lunes, 30 de noviembre de 2015

La abuela de Paul Gauguin.



Charlando sobre Vargas Llosa con una editora de libros infantiles, me comentó acerca de “El paraíso en la otra esquina”, novela del autor peruano. Casi me desmayo porque, siendo uno de mis escritores preferidos, no sabía de este título.

El libro es una novela sobre la vida de Flora Tristán y de su nieto, el pintor Paul Gauguín, quienes no se conocieron en vida. Hace un par de días soñé con Gauguin y me pareció interesante, entonces,  escribir un post sobre Flora, pensadora y escritora, una de las pioneras del movimiento feminista.

Flora Célestine Thérèse Henriette Tristán y Moscoso, tal su verdadero y completo nombre, nació en Paris el 7 de abril de 1803. Su padre, Mariano Tristán y Moscoso (peruano), y su madre, Anne-Pierre Lasnay (francesa), se unieron en una ceremonia religiosa sin validez, mientras Don Mariano  prestaba servicios en el Ejército Español. Cuando Flora tenía 5 años, su padre murió y, a pesar de pertenecer a una familia peruana acomodada y con holgura económica, Flora no fue reconocida como hija legítima y su madre no fue reconocida como esposa. Motivo por el cual ambas fueron desterradas de la casa de la familia Tristán y terminaron viviendo en los alrededores de la Plaza Maubert, en un barrio pobre de Paris.

Flora comenzó a trabajar a temprana edad como obrera colorista en un taller de litografía. El litógrafo y pintor, André Chazal, dueño del taller. Se enamoró de ella y se casaron cuando Flora contaba con diecisiete años, en 1821.

Para Flora, su matrimonio fue una tortura y su infelicidad provocó los primeros pasos en el pensamiento que luego sería considerado “feminista”, muy de avanzada para su época. El matrimonio no hacía otra cosa que convertir a las mujeres en esclavas de sus maridos y sus hijos, según su opinión. En esa época no había otra opción para las mujeres. Flora y André, en el breve lapso de cuatro años, tuvieron tres hijos.

A los 22 años, Flora Tristán cometió uno de los actos más revolucionarios de su vida: se escapó de su casa y su matrimonio con sus tres hijos. Se fue a Inglaterra a trabajar como criada. No se sabe con precisión lo que hizo de su vida entre 1825 y 1830, pero se cree que trabajó no sólo de criada, sino también de niñera y hasta de traductora. Todo el tiempo fue perseguida par su ex marido, André Chazal, que no quería divorciarse de ella. 


En 1833 decidió embarcarse a Perú a reclamar parte de lo que le correspondía como herencia de su padre. Aunque en correspondencias con su tío, hermano de su padre, éste se había negado a reconocer la herencia, ella viajó igual. (A propósito: su tío era Pío Tristán, famoso militar que luchó contra Belgrano en la Batalla de Salta, entre otros combates a favor de España).

En Perú, si bien no logró su cometido, le pasó algo más importante: se encontró a si misma. La sociedad limeña, las mujeres peruanas especialmente, eran de avanzada comparadas con las europeas. Las mujeres de sociedad, observaba Flora, montaban a caballo cuando querían, fumaban y apostaban dinero en partidas. Algo impensado en Europa. Por supuesto que en Perú las mujeres no contaban con absoluta igualdad de derechos, pero tampoco eran apéndices de maridos o padres. 

Una figura fue fundamental para Flora: Francisca Zubiaga de Gamarra, esposa del mariscal Gamarra, héroe de la independencia de Perú. Pancha, como se la conocía (o “la mariscala”) fue una mujer que supo ocupar un lugar distinto en la sociedad, al punto de participar, vestida de soldado, de batallas junto a su marido. Flora la vio una vez, pero le alcanzó para transformar su vida.

Volvió a Paris en 1835, siendo una nueva mujer. En 1839 publica su primer libro “Peregrinaciones de una paria”, que fue muy bien recibido y que introdujo a Flora a los círculos de sociedad parisinos. 

También empezó a escribir en importantes publicaciones como la “Revue de Paris”, “L’Artiste” o “Le Voleur”. Escribió folletos, firmó manifiestos pidiendo por la abolición de la pena de muerte, por el restablecimiento del divorcio y por reconocimiento de los derechos de las mujeres.

Mientras tanto, Chazal, su ex marido, no dejó de perseguirla nunca. Furioso por verse desenmascarado en un libro que se hizo famoso, intentó asesinar a la autora de un balazo que, aunque no la mató, dejó la bala para siempre en su pecho.

Luego de recuperada pasó unos meses en Londres visitando clandestinamente cárceles, barrios marginales, manicomios, prostíbulos, talleres y fábricas. De estas “visitas-investigación” nació el libro “Promenades dans Londres” (1840) que es una crítica feroz al capitalismo y a la burguesía , como responsables de la miseria y explotación de obreros, mujeres y niños. 



Siguió escribiendo y recorriendo Francia con su mensaje revolucionario pero pacífico. Flora encontró que la forma de darle justicia a su vida privada era extendiendo la lucha por los derechos a todo el mundo.

Sus obras escritas fueron: Peregrinaciones de una paria, Paseos en Londres, La unión obrera, La emancipación de la mujer y Mephis.

Murió en noviembre de 1844, en Burdeos. Ocho años después nació su nieto, hijo de Aline, quien sería uno de los pintores más importantes del movimiento posimpresionista: Paul Gauguin.


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