sábado, 26 de septiembre de 2015

Giuseppe Verdi



El próximo 4 de octubre llevaré a mis hijos a ver una ópera de Verdi al Teatro Colón: Macbeth. Desde ya, van engañados. Les dije que íbamos a ver una obra de Shakespeare, pero omití la parte de la ópera. Es que tienen 15 y 12 años y no iban a querer ir. Claramente.

Debido a la proximidad del evento de la ópera y, debido también a que no escribía desde hacía bastante tiempo en el blog, decidí escribir sobre Verdi quien, sobre su adaptación de Macbeth a la ópera dijo: “He aquí este Macbeth, el cual amo más que a todas mis otras óperas.”

Fortunino Francesco Giuseppe Verdi nació en Italia, en el Ducado de Parma, más precisamente Roncole, el 10 de octubre de 1813, en una familia humilde. Tuvo la suerte de poder estudiar música en la ciudad de Busseto y encontrar allí a los esposos Barezzi que fueron sus protectores. (Antonio Barezzi era miembro de la Sociedad Filarmónica de Busseto)


En 1832 intentó estudiar en el conservatorio de música de Milán, pero fue rechazado por su corta edad y porque consideraban que no tenía aptitudes para la música. 

En 1836 trabajaba como profesor de música en Busseto y se casó con la hija de sus protectores, Margherita Barezzi. 

En Milán,  1839, con 26 años, estrenó su primera ópera, “Oberto Conte di San Bonifacio”, cuyo éxito le proveyó un contrato con el Teatro de la Scala. Lamentablemente, dos hechos lo alejarían de la música: entre los años 1838 y 1840 murieron sus dos hijos (Virginia e Icilio) y, en julio de 1840 falleció su esposa Margherita. Con ese estado de ánimo, de profunda depresión, intentó escribir su siguiente obra, “Un giorno di Regno” que fue un fracaso.

Verdi se retiró de la música por un tiempo.


En 1842, dos años después de la pérdida de toda su familia, se estrenó Nabbucco, su tercera obra, basada en el texto Nabucodonosor, que fue un éxito. En esta obra, Giuseppina Strepponi interpretó el papel de Abigaille. Ella se convertiría en la mujer de Verdi por cincuenta años.

Luego de este éxito y de recuperar el ánimo golpeado por la tragedia, se sucedieron los “años de galera” como los llamaba él mismo, con éxito tras éxito. Componía casi una obra por año. Fue en esta época en la que compuso Macbeth (la ópera a la que arrastro a mis hijos).

A partir de 1847 Verdi comenzó  a pasar largas temporadas en Paris. En 1851 se mudó a Villa Sant’ Angela. Ese año comenzó a componer las obras más populares de su repertorio: Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853) y La Traviata (1853).


 Los siguientes años siguió componiendo obras, dos de sus más famosas, Don Carlo y Aída, son de esta época. 

En 1874 fue elegido miembro del Primer Parlamento Italiano. Verdi era un ferviente patriota en la causa de la unificación italiana.  De hecho, el coro del tercer acto de la ópera Nabucco, llamada “Va, pensiero”, fue utilizada por los nacionalistas italianos que apoyaban la unificación. La letra habla del exilio y de extrañar su tierra “Oh mia patria sì bella e perduta!”

Ese año también, 1874, compuso su obra no operística más importante Réquiem, en conmemoración de la muerte del novelista  Alessandro Manzoni.

Al cumplir 68 años decidió retirarse de la música pero, por suerte para la posteridad, su editor lo convenció de volver. Así, Don Giuseppe compuso dos de sus grandes obras Otello (1887) y Falstaff  (1893). 



 Se retiró de los escenarios a los 80 años, a descansar junto a su mujer, quien murió cuatro años después. Verdi se mudó a Milán, donde falleció el 27 de enero de 1901.

A los largo de sus 88 años compuso 28 óperas y ocho obras no operísticas.





Siempre digo que la música es la única creación del hombre capaz de transportarnos a través del tiempo y del espacio. Incluso más que un libro. La música, creo, no sólo se escucha, se siente, se mete por la piel y se adueña del cuerpo y del alma.  Más aún cuando un compositor logra exponer sentimientos y traducirlos en notas. Verdi fue un hombre que pudo desnudar sus sentimientos a través de la música.









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