lunes, 22 de junio de 2015

Las cartas.

Ilustración del encuentro entre San Martín y Belgrano en Algarrobos.

El 20 de junio fue el aniversario de la muerte del General Manuel Belgrano y tenía ganas de escribir sobre la Batalla de Salta, una de las batallas que Belgrano ganó para la causa de la libertad.

Pero fin de semana, una mudanza, frío, la casa llena de chicos, el día del padre… Convergieron todas estas variables y decidí cambiar de tema porque terminé exhausta.

Aún con mi cansancio a cuesta, quería prestarle un pequeño homenaje a este valiente hombre que, como siempre digo, donó su vida para que su patria alcanzara la libertad. (Si, utilicé el verbo “donar” porque eso hizo).

Y, uno de los episodios que más me gusta y me emociona, de su vida, es el encuentro con el Coronel José de San Martín (en ese momento era Coronel aún), ocurrido en enero de 1814.

Debido al fracaso de la Campaña del Alto Perú, Belgrano solicitó al Triunvirato el relevo (por carta fechada el 17 de diciembre de 1813). Le encomendaron la tarea a San Martín, quien la rechazó, pero al enterarse que el propio Belgrano había pedido por él, aceptó la misión. Así, el 18 de enero de 1814 San Martín fue nombrado General en Jefe en lugar de Belgrano.

San Martín y Belgrano se reunieron el 29 de enero de 1814 en Algarrobos, cerca de Yatasto, Salta. Pero antes de conocerse personalmente, estos enormes hombres intercambiaron varias cartas.


 Personalmente me fascinan las cartas (amo nuestra era digital pero extraño las cartas de papel y tinta…). Por eso me gustó la idea de contarles la correspondencia entre estos próceres ante el inminente encuentro y después. Primero San Martín escribió a Belgrano felicitándolo por la victoria en las batallas de Salta y Tucumán. Estas cartas no se conocieron con posterioridad pero si la respuesta de Belgrano:


“¡Ay! Amigo mio. ¿Y qué concepto se ha formado usted de mi? Por casualidad, o mejor diré, porque Dios ha querido me hallo de general sin saber en qué esfera estoy: no ha sido esta mi carrera y ahora tengo que estudiar para medio desempeñarme y cada día veo más y más las dificultades de cumplir con esta terrible obligación (…) Crea usted que jamás me quitará el tiempo y me complaceré con su correspondencia, si gusta honrarme con ella y darme algunos de sus conocimientos para que pueda ser útil a la patria, que es todo mi conato, retribuyéndole la paz y la tranquilidad que tanto necesitamos”

En diciembre de 1813 Manuel Belgrano vuelve a escribirle a San Martín:

“Vuele usted, si es posible; la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares y no dudo que usted los ejecute según mis deseos, para que yo pueda respirar con alguna confianza y salir de los graves cuidados que me agitan incesantemente. Crea usted que no tendré satisfacción mayor que estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y honradez de los buenos patriotas como usted.” 

Firma de Manuel Belgrano

El 2 de enero de 1814, el General Belgrano envía otra misiva:

“Deseo mucho hablar con usted, de silla a silla, para que tomemos las medidas más acertadas y formando nuestros planes, los sigamos sean cuales fuesen los obstáculos que se nos presenten, pues sin tratar con usted a nada me decido.”

Así, como mencioné anteriormente, San Martín y Belgrano se encontraron “silla a silla” el 29 de enero de 1814. Belgrano, con la elegante humildad que lo caracterizaba, se puso a las ordenes de San Martín. 

Manuel Belgrano debía partir a Buenos Aires para enfrentar una causa por las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. En esa ocasión y, en su enorme admiración y estima a su par, San Martín le escribió al gobierno:

“He creído de mi deber informar a vuestra excelencia que de ninguna manera es conveniente la separación de dicho brigadier de este ejército, en primer lugar porque no encuentro un oficial de bastante suficiencia y actividad que lo subrogue accidentalmente en el mando de su regimiento (…) ni quien me ayude a desempeñar las diferentes atenciones que me rodean con el orden que deseo, e instruir a la oficialidad (…) Después de esto yo me hallo en unos países cuyas gentes, costumbres y relaciones me son absolutamente desconocidas, y cuya situación topográfica ignoro;  y siendo estos conocimiento de absoluta necesidad par hacer la guerra, sólo este individuo puede suplir su falta, instruyéndome y dándome las noticias necesarias de que carezco, como lo ha hecho hasta que, para arreglar mis disposiciones, pues de todos los demás oficiales de graduación que hay en el ejército no encuentro otro de quien hacer confianza, ya por carecer de aquel juicio y detención que son necesarios en tales casos, ya que porque no han tenido los motivos que él para tomar unos conocimientos tan extensos e individuales como los que posee”.

(Finalmente, Belgrano fue absuelto en esta causa por las derrotas). 

Firma de San Martín.

Tiempo antes que el Libertador plantease al gobierno la idea de libertar el centro del poder español liberando Chile y de allí por mar a Perú, Belgrano, el 25 de febrero de 1814, escribió la siguiente proclama a los pueblos del Alto Perú. (Claramente, San Martín le había confiado en secreto su idea):

“He depositado en sus manos (refiriéndose a San Martín) la bandera del Ejército que en medio de tantos peligros he conservado, y no dudéis que la tremolará sobre las más altas cumbres de los Andes, sacáandoos de entre las garras de la tiranía y dando días de gloria y de paz a la amada Patria.”

Partió así Belgrano hacia su “juicio”, con una salud muy endeble, sufriendo de terciabas (fiebre intermitente de altas temperaturas que se repetía cada dos o tres días). Al llegar a Santiago del Estero volvió a escribirle a José de San Martín:

“La guerra, allí, no sólo la ha de hacer usted con las armas, sino con la opinión, afianzándose siempre en las virtudes naturales, cristianas y religiosas; pues los enemigos nos la han hecho llamándonos herejes, y sólo por este medio han atraído a las gentes bárbaras a las armas, manifestándoles que atacábamos a la religión. Acaso se reirá alguno de mi pensamiento; pero usted no debe dejarse llevar de opiniones exóticas, ni de hombres que no conocen el país que pisan: además por ese medio conseguirá usted tener al ejército bien subordinado, pues él, al fin, se compone de hombres educados en la religión católica que profesamos y sus máximas no pueden ser más a propósito  para el orden.”

Y continuó la carta: 

“Conserve usted la bandera que le dejé; que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala, y no olvide los escapularios a la tropa. Deje usted que se rían; los efectos lo resarcirán a usted de la risa de los mentecatos, que ven las cosas por encima. Acuérdese usted de que es un general cristiano, apostólico romano; cele usted de que en nada, ni aún en las conversaciones más triviales, se falte el respeto de cuanto diga a nuestra santa religión.”

Ámbos héroes tomaron caminos separados siempre unidos en la misma misión: lograr la libertad absoluta e independencia de las Provincia Unidas. 

Teniendo en cuenta que el panorama en Europa estaba cambiando, Manuel Belgrano fue enviado, junto a Bernardino Rivadavia, en una misión diplomática rumbo al viejo continente. José de San Martín, por su parte, en agosto de 1814 partió a Mendoza, nombrado gobernador intendente de Cuyo,  a preparar el ejército para poner en marcha su plan de cruzar los Andes hacia Chile.

Los dejo con una de mis frases preferidas del enorme Manuel Belgrano:


El miedo sólo sirve para perderlo todo.

1 comentario:

  1. Increible la frase final!!! Se me pone la piel de gallina cuando leo estas cartas.... que lejos estamos :(

    Beb

    ResponderEliminar