lunes, 25 de enero de 2016

Los rusos que no se rindieron.






Hace poco me encontré con dos libros cuyos argumentos se desarrollaban en la Unión Soviética. Uno es “La guerra no tiene cara de mujer”, de Svetlana Aléxievich. El otro es un libro que descubrí en una reseña del New York Times, una novela para adolescentes llamada “Symphony for the City of the Dead: Dmitri Shostakovich and the Siege of Leningrad” del autor M.T. Anderson. 

El primer libro lo leí y realmente me gustó mucho. Aléxievich rescata historias de mujeres que sirvieron al Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no enfermeras o médicas simplemente. Me refiero a francotiradoras, paracaidistas, mujeres que estuvieron en la línea de fuego. Gran libro que nos remite directamente a otro post.


El segundo libro aún no lo leí, pero me pareció increíble y genial que escribieran una novela para adolescentes,  que se desarrollara en el sitio de Leningrado. 

Entonces decidí estrenar la cosecha 2016 de este pequeño blog con este hecho.

Mapa del Sitio a Leningrado y sus movimientos.

La Segunda Guerra Mundial se desarrolló entre 1939 (momento en que Alemania invadió Polonia) y 1945 (momento en que Estados Unidos lanzó dos bombas atómicas sobre Japón).

Esta guerra no fue otra cosa que una continuación de la Primera Guerra Mundial, o La Gran Guerra como se la conoció en esa época. Todas las cuestiones territoriales y económicas que quedaron pendientes en la guerra del 14 se dirimieron en la del 39.

Una de las potencias que participaron en esta guerra fue la Unión Soviética. En principio la Unión Soviética firmó varios tratados de no agresión con diversos países. Entre ellos Alemania. El famoso Pacto Molotov- von Ribbentrop de entendimiento y paz entre los dos estados se rompió cuando la Alemania de Hitler lanzó la “Operación Barbaroja”, que no era más que el plan del Tercer Reich para invadir Rusia. Tal vez si Hitler le hubiera prestado atención a Napoleón Bonaparte, otra hubiera sido la historia. Pero el poder hace que el ser humano se corrompa al punto tal de creerse inmortal. Y por eso, Hitler,  creyó que podía invadir y conquistar los territorios de la Unión Soviética.

Stalin no hizo caso a las advertencias de Churchill. Es que el líder soviético, de quien desconfiaba, era de Gran Bretaña.

Así fue sorprendida la Unión Soviética el 22 de junio de 1941 por las tropas Nazis. Un grupo del “Ejército del Norte” estaba destinado a conquistar los países bálticos y Leningrado.

El Grupo de Ejércitos Central, el más poderoso en hombres y material, conquistaría Bielorrusia, se dirigiría hacia Moscú y la ocuparía regiones centrales de Rusia.

El Grupo de Ejércitos Sur debía tomar la totalidad de Ucrania, sin dejar de lado la conquista de Kiev y continuar hacia el río Volga, teniendo como objetivo conquistar finalmente la región montañosa del Cáucaso, muy rica en petróleo.

Leningrado era el lugar que Hitler había elegido para destruir. Al ser la cuna de la Revolución Rusa y un símbolo tradicional en la cultura rusa, los Nazis consideraban que la caída de esta ciudad sería un golpe moral mortal en el seno de la población.

Asimismo, la fábrica Kirov de tanques pesados, coches y trenes blindados estaba en Leningrado y era un blanco interesante a destruir.

Milicias y trabajadores de la fábrica Kirov.

Francotiradores Soviéticos atrincherados a orillas del río Neva

El sitio de Leningrado fue uno de los hechos más terribles en la historia de la USSR. A diferencia de la sangrienta batalla de Stalingrado, que fue una verdadera batalla, el sitio de la actual San Petersburgo fue un ataque directo a la población civil. Especialmente niños, mujeres y ancianos. (Las malas lenguas dicen que Stalin permitió que ocurriera el sitio por ser tierra de su adversario, por haber sido arrestado varias veces por la policía Secreta Imperial, por su odio a esta ciudad que consideraba muy intelectual y anti soviética, pero nunca se supo...)

El sitio comenzó en 1941, y Stalin ordenó a la población armar una defensa, al mando del comandante Zhúcov. La población cavaba fosas, construía refugios, colocaban alambres de púa.

Pero el objetivo de Hitler no era invadir la ciudad, sino sitiarla, que sus ciudadanos murieran de hambre y frío.

Los alemanes primero interrumpieron la vía ferroviaria que unía Leningrado con Moscú. Luego esta vía desapareció. Desde septiembre de ese año comenzaron a bombardear la ciudad y una semana después de los bombardeos cortaron las comunicaciones terrestres. Para el 15 de septiembre de 1941 la ciudad estaba completamente sitiada. Los pobladores descubrieron que tenían provisiones para dos meses.

A partir de 1942 la hambruna se hizo notar. A esto hay que agregarle un invierno con -30º de temperatura y sin combustible para calentar las casas.

La desesperación empezó a cundir en la población. Al principio comían las hierbas que encontraban en los alrededores. Luego llegaron a comerse pegamentos de carpinteros, hervían los papeles de las paredes, cinturones de cuero y hasta libros! Pero lo peor, lo inimaginable fue el canibalismo. 

Diferentes escenas de la destrucción de Leningrado y de las muertes en las calles.


En un comienzo cortaban  a las personas que morían de hambre o frío. Especialmente las nalgas y los pechos de las mujeres. Hervían esas partes de los cuerpo y las comían. Luego comenzó una verdadera cacería humana. Grupos salían, literalmente, de caza, y mataban transeúntes para comerselos. A raíz de estos episodios, las autoridades comenzaron a buscar “caníbales” y los que descubiertos era fusilados. La situación era insostenible.

Se han encontrado diarios de gente que vivía en Leningrado con detalles escabrosos. 

“Hoy, cuando pasaba por la calle, una persona caminaba por delante. Movía sus pies con muchos esfuerzos. Al adelantarle, me fijé sin querer que tenía una cara siniestramente azul. Pensé que probablemente moriría pronto. Luego de unos pasos, me volteé, paré y seguí observándole. Se estaba desvaneciendo, sus ojos se le pusieron en blanco, empezó a caer despacio a la tierra. Cuando me acerqué, ya estaba muerto. La gente se hizo tan débil por el hambre que ya no ponía resistencia a la muerte. Morían como si fueran a dormir. Las personas semivivas que les rodeaban no les hacían caso.”

El filólogo ruso Dmitri Likhachov,  y el más importante experto en lengua rusa antigua, sobrevivió junto a los meses más pesados del sitio. Posteriormente describió lo vivido: 

“Dejaban a los que morían: las madres, padres, mujeres, niños; dejaban de alimentar a los que ya no tenía sentido alimentar; escogían entre sus niños a quién iban a salvar; buscaban oro en los cuerpos de muertos; les arrancaban los dientes si eran de oro; les cortaban los dedos para quitarles sus anillos de boda; desvestían los cadáveres en la calle para conseguir la ropa para los vivos; cortaban los restos de la piel de los cadáveres para cocer sopa para los niños; estuvieron listos para cortar trozos de carne de sus propios cuerpos para alimentar a sus hijos; escribían diarios y notas para que después alguien supiera cómo morían millones.” 



Muertos de inanición y frío.


Entre 1941 y 1942, tras varios intentos fallidos por intentar levantar el cerco, los soviéticos lograron abrir un camino, conocido como “camino de la vida”, a través del lago Lódoga, por el que lograron evacuar a unas 600.000 personas, principalmente niños debilitados por hambre.

Mientras tanto, los soviéticos probaban ofensivas contra los alemanes quiénes, a su vez, tenían como agregado en sus ejércitos a un grupo numeroso de españoles que habían sido enviados por Franco.

En enero de 1943 los soviéticos lograron hacer retroceder a los alemanes más al sur del lago Lágoda. Al mes siguiente los alemanes contraatacaron en la batalla más sangrienta durante el sitio, la “Batalla de Krasny Bor”, en la cual los alemanes, junto a españoles, lograron contener la ofensiva soviética.

La situación continuó empeorando para los habitantes de Leningrado. Y aún así, resistieron.

En enero de 1944, con el ejército nazi diezmado, se dio el golpe final a los alemanes. En el frente de Vóljov al mando de Meretskov y, en el frente de Leningrado, Góvorov. Entre estas dos divisiones lograron sacar al ejército alemán de Leningrado.


Evacuación a través del Lago Ládogan.

El saldo fue desastroso. Fueron 872 días de asedio y cerco. Las autoridades de la URSS dieron como cifras oficiales 700.000 muertos civiles. Se cree que en realidad fueron más de un millón. El 90% de esos muertos, murieron de hambre y frío.

El fin del sitio de Leningrado, así como la decisiva batalla de Stalingrado, significaron el comienzo del fin de la Segunda Guerra Mundial y del poderío Nazi. Además, el pueblo ruso, le demostró al mundo de lo que era capaz por defender su tierra. Pocos pueblos como el ruso para defender lo que es suyo, lo que le costó años, siglos conseguir. Siempre bajo la amenaza de la invasión. Resistiendo.

Al finalizar el sitio, los sobrevivientes comenzaron a utilizar una frase que se hizo famosa en la historia posterior:

“Troya cayó. Roma cayó. Leningrado no cayó”.






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