jueves, 14 de abril de 2016

No me peguen! Soy Giordano!


En Argentina hubo un episodio con un peluquero conocido que, en un robo o en la cancha, ya no recuerdo, quiso resguardarse de agresores al grito de “No me peguen! Soy Giordano!” Como si ser Giordano fuera garantía de algo, verdad? El caso es que quedó como una frase para gastar bromas e ironías.

Pero al Giordano del que vamos a hablar, no sólo le pegaron. El oscurantismo de la Iglesia Católica decidió que sus ideas no eran acordes a su dogma. Entonces lo quemaron vivo.

Si tuviésemos que definir qué fue Giordano diríamos que filósofo. Por sus estudios específicos también podríamos decir astrónomo y poeta. Su verdadero nombre era Felipe (Filippo) Bruno, pero al ingresar a la Orden de los Dominicos cambió su nombre por el de Giordano. Nació en Nola, Nápoles, Italia, en 1548. 

En 1565, con 17 años, ingresó a la Orden de los Dominicos, donde estudió teología y se ordenó sacerdote y doctor en teología. El problema fue  que su pensamiento no era acorde al de la Iglesia. Recordemos que la época en que estudiaba Giordano Bruno era plena época de Inquisición. 


Se las había ingeniado para leer a Erasmo y Copérnico y a partir de estas lecturas comenzó a cuestionar los dogmas de la Iglesia. Fundamentalmente los que tienen que ver con la tierra como centro del universo. Adhirió, así, a la teoría heliocéntrica de Copérnico.

Además, Bruno sostenía que en el universo era infinito donde convivían varios mundos con seres semejantes a los humanos y que podían rendirle culto a sus propios dioses. Se imaginarán que sostener esto frente a la Iglesia Católica y, en plena época de Inquisición, lo que me nos le valió fue la expulsión.

Así fue que en 1575 Giordano Bruno fue acusado de hereje y huyó de Nápoles. Comenzó a viajar por toda Europa, leyendo y aprendiendo de filósofos, matemáticos pensadores y poetas.

En 1581 llegó a Paris donde fue apoyado por el rey Enrique III, aunque no lo apoyaba abiertamente ya que la Iglesia vigilaba. Bruno fue profesor de la Universidad de Paris donde publicó los libros “Las sombras de las Ideas” y “El canto de Circe”.

En 1583 fue nombrado secretario del embajador francés en Gran Bretaña y partió a Inglaterra. Allí enseñó en la Universidad de Oxford la visión heliocéntrica de Copérnico.

Además de dar clases, Giordano Bruno seguía publicando sus ideas: “De umbris Idearum”, “La cena de las cenizas”, “Del universo infinito y los mundos”, “Sobre la causa, el principio y los mundos”, entre otras obras.

En Inglaterra pasó tres años y luego siguió recorriendo el mundo. Los siguientes años los pasó viviendo en diversas ciudades: volvió a París, Wittenberg, Praga, Helmstedt, Fráncfort y Zúrich.



 Estando en Francfort recibió una invitación de un noble veneciano, llamado Giovanni Mocenigo, quien le solicitó que se mudara a Venecia, a cambio de grandes pagos, por supuesto, para ser su maestro, ya que estaba interesado en sus enseñanzas.

Giordano Bruno aceptó la invitación y a fines de 1591 llegó a Venecia. Allí comenzó a dar clases en la Universidad de Padua y a asistir a la Accademia degli Uranini, lugar donde se reunían académicos liberales.

Luego de una discusión importante con Mocenigo, que era una excusa porque en realidad era espía de la Inquisición,  éste lo denunció al Santo Oficio.


En enero de 1593 Giordano Bruno fue detenido por la Inquisición.  Estuvo preso siete años siendo sometido a todo tipo de tormentos y torturas para tratar de convencerlo de arrepentirse y retractarse de sus teorías, libros y dichos.

No lo hizo. Fue a juicio y se lo condenó a morir en la hoguera. Al oír la sentencia Giordano Bruno le dijo al tribunal una frase que se haría famosa en la posteridad:

Tal vez ustedes pronuncien esta sentencia con más temor del que yo siento al recibirla.

Fue llevado al Campo di Fori el 19 de febrero de 1600. Para que no hablara se le imposibilitó con una brida de cuero. Algunos aseguran que le inmovilizaron la lengua con un clavo. Antes de incendiarlo un cura le mostró un crucifijo pero él dio vuelta la cara y no lo miró.

Así murió Giordano Bruno, quemado vivo.

Así se manejaba la gente que no aceptaba otra verdad que la suya y que tanto pánico le tenía a la libertad porque, la gente con libre pensamiento hubiera dejado de tenerles miedo. Y así lo siguen haciendo hoy en día, 400 años después, aunque no quemen vivo a nadie. 
Bueno, a casi nadie. Muchos, aún, siguen temiéndole a la libertad.  


Los dejo con esta espectacular película del año 1973 sobre la vida de Giordano Bruno.





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