideas políticas propias y que no se sometió a nada, ni siquiera a Bolívar, a pesar del profundo amor que sentía por él. Luchó en la Guerra por la Independencia americana como un soldado más, fue espía, revolucionaria.              Aquí la vida de esta mujer que se cargó los prejuicios de su época y celebró la vida.



          Manuela Sáenz de Aizpuru nació el 27 de diciembre de 1797 en Quito, Ecuador.  Fue hija de Simón de Vergara (si, Simón, como Bolívar. Saludos a Edipo) y una amante de este llamada María Joaquina de Aizpuru. Debido al marco “ilegal” del nacimiento de Manuela (su padre estaba casado y tenía otros hijos), al poco tiempo de nacer sus padres la internaron en un convento para ser criada por las monjas, por lo menos hasta pasado el escándalo. Al crecer un poco fue a vivir con su madre. Recibía visitas de su padre y llegó a conocer a sus hermanos paternos. Con el tiempo las visitas de su padre se espaciaron. 
          Luego de un primer intento revolucionario en Quito, en el que Simón Sáenz participó persiguiendo a patriotas, Manuela, su mamá y dos esclavas se asentaron en la hacienda de los Aizpuru en Catahuango. En su estadía en la hacienda Manuela aprendió todas las actividades femeninas bien vistas como tejer, bordar, preparar dulces. Luego cursó sus estudios en el Convento de Santa Catalina donde aprendió a leer y escribir que era lo suficiente que necesitaba aprender una mujer en la época (aunque su madre la acercó a la lectura).
         En el convento, Manuela ya adolescente, mostraba su carácter rebelde escapándose a fiestas y vistiéndose inadecuadamente mostrando más de lo que las buenas costumbres permitían. 
         Hay un episodio que ocurrió luego de sus 17 años del que no hay mucha documentación. Se dice que Manuela huyó - o fue raptada - del convento con un tal Fausto D’Elhuyar con quien vivió un romance. Él la abandonó y desparramó intimidades por la ciudad. Los padres de Manuela, para tapar el hecho, rápidamente le consiguieron un marido. El elegido fue un comerciante inglés, James Thorne. Así, en 1817, Manuela y James se casaron. Manuela cumplió con la formalidad pero nunca lo amó. En esa época era lo normal arreglar matrimonios y el amor nada tenía que ver. Excepto para Manuela. Ella cumplía con la norma del casamiento, pero no podían pedirle que se quedara en su lugar. No se puede enjaular un pájaro libre.





          Por temas laborales de su marido, la pareja se mudó a Lima, sin saber que sería la semilla de la insurrección de Manuela (quien desde chica había tomado partido por la revolución americana al ver a su padre perseguir a los patriotas).
Hasta ahora no hemos contado cómo era Manuela. Era una mujer exuberante, es sus formas corporales y su personalidad. Era morocha, de piel blanca y de ojos negros y “brillantes” según el relato de la época. 
          Llegados a Lima, mientras Thorne se ocupaba de sus negocios, Manuela encajó perfectamente en la sociedad limeña. Comenzó a participar de reuniones con los enemigos de la monarquía española. Junto a su amiga  Rosita Campuzano, peruana oriunda de Guayaquil y ferviente de la causa emancipadora, participaban de tertulias y oficiaban de espías para la causa.
          Por los servicios prestados a la causa, el 8 de octubre de 1821,  el General José de San Martín, protector de Perú, condecoró a Manuela con la Orden del Sol con el grado de Caballeresa.
          Manuela no tenía buena relación con su marido. Los celos de él y la poca importancia que le daba ella no eran buena combinación. Además, Thorne temía que la actividad política y revolucionaria de su rebelde esposa interfiriera con sus negocios.
          A comienzos de 1822 nuestra heroína viajó a Quito para resolver un tema de herencia que se disputaba con unas tías luego de la muerte de su madre. Manuela, que poco le interesaban las riñas familiares, negoció desfavorablemente ciertas disputas con tal de no verse envuelta en enfrentamientos familiares. Ese mismo año, 1822, fue el año que cambió la vida de Manuela ya que conoció a su gran amor, Simón Bolívar.
          Luego de la Batalla de Pichincha, en la que el general Sucre derrotó a los españoles y se declaró la libertad de todas las provincias de la Real Audiencia de Quito, el 16 de junio de 1822 Simón Bolívar entró a Quito triunfante, vitoreado y esperado por una multitud. Entre esa multitud estaba Manuela, vestida impecable y exuberante, con la banda y la cruz de la Orden del Sol cruzando su pecho. Desde el balcón en el que estaba observando todo, Manuela le lanzó al general una corona de laureles que le pegó en la cara. Bolívar se dio vuelta y vio a Manuela. (Tengo que hacer un stop de los hechos históricos para imaginar por un momento ese instante en que se vieron por primera vez…)


          Por la noche, en casa de Juan Larrea y Villavicencio - casa desde cuyo balcón Manuela lanzó la corona certera - se celebró una reunión y por fin se conocieron Manuela y Simón. Como era habitual en ella, nada le importaban las habladurías y, aún habiendo sido presentada como Señora de Thorne,  acaparó la atención del general. Avanzada la velada, ambos desaparecieron en medio de rumores de la gente de sociedad.


 Manuela y Bolívar pasaron veinte días juntos, inseparables. Ella, que conocía al general San Martín, le informaba su opinión a Simón antes del encuentro entre los dos libertadores en Guayaquil. Luego de la partida de Bolívar Manuela en Quito trabajaba para la causa animando a las mujeres a coser uniformes, donando ganado de su hacienda, y aportando todo lo que podía. Llegó a ponerse al mando de un batallón de caballería para parar disturbios de insurgentes. Siempre vestida de militar, cosa que enfurecía no sólo a las mujeres de la sociedad sino también a las milicias.
           A diferencia de Manuela Sáenz, a Bolívar si le preocupaba la situación irregular que los envolvía. Esto trajo muchas peleas y discusiones en la pareja y Manuela siempre se mostró implacable. Manuela regresó a Lima y la relación con su marido era cada vez peor. El inglés Thorne moría de celos y bronca por la falta de juicio de su mujer que se mostraba no sólo como la amante de Bolívar sino también como su compañera.  Manuela se encargó del archivo personal de Bolívar y fue nombrada por él como parte del estado mayor. A casi nadie le hizo gracia esto, excepto a su gran amigo Sucre, quien le daba trato de esposa de Bolívar. Sucre y Manuela eran amigos y confidentes. 
Innumerables peleas y discusiones tan apasionadas como su amor tuvieron Manuela y Simón. Constancia de esto se ve en la correspondencia que sobrevivió a la quema de la que hablamos al principio. Pero todas estas peleas, producto de celos y reclamos amorosos, se apagaban cuando se reencontraban. 




   Luego de la batalla de Ayacucho, en 1824, que puso fin al dominio español en América, vinieron días complicados para Bolívar, debido a las peleas políticas. La enemistad del general con Santander era pública y Manuela lo consideraba su enemigo.
Entre 1825 y 1826, Simón y Manuela vivieron juntos en el Palacio de la Magdalena en Lima. En 1826 Bolívar partió de Perú y Manuela permaneció en aquella ciudad. En 1827 fue apresada y enviada al destierro. Bolívar se enteró y mandó a buscarla. Así pasaron otros meses más juntos.



          Por su parte Manuela, de tanto oficiar como espía, se enteraba de conspiraciones y así logró evitar dos atentados contra el general Bolívar. Uno de esos atentados estaba previsto ocurrir  en una fiesta de disfraces organizada en el Coliseo. Manuela le advirtió a su hombre que no fuera y Simón lo tomó como habladurías. Al acercarse la medianoche, una mujer apareció en el lugar, aparentemente una mujer sin hogar, sucia y desprolija, que empezó a gritar y maldecir llamando la atención de todos los invitados, especialmente de Bolívar. Al salir a la calle Simón reconoció a Manuela disfrazada quien, y al provocar un disturbio y distracción frustró el crimen.
          En otra oportunidad, en 1928,  estando juntos en una habitación del Palacio San Carlos, Manuela logró que Bolívar escapara por una ventana cuando escuchó los gritos de los conspiradores. Ella los esperó en la habitación espada en mano. La golpearon y la patearon provocándole daños pero Bolívar pudo escapar una vez más gracias a su adorada Manuela. Y, es a partir de este episodio que se él comenzó a llamar la “la libertadora del libertador”.




          El amor apasionado entre Bolívar y Manuela siguió hasta 1830, cuando Bolívar renunció a la presidencia de Colombia y se retiró a Santa Marta. Cabe aclarar acá que mucho estamos salteando de la historia de Bolívar, pero en realidad quiero dedicarme específicamente a Manuela, por eso no hago hincapié en todos los acontecimientos políticos que involucraron al General Bolívar.
En diciembre de 1830 murió Bolívar dejando a Manuela devastada (casi puedo imaginar el dolor de Manuela).
          Muerto su amante y protector, Manuela fue desterrada y se exilió en Jamaica. En la isla estuvo un año y cuando quiso regresar a Quito no le permitieron quedarse porque la consideraban peligrosa. Habiendo perdido todas sus propiedades, incluso las legadas por su marido que había sido asesinado, se asentó en el puerto de Paita, en Perú.
Vivió el resto de su vida en Paita. Preparaba dulces, confeccionaba tejidos, hacía bordados y, económicamente, se mantenía con la venta de tabaco. También hacía traducciones. Fue visitada por personalidades de la talla de Juan Garibaldi - con quien se dice recordaban juntos a Dante - Simón Rodríguez - famoso ensayista y filósofo venezolano - y por Gabriel García Moreno, quien luego sería presidente de Ecuador.
          En 1856, a la edad de 59 años, Manuela Sáenz murió de difteria.



        Manuela me conmueve, me interpela, me atraviesa como mujer valiente que decidió hacerse cargo de su vida. Decidió vivir plenamente la vida, no sólo transitarla, hacer lo que realmente quería y sentía. A pesar de todo. En contra de todo. De los prejuicios, de la moral de la época. Luchó por la libertad en la que creía como única forma de desarrollo del ser humano. No se sometió a ningún hombre: ni a su padre, ni a su marido. Ni siquiera al propio Bolívar a pesar de ser su gran amor y admiración.
          Los dejo con estos versos que escribió Pablo Neruda como homenaje a la gran Manuela, llamado La insepulta de Paita:

“¿Quién vivió? ¿Quién vivía? ¿Quién amaba? 
¡Malditas telarañas españolas!  
En la noche la hoguera de los ojos ecuatoriales, 
tu corazón ardiendo en el basto vacío: 
así se confundió tu boca con la aurora. 
Manuela, brasa y agua, columna que sostuvo  
no una techumbre vaga sino una loca estrella.  
Hasta hoy respiramos aquel amor herido, 
aquella puñalada de sol en la distancia”


sábado, 12 de noviembre de 2016

East St. Louis riot.





          Estoy escribiendo - o intentando escribir - una novela ambientada en la década del 20. Por eso, desde septiembre, estoy leyendo e investigando todo lo que pueda de esa época. Especialmente lo concerniente al jazz en esa época.
          Uno de los grandes acontecimientos en el espectáculo hacia fines de esa década fue la visita de Josephine Baker a la Argentina, que, debido a su raza - era afroamericana - y a ser mujer que exhibía su cuerpo en espectáculos, generó escándalos en todos los lugares que cantaba y actuaba.
         Además de leer decidí buscar filmaciones de la época. Así encontré una película biográfica sobre Josephine Baker. Empecé a verla mientras cocinaba. Me llamó la atención una escena muy violenta de ataques de blancos a personas afro americanas en la ciudad de St. Louis. Un hecho no muy conocido que se llamó St. Louis Riot. 
          A principios del siglo XX, especialmente luego de la Primera Guerra Mundial, las compañías del norte de los Estados Unidos salieron a buscar personal en el sur del país para trabajar en sus empresas. Los hombres que antes trabajaban allí se alistaban para participar de la Gran Guerra y dejaban vacías las fábricas. Así comenzó la Gran Migración de la que hemos hablado en este blog.
          A los afro americanos del sur, muchos ex esclavos, todos trabajadores rurales, especialmente de plantaciones, se les ofrecía un trabajo en las ciudades de los estados del norte y el pago del traslado. Además, como un agregado, se les prometía que podían vivir en comunidad con otros afroamericanos donde podrían afianzar sus lazos políticos y culturales. Era una oferta muy tentadora para quienes estaban acostumbrados a la vida dura y difícil de las plantaciones.
          Uno de esos estados fue Illinois (más central que norte), y una de esas ciudades fue St. Louis. En East St. Louis ocurrieron los hechos durante julio de 1917.


          Los problemas comenzaron en mayo, precisamente el 28 de ese mes en que unos tres mil trabajadores blancos se organizaron para reclamar por el trabajo de los afro americanos. Este grupo de blancos se quejaba de la migración de hombres negros que les “quitaban” sus trabajos y los acusaban de rompe huelgas. Luego de la reunión con el Intendente de St. Louis, los trabajadores blancos vandalizaron la ciudad, paraban los tranvías para bajar a las personas de color y golpeaban a cuanto afro americano se les cruzara por la calle.

          El gobernador Lowden llamó a la Guardia Nacional para proteger a la ciudad pero el 10 de junio fue retirada.
          La violencia se reanudó el 1º de julio. Unos hombres blancos en un auto pasaron por el barrio donde se concentraban más afro americanos y abrieron fuego contra las casas hiriendo y matando a cualquiera que estuviera ahí. Los afro americanos se organizaron para defenderse. Más tarde, otro auto se acercó al lugar y el grupo de defensa de afroamericanos disparó al auto, probablemente creyendo que se trataba de agresores. Pero en el auto iban dos oficiales de policía - que murieron - y un periodista.


          Este  hecho alcanzó para que una turba de hombres blancos de la ciudad arremetieran contra todos los hombres afro americanos.
         Durante los días 2 y 3 de julio los blancos quemaban casa de personas negras y cuando salían los mataban. El que no moría quemado o por balas era colgado. Golpeaban personas sin distinguir edad ni sexo. Sólo importaba que fueran afro americanos. Niños, niñas, jóvenes, mujeres, todo era blanco de agresión.



          Curiosamente Josephine Baker era una niña que vivía en East St. Louis y fue golpeada durante la masacre. Y digo masacre porque en este hecho perdieron la vida más de 200 personas afro americanas.


          La revuelta terminó con la llegada de la Guardia Nacional, aunque no fue inmediato. Como consecuencia murieron más de 200 afroamericanos, se destruyeron más de 300 casas y 44 autos. También se destrozaron decenas de negocios,  el depósito de la Southern Railway Company y un teatro.
          La NAACP - National Association for the Advancement of Colored People - recientemente formada y que tendría gran protagonismo durante el siglo XX en la lucha por los derechos civiles, formó una comisión para investigar los hechos. Más tarde organizaron una marcha en la ciudad de New York (el 28 de julio de ese año) a la que asistieron diez mil personas. Hombres vestidos de negro y mujeres y niños vestidos de blanco.

          Un año después, un Comité formado en el Congreso de los Estados Unidos  llegó a la conclusión que la Guardia Nacional y la policía estatal no habían actuado de manera adecuada (Don’t say!). En algunos casos se negaron a atender pedidos de auxilio. Varios miembros de la policía fueron separados de la fuerza.
     Este no fue el único episodio de agresiones a afro americanos en las ciudades industriales del norte. Pero si uno de los más sangrientos.
         Los dejos con esta maravillosa guitarra que encontré en Youtube sobre East St. Louis Riot.