sábado, 27 de junio de 2015

Madame Keller

  “La vida o es aventura atrevida o es nada”





Con mi padre, ambos cumplimos años en el mes de julio, tenemos como costumbre buscar personalidades que hayan nacido, como nosotros, bajo el signo zodiacal de cáncer. Y hace rato que quiero escribir sobre la vida de una personalidad que, casualmente me entero, nació un 27 de junio, bajo el signo de cáncer, como papá y yo.  Me refiero a Madame Helen Keller.

Particularmente las historias de mujeres de fines del siglo XIX y principios del XX, las sufragistas, por ejemplo, me parecen fascinantes. Haber sabido aprovechar el momento histórico, el torbellino de cambios sociales y políticos para reclamar sus derechos me resulta más que interesante de leer y estudiar.

Helen Keller fue educadora, escritora y activista política. Pero he aquí un detalle: era sorda y ciega. 



Helen nació en Alabama, el 27 de junio de 1880. A los 19 meses de edad sufrió una enfermedad que la privó del sentido de la vista y del oído. (No se me ocurre nada más tremendo que perder esos dos sentidos…)

Helen Adams Keller nació en una familia acomodada, que vivía modestamente por haber perdido la mayor parte de su riqueza en la Guerra Civil. Su madre era Kate Adams Keller y su padre el Coronel Arthur Keller.

Como mencionamos anteriormente, a los 19 meses Helen quedó ciega y sorda por una enfermedad que se desconoce pero, se presume, pudo ser rubéola o fiebre escarlatina. 

En 1887 sus padres contrataron a una egresada de la Escuela Perkins para Ciegos, una chica de veinte años llamada Anne Sullivan. Anne también era ciega pero luego de varias operaciones, recuperó parcialmente la vista. La señorita Sullivan fue contratada para ser tutora de Helen.


Helen Keller y Anne Sullivan


Helen era rebelde y Anne, además de ser tutora en los estudios, debía ayudarla con la disciplina y las responsabilidades, pero sin quebrar el espíritu de una niña que, desde tan pequeña, se vislumbraba que podía llevarse el mundo por delante.  

Lo primero que le enseñó Anne a Helen fue a firmar. No sólo aprendió a usar el sistema Braille, sino también a escribir a mano. Hasta ese momento, Helen no podía hablar, debido, claro,  a que no podía oir. A los diez años solicitó a sus padres y a su tutora que le enseñaran a hablar. Anne llevó a Helen a ver a Sarah Fuller, de la Escuela Horace Mann para Sordos y personas con Problemas Auditivos (de Boston) quien, en once clases, le enseñó a hablar. (Luego siguió Anne con las clases, aunque hablar fue una tarea dificultosa para Helen toda su vida).

Hellen Keller leyendo los labios de Anne Sullivan



Las habilidades de Helen y las de su maestra para enseñarle las llevaron a hacerse amigas de Mark Twain y de Alexander Graham Bell, quienes eran admiradores de ambas, especialmente de Helen. De hecho, Mark Twain dijo una vez “Los dos personajes más interesantes del siglo XIX son Napoleón y Helen Keller”.

Keller y Alexander Graham Bell

Keller y Mark Twain

Como parte de su espíritu determinante a no dejarse vencer a pesar de sus discapacidades, Helen estuvo, desde muy pequeña, convencida de querer ir a la Universidad. En 1898 entró a la Cambridge School for Young Ladies que la preparó para Radcliffe College. Se graduó de Radcliffe en 1904, como Bachiller en Arte con el grado “Cum Laude”. La primera persona sordo-ciega en conseguirlo.

Helen Keller el día de su graduación


Mientras era estudiante se atrevió a escribir: una carrera que seguiría el resto de su vida. En 1903, se publicó su autobiografía “The Story of my Life”, que luego fue traducida a cincuenta idiomas.

Más obras de Helen Keller fueron:  “The World I Live In”, “The Song of the Stone Wall”, “Out of the Dark”, “My Religion”, entre otras. Además, Keller era una importante colaboradora en varias revistas y diarios. Los archivos de Helen Keller contienen más de 475 discursos y ensayos que ella escribió sobre temas tan diversos como prevención de la ceguera, la fe, anticoncepción, el nacimiento del fascismo en Europa y la energía nuclear.

En 1936 murió Anne y su secretaria, Polly Thomson, ocupó el lugar de la señorita Sullivan como colaboradora de Helen.

Helen siempre se consideró a si misma como escritora. En su pasaporte su ocupación aparecía como “autora”. 
Autobiografía de Helen Keller

Como activista política, Keller era pacifista y protesto contra la Primera Guerra Mundial. Como socialista luchaba por los derechos de los trabajadores. Fue una conocida “sufragista”, reclamando el derecho a voto de las mujeres y una de las primeras miembro de “American Civil Liberties Union”.

Una de sus actividades más destacadas fue junto a AFB (American Foundation for the Blind - Fundación Americana para Ciegos). Se unió en 1921 y fue miembro por más de 40 años. Su trabajo en la AFB la llevó a recorrer los Estados Unidos logrando que se construyeran centros para la educación de personas ciegas y  centros de rehabilitación.

Otra de sus magníficas obras fue la de asistencia en hospitales públicos durante la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente ayudando a veteranos.

En 1946 la American Braille Press se convirtió en la American Foundation for Overseas Blind (hoy en día Helen Keller International). Helen fue nombrada Consejera en Relaciones Internacionales. Gracias a ese cargo, entre 1946 y 1957,  Madame Keller recorrió treinta y cinco países reuniéndose con grandes líderes mundiales como Churchill, Nehru y Golda Meir.

Helen Keller con el presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower

Durante su vida estuvo siempre rodeada de personalidades que se acercaron a ella con admiración: Charles Chaplin, John Kennedy, Eleanor Roosevelt y Albert Einstein entre otros.


Keller junto a Charles Chaplin


En octubre de 1961 Helen tuvo el primero de sus ataques cerebrales y se retiró de la vida pública. El 1º de junio de 1968, murió mientras dormía, unos días antes de cumplir 88 años.

Hellen Keller fue reconocida mundialmente por su lucha, pero especialmente por las condiciones en las que luchó. Una persona privada de dos sentidos y siendo mujer en una época en que aún era muy difícil imponerse desde su género. Luchó por lo que consideraba correcto sin importar que no viera o no escuchara. Eso nunca la detuvo. Más aún, su condición nunca afectó su filosofía positiva de vida. Siempre amo la vida y creía que no se podía no ser feliz. 

 Aquí una de mis frases preferidas de la gran Hellen Keller, una "canceriana de ley":


“Nunca se debe gatear cuando se tiene el impulso de volar”.








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