sábado, 27 de junio de 2015

Madame Keller

  “La vida o es aventura atrevida o es nada”





Con mi padre, ambos cumplimos años en el mes de julio, tenemos como costumbre buscar personalidades que hayan nacido, como nosotros, bajo el signo zodiacal de cáncer. Y hace rato que quiero escribir sobre la vida de una personalidad que, casualmente me entero, nació un 27 de junio, bajo el signo de cáncer, como papá y yo.  Me refiero a Madame Helen Keller.

Particularmente las historias de mujeres de fines del siglo XIX y principios del XX, las sufragistas, por ejemplo, me parecen fascinantes. Haber sabido aprovechar el momento histórico, el torbellino de cambios sociales y políticos para reclamar sus derechos me resulta más que interesante de leer y estudiar.

Helen Keller fue educadora, escritora y activista política. Pero he aquí un detalle: era sorda y ciega. 



Helen nació en Alabama, el 27 de junio de 1880. A los 19 meses de edad sufrió una enfermedad que la privó del sentido de la vista y del oído. (No se me ocurre nada más tremendo que perder esos dos sentidos…)

Helen Adams Keller nació en una familia acomodada, que vivía modestamente por haber perdido la mayor parte de su riqueza en la Guerra Civil. Su madre era Kate Adams Keller y su padre el Coronel Arthur Keller.

Como mencionamos anteriormente, a los 19 meses Helen quedó ciega y sorda por una enfermedad que se desconoce pero, se presume, pudo ser rubéola o fiebre escarlatina. 

En 1887 sus padres contrataron a una egresada de la Escuela Perkins para Ciegos, una chica de veinte años llamada Anne Sullivan. Anne también era ciega pero luego de varias operaciones, recuperó parcialmente la vista. La señorita Sullivan fue contratada para ser tutora de Helen.


Helen Keller y Anne Sullivan


Helen era rebelde y Anne, además de ser tutora en los estudios, debía ayudarla con la disciplina y las responsabilidades, pero sin quebrar el espíritu de una niña que, desde tan pequeña, se vislumbraba que podía llevarse el mundo por delante.  

Lo primero que le enseñó Anne a Helen fue a firmar. No sólo aprendió a usar el sistema Braille, sino también a escribir a mano. Hasta ese momento, Helen no podía hablar, debido, claro,  a que no podía oir. A los diez años solicitó a sus padres y a su tutora que le enseñaran a hablar. Anne llevó a Helen a ver a Sarah Fuller, de la Escuela Horace Mann para Sordos y personas con Problemas Auditivos (de Boston) quien, en once clases, le enseñó a hablar. (Luego siguió Anne con las clases, aunque hablar fue una tarea dificultosa para Helen toda su vida).

Hellen Keller leyendo los labios de Anne Sullivan



Las habilidades de Helen y las de su maestra para enseñarle las llevaron a hacerse amigas de Mark Twain y de Alexander Graham Bell, quienes eran admiradores de ambas, especialmente de Helen. De hecho, Mark Twain dijo una vez “Los dos personajes más interesantes del siglo XIX son Napoleón y Helen Keller”.

Keller y Alexander Graham Bell

Keller y Mark Twain

Como parte de su espíritu determinante a no dejarse vencer a pesar de sus discapacidades, Helen estuvo, desde muy pequeña, convencida de querer ir a la Universidad. En 1898 entró a la Cambridge School for Young Ladies que la preparó para Radcliffe College. Se graduó de Radcliffe en 1904, como Bachiller en Arte con el grado “Cum Laude”. La primera persona sordo-ciega en conseguirlo.

Helen Keller el día de su graduación


Mientras era estudiante se atrevió a escribir: una carrera que seguiría el resto de su vida. En 1903, se publicó su autobiografía “The Story of my Life”, que luego fue traducida a cincuenta idiomas.

Más obras de Helen Keller fueron:  “The World I Live In”, “The Song of the Stone Wall”, “Out of the Dark”, “My Religion”, entre otras. Además, Keller era una importante colaboradora en varias revistas y diarios. Los archivos de Helen Keller contienen más de 475 discursos y ensayos que ella escribió sobre temas tan diversos como prevención de la ceguera, la fe, anticoncepción, el nacimiento del fascismo en Europa y la energía nuclear.

En 1936 murió Anne y su secretaria, Polly Thomson, ocupó el lugar de la señorita Sullivan como colaboradora de Helen.

Helen siempre se consideró a si misma como escritora. En su pasaporte su ocupación aparecía como “autora”. 
Autobiografía de Helen Keller

Como activista política, Keller era pacifista y protesto contra la Primera Guerra Mundial. Como socialista luchaba por los derechos de los trabajadores. Fue una conocida “sufragista”, reclamando el derecho a voto de las mujeres y una de las primeras miembro de “American Civil Liberties Union”.

Una de sus actividades más destacadas fue junto a AFB (American Foundation for the Blind - Fundación Americana para Ciegos). Se unió en 1921 y fue miembro por más de 40 años. Su trabajo en la AFB la llevó a recorrer los Estados Unidos logrando que se construyeran centros para la educación de personas ciegas y  centros de rehabilitación.

Otra de sus magníficas obras fue la de asistencia en hospitales públicos durante la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente ayudando a veteranos.

En 1946 la American Braille Press se convirtió en la American Foundation for Overseas Blind (hoy en día Helen Keller International). Helen fue nombrada Consejera en Relaciones Internacionales. Gracias a ese cargo, entre 1946 y 1957,  Madame Keller recorrió treinta y cinco países reuniéndose con grandes líderes mundiales como Churchill, Nehru y Golda Meir.

Helen Keller con el presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower

Durante su vida estuvo siempre rodeada de personalidades que se acercaron a ella con admiración: Charles Chaplin, John Kennedy, Eleanor Roosevelt y Albert Einstein entre otros.


Keller junto a Charles Chaplin


En octubre de 1961 Helen tuvo el primero de sus ataques cerebrales y se retiró de la vida pública. El 1º de junio de 1968, murió mientras dormía, unos días antes de cumplir 88 años.

Hellen Keller fue reconocida mundialmente por su lucha, pero especialmente por las condiciones en las que luchó. Una persona privada de dos sentidos y siendo mujer en una época en que aún era muy difícil imponerse desde su género. Luchó por lo que consideraba correcto sin importar que no viera o no escuchara. Eso nunca la detuvo. Más aún, su condición nunca afectó su filosofía positiva de vida. Siempre amo la vida y creía que no se podía no ser feliz. 

 Aquí una de mis frases preferidas de la gran Hellen Keller, una "canceriana de ley":


“Nunca se debe gatear cuando se tiene el impulso de volar”.








lunes, 22 de junio de 2015

Las cartas.

Ilustración del encuentro entre San Martín y Belgrano en Algarrobos.

El 20 de junio fue el aniversario de la muerte del General Manuel Belgrano y tenía ganas de escribir sobre la Batalla de Salta, una de las batallas que Belgrano ganó para la causa de la libertad.

Pero fin de semana, una mudanza, frío, la casa llena de chicos, el día del padre… Convergieron todas estas variables y decidí cambiar de tema porque terminé exhausta.

Aún con mi cansancio a cuesta, quería prestarle un pequeño homenaje a este valiente hombre que, como siempre digo, donó su vida para que su patria alcanzara la libertad. (Si, utilicé el verbo “donar” porque eso hizo).

Y, uno de los episodios que más me gusta y me emociona, de su vida, es el encuentro con el Coronel José de San Martín (en ese momento era Coronel aún), ocurrido en enero de 1814.

Debido al fracaso de la Campaña del Alto Perú, Belgrano solicitó al Triunvirato el relevo (por carta fechada el 17 de diciembre de 1813). Le encomendaron la tarea a San Martín, quien la rechazó, pero al enterarse que el propio Belgrano había pedido por él, aceptó la misión. Así, el 18 de enero de 1814 San Martín fue nombrado General en Jefe en lugar de Belgrano.

San Martín y Belgrano se reunieron el 29 de enero de 1814 en Algarrobos, cerca de Yatasto, Salta. Pero antes de conocerse personalmente, estos enormes hombres intercambiaron varias cartas.


 Personalmente me fascinan las cartas (amo nuestra era digital pero extraño las cartas de papel y tinta…). Por eso me gustó la idea de contarles la correspondencia entre estos próceres ante el inminente encuentro y después. Primero San Martín escribió a Belgrano felicitándolo por la victoria en las batallas de Salta y Tucumán. Estas cartas no se conocieron con posterioridad pero si la respuesta de Belgrano:


“¡Ay! Amigo mio. ¿Y qué concepto se ha formado usted de mi? Por casualidad, o mejor diré, porque Dios ha querido me hallo de general sin saber en qué esfera estoy: no ha sido esta mi carrera y ahora tengo que estudiar para medio desempeñarme y cada día veo más y más las dificultades de cumplir con esta terrible obligación (…) Crea usted que jamás me quitará el tiempo y me complaceré con su correspondencia, si gusta honrarme con ella y darme algunos de sus conocimientos para que pueda ser útil a la patria, que es todo mi conato, retribuyéndole la paz y la tranquilidad que tanto necesitamos”

En diciembre de 1813 Manuel Belgrano vuelve a escribirle a San Martín:

“Vuele usted, si es posible; la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares y no dudo que usted los ejecute según mis deseos, para que yo pueda respirar con alguna confianza y salir de los graves cuidados que me agitan incesantemente. Crea usted que no tendré satisfacción mayor que estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y honradez de los buenos patriotas como usted.” 

Firma de Manuel Belgrano

El 2 de enero de 1814, el General Belgrano envía otra misiva:

“Deseo mucho hablar con usted, de silla a silla, para que tomemos las medidas más acertadas y formando nuestros planes, los sigamos sean cuales fuesen los obstáculos que se nos presenten, pues sin tratar con usted a nada me decido.”

Así, como mencioné anteriormente, San Martín y Belgrano se encontraron “silla a silla” el 29 de enero de 1814. Belgrano, con la elegante humildad que lo caracterizaba, se puso a las ordenes de San Martín. 

Manuel Belgrano debía partir a Buenos Aires para enfrentar una causa por las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. En esa ocasión y, en su enorme admiración y estima a su par, San Martín le escribió al gobierno:

“He creído de mi deber informar a vuestra excelencia que de ninguna manera es conveniente la separación de dicho brigadier de este ejército, en primer lugar porque no encuentro un oficial de bastante suficiencia y actividad que lo subrogue accidentalmente en el mando de su regimiento (…) ni quien me ayude a desempeñar las diferentes atenciones que me rodean con el orden que deseo, e instruir a la oficialidad (…) Después de esto yo me hallo en unos países cuyas gentes, costumbres y relaciones me son absolutamente desconocidas, y cuya situación topográfica ignoro;  y siendo estos conocimiento de absoluta necesidad par hacer la guerra, sólo este individuo puede suplir su falta, instruyéndome y dándome las noticias necesarias de que carezco, como lo ha hecho hasta que, para arreglar mis disposiciones, pues de todos los demás oficiales de graduación que hay en el ejército no encuentro otro de quien hacer confianza, ya por carecer de aquel juicio y detención que son necesarios en tales casos, ya que porque no han tenido los motivos que él para tomar unos conocimientos tan extensos e individuales como los que posee”.

(Finalmente, Belgrano fue absuelto en esta causa por las derrotas). 

Firma de San Martín.

Tiempo antes que el Libertador plantease al gobierno la idea de libertar el centro del poder español liberando Chile y de allí por mar a Perú, Belgrano, el 25 de febrero de 1814, escribió la siguiente proclama a los pueblos del Alto Perú. (Claramente, San Martín le había confiado en secreto su idea):

“He depositado en sus manos (refiriéndose a San Martín) la bandera del Ejército que en medio de tantos peligros he conservado, y no dudéis que la tremolará sobre las más altas cumbres de los Andes, sacáandoos de entre las garras de la tiranía y dando días de gloria y de paz a la amada Patria.”

Partió así Belgrano hacia su “juicio”, con una salud muy endeble, sufriendo de terciabas (fiebre intermitente de altas temperaturas que se repetía cada dos o tres días). Al llegar a Santiago del Estero volvió a escribirle a José de San Martín:

“La guerra, allí, no sólo la ha de hacer usted con las armas, sino con la opinión, afianzándose siempre en las virtudes naturales, cristianas y religiosas; pues los enemigos nos la han hecho llamándonos herejes, y sólo por este medio han atraído a las gentes bárbaras a las armas, manifestándoles que atacábamos a la religión. Acaso se reirá alguno de mi pensamiento; pero usted no debe dejarse llevar de opiniones exóticas, ni de hombres que no conocen el país que pisan: además por ese medio conseguirá usted tener al ejército bien subordinado, pues él, al fin, se compone de hombres educados en la religión católica que profesamos y sus máximas no pueden ser más a propósito  para el orden.”

Y continuó la carta: 

“Conserve usted la bandera que le dejé; que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala, y no olvide los escapularios a la tropa. Deje usted que se rían; los efectos lo resarcirán a usted de la risa de los mentecatos, que ven las cosas por encima. Acuérdese usted de que es un general cristiano, apostólico romano; cele usted de que en nada, ni aún en las conversaciones más triviales, se falte el respeto de cuanto diga a nuestra santa religión.”

Ámbos héroes tomaron caminos separados siempre unidos en la misma misión: lograr la libertad absoluta e independencia de las Provincia Unidas. 

Teniendo en cuenta que el panorama en Europa estaba cambiando, Manuel Belgrano fue enviado, junto a Bernardino Rivadavia, en una misión diplomática rumbo al viejo continente. José de San Martín, por su parte, en agosto de 1814 partió a Mendoza, nombrado gobernador intendente de Cuyo,  a preparar el ejército para poner en marcha su plan de cruzar los Andes hacia Chile.

Los dejo con una de mis frases preferidas del enorme Manuel Belgrano:


El miedo sólo sirve para perderlo todo.

viernes, 12 de junio de 2015

Esclavos - Parte II




Seguimos con dos historias más de esclavos que habíamos iniciado anteriormente. Pero antes de comenzar, quisiera hacer una aclaración sobre algo que se mencionó en el post anterior.  En la parte I de las historias de esclavos se nombró el Underground Railroad y no aclaramos qué era.


El Underground Railroad era una red secreta que ayudaba a esclavos a escaparse y trasladarlos a los estados del norte. El Railroad estaba compuesto por casas, llamadas “estaciones”, que ofrecían comida y asilo a los esclavos que escapaban y fue creado por el quákero Isaac Hopper en 1787. Cuando los esclavos lograban escapar, y luego de asistirlos con comida y ropa, los escondían en vagones de trenes (a veces en compartimentos secretos, o bajo pilas de ropa para ocultarlos) que los llevaba al norte. Para 1850 más de 10 mil esclavos había usado esta red para escapar. 

Ahora si, las historias de Olaudah Equiano y Harriet Tubman.



          Foto de esclavo lastimado por latigazos. 1863.
OLAUDAH EQUIANO

Olaudah Equiano nació en Nigeria,  fue secuestrado a los once años junto a su hermana y llevado a Virginia, Estados Unidos. Aunque, a falta de registros escritos no se sabe con exactitud, ya que  algunos dicen que nació en América.

Lo cierto es que Olaudah era un esclavo. En Virginia fue vendido a un teniente de la Armada Real Inglesa, Michael Pascal, quien le cambió el nombre a Gustave Vassa, en honor a un rey sueco del siglo XVI. Olaudah- Gustav- pasó ocho años en alta mar sirviendo a Pascal. En el barco fue bautizado y aprendió a leer y a escribir.

Olaudah Equiano


Luego de esos ocho años Pascal vendió a Olaudah al comerciante Robert King. Con King el esclavo Equiano pasó doce años (de más está aclarar, que no era una vida como los esclavos de las plantaciones), trabajando como marinero ayudante, valet y barbero. Mientras tanto, por su lado, Olaudah aprendía a hacer negocios y comerciaba por su cuenta. Así logró ahorrar lo suficiente como para comprar su propia libertad. Cómo hombre libre pasó los siguientes veinte años viajando por el mundo, comerciando.

En 1786, en Londres, comenzó a participar de un movimiento de abolición de la esclavitud y formó parte de un grupo de 12 hombres negros llamados “Sons of Africa” (“Hijos de África”), que se dedicaban a promover la abolición de la esclavitud.

Como parte de su prédica contra la esclavitud, Olaudah escribió un libro llamado “The Interesting Narrative of the Life of Olaudah Equiano or Gustavus Vassa, the African” - "La interesante narración de la vida de Olaudah Equiano o Gustavus Vassa, el Africano”.  Este libro lo hizo muy popular y adinerado.  Fui uno de los primeros libros en ser publicados por un hombre negro.

Libro de Olaudah Equiano


Se asentó en Cambridheshire y en 1792 se casó con Susan Cullen con quien tuvo dos hijas. Olaudah falleció en marzo de 1797, dejándole su pequeña fortuna a sus hijas (su mujer había fallecido un año antes que él y una de sus hijas murió muy pequeña un año después. La única heredera y sobreviviente fue su hija Joanna).


HARRIET TUBMAN

Harriet Tubman es una de las abolicionistas más conocidas en la historia de la esclavitud de Estados Unidos. Harriet nació esclava, en Maryland, hija de esclavos (el nombre que le dio su amo fue Araminta pero ella lo cambió por el de su madre). Desde los cinco años trabajó de criada y niñera. La esposa de su amo la tenía trabajando día y noche.

Harriet Tubman - Ross apellido de soltera - junto a su familia. Harriet a la izquierda.


Como esclava vivió todo tipo de experiencias traumáticas: desde ver a sus hermanos y hermanas encadenadas a ser lastimada físicamente. En una oportunidad, un esclavo escapó y el amo le tiró con una pesa; erró el tiro y le pegó a Harriet en la cabeza. Ella se desmayó y, ese golpe, tuvo consecuencias toda su vida provocándole jaquecas frecuentes y hasta pérdidas temporales del conocimiento.  

Creció trabajando en el campo, en las plantaciones y como criada. En 1844 su madre la obligó a casarse con un hombre negro libre, John Tubman, con el que vivió cinco años. El matrimonio no prosperó y no tuvieron hijos ya que, siendo ella esclava, sus hijos no serían libres.

En 1849 Harriet se enteró del Underground Railroad y decidió escapar. Huyó con un hermano pero, asustado, su hermano regresó. Ella se quedó sola hasta que logró llegar a una de las “estaciones” del Railroad. 

Harriet Tubman

Harriet llegó finalmente a Filadelfia, pero decidió que tenía que volver por su familia. Así fue como comenzó a trabajar y a ahorrar dinero para ayudar a su familia y a otros esclavos. A su vez, el Congreso de Estados Unidos, en 1850, aprobó la Ley de Esclavos Fugitivos”, por la cual obligaba a los organismos oficiales a ayudar a capturar esclavos fugitivos.

Aún con todos los riesgos, Harriet volvió a Maryland para salvar a su sobrina que había sido vendida. Al año siguiente ayudó a liberar a uno de sus hermanos junto a otros dos hombres.  Por estos escapes la gente comenzó a llamar “Moses” - Moisés- (por el hombre que liberó al pueblo judío de Egipto).

Ilustración de Harriet Tubman ayudando a liberar esclavos.


Harriet Tubman realizó diecinueve viajes liberando a 300 esclavos. Caminando a través de bosques, por montañas, a través de hielos (ella prefería ir en invierno porque las noches eran más largas y  la oscuridad era mejor para escapar sin ser vistos), siempre cargando un arma. A veces, de hecho, la utilizaba para amenazar a los propios esclavos que, exhaustos, querían abandonar la huída y volver,

Rápidamente se hizo famosa y empezaron a ofrecer grandes montos de dinero por su vida. En una oportunidad, Harriet se durmió en una estación de tren, debajo de un cartel que ofrecía recompensa por su vida. El cartel decía que era iletrada. Dos hombres la vieron y gritaron “¡Es ella!”. Harriet, inteligente como era, levantó un libro roto que estaba tirado en la estación y fingió leerlo. Al ver que la mujer sabía leer, los dos hombres desistieron de seguirla. Así salvó su vida.

Cartel que ofrece recompensa por Harriet Tubman.

Durante la Guerra Civil se desempeñó como enfermera ayudando a los fugitivos. Pasó los últimos años de su vida en Auburn cuidando de su familia y de otra gente necesitada. Tuvo varios empleos y se casó con un albañil veintidós años menor que ella en 1869. En 1874 adoptaron una hija llamada Gertie.

En 1869, año en que se casó, una admiradora, Sarah Bradford, escribió una biografía titulada "Scenes in the Life of Harriet Tubman" - "Escenas de la vida de Harriet Tubman". Este libro le hizo ganar a Harriet mil doscientos dólares.

Durante sus últimos años trabajó para promover la causa sufragista (reclamo del derecho a votar de las mujeres). Viajó a Nueva York, Boston y Washington para dar discursos a favor del derecho al voto de las mujeres.

Foto de una ya anciana Harriet Tubman unos años antes de morir.

Harriet Tubman murió el 10 de marzo de 1913. Fue enterrada con honores militares en Auburn. Hoy la vida de Harriet es una leyenda y es reconocida en los Estados Unidos por su valentía, coraje y defensa de la libertad e igualdad entre todas las personas, sin distinción de raza ni género.

Para concluir, los dejo con un documental sobre el famoso Underground Railroad.
















miércoles, 10 de junio de 2015

Esclavos - Parte I


Cuando era pequeña, me sentaba al lado de mi mamá a ver en tv una serie que ella veía: Raíces. Era una serie conocida en esa época (ahora están haciendo la remake), sobre la vida de un esclavo llamado Kunta Kinte. Pocas series televisivas me han marcado más en la vida.

Luego me dediqué a leer La cabaña del Tío Tom, o las historias del adorado Mark Twain y así fui afianzando mi fascinación por la historia de los negros en los Estados Unidos, que, claro, llegaron a ese país como esclavos. 


Y, como saben los que me conocen, trato de trasmitir mi pasión por la historia y lo que leo a mis hijos. Así fue como en la librería Kel encontré un maravilloso libro para chicos llamado “The Story of Slavery” (“La historia de la Esclavitud”). Leyéndolo conocí varias historias de esclavos que me pareció que podía compartir con ustedes. Pero primero, hagamos un brevísimo repaso por la historia de la esclavitud.

Que el hombre quiere dominar al hombre no es nuevo. Por eso encontramos a los primeros esclavos (primera constancia escrita de su presencia) en la Mesopotamia, durante la época Asiria.  Más documentada está la esclavitud en el Antiguo Egipto. Los hombres eran usados para trabajos forzosos y las mujeres y los niños para tareas domésticas. También sabemos de esclavos en la Antigua Grecia y la Antigua Roma.

Esclavos en el Antiguo Egipto.


Esclavos en la Antigua Roma


En los países Nórdicos, los Vikingos tenían como esclavos a quienes tomaban prisioneros de sus invasiones. Los intercambiaban en Islandia por vino, sedas, plata y oro. 

Más en la Edad Media, el tráfico de esclavos disminuyó en Europa Occidental. Los Musulmanes, por su parte, no creían en hacer esclavos de su propia gente, entonces  los buscaban más allá del Desierto de Sahara. Allí miles de africanos fueron secuestrados y vendidos como esclavos. 

Disposición de los esclavos en los barcos que los transportaban.

A partir de 1492,  con el descubrimiento de América, los europeos comenzaron a levantar poblados, luego ciudades y se necesitaba gente para esos trabajos. En una primera instancia esclavizaron a los habitantes autóctonos americanos. Luego, diezmada la población, comenzó el gran tráfico de esclavos de África.

Al pasar los años, comenzaron a abrirse nuevos mercados para los nuevos productos americanos. Especialmente café, azúcar, algodón, tabaco, cacao, etc.  Para la recolección y producción se necesitaban muchas personas y esto incrementó el tráfico de personas. 

Esclavos en plantaciones de azúcar


Se calcula que en 400 años ingresaron a América once millones de esclavos desde África.

Pero, de todas las historias de esclavitud, las que más conocemos por libros pero, principalmente por películas, son las que nos relatan la vida en las plantaciones de algodón en el sur de los Estados Unidos. 

Como la idea es contar algunas historias de esclavos, dividiremos el post en dos partes. Asimismo, no vamos a ahondar en la esclavitud propiamente dicha, porque sino el post sería muy largo. Así que aquí, algunos  relatos de “esclavos famosos”.

HENRY “BOX” BROWN
Henry nació en 1816 en Richmond, Virginia, como esclavo y trabajó en una plantación y factoría de tabaco. Allí conoció a una mujer, se casó (aunque no se reconocía el matrimonio legalmente) y tuvo tres hijos. Un día, su mujer e hijos fueron vendidos a otro “dueño”. Henry cayó en una profunda depresión porque sabía que nunca más iba a volver a verlos. Hasta que se le ocurrió una idea.

Como Henry sabía leer y escribir (algo para nada usual entre los esclavos), decidió contactarse con un hombre blanco de Filadelfia llamado James McKim, que era conocido por ayudar a esclavos a liberarse. (Liberar esclavos era muy peligroso y los hombres que lo hacían se jugaban la vida).

Henry Brown escapando

Henry le envió una carta explicándole el plan. Para ponerlo en práctica, Henry se quemó las manos con aceite y para poder tener unos días libre. Con ayuda, se metió adentro de una caja que sellaron y enviaron al señor McKim. Aunque había puesto un cartel en la tapa superior que decía “Este lado arriba con cuidado”, nadie le prestó atención y el cajón de madera fue enviado al revés.  Henry viajó varias millas cabeza abajo.

Al llegar a Filadelfia, el Ministro McKin abrió la caja y encontró a Henry adentro. Bastante lastimado, pero sano y salvo. 

Henry buscó y buscó pero nunca halló a su familia. Pasó el resto de su vida trabajando con McKin en el Underground Railroad. También trabajó en la Sociedad Anti Esclavista, como orador contando su experiencia como esclavo, lo que lo llevó a recorrer Inglaterra y Canada.  Se volvió a casar y escribió el libro “Narraciones de la vida de Henry Box Brown”. Murió en  Canadá en 1889.

Henry Brown en la caja donde viajaba


SOJOURNER TRUTH
La historia de esta mujer, si Sojourner es nombre de una mujer, es digna de Hollywood. Productores, ¿qué esperan?

Sojourner Truth nació en 1797 con el nombre de Isabella Bomefree (luego Baumfree) y era hija de una pareja de esclavos que trabajaban en la hacienda Swartekill, propiedad de un coronel llamado Hardenbergh,  a 153 kms. al norte de New York. El hijo del dueño heredó la hacienda de su padre y a su muerte Sojourner fue vendida varias veces. 

Entre 1806 y 1815 fue vendida cuatro veces. Alguno de esos dueños la maltrataron mucho, física y psicológicamente. 

Se casó con un esclavo mayor que ella y tuvo cinco hijos. 

Foto de Sojurner Truth


Hacia 1797, el estado de New York comenzó a tratar la abolición de la esclavitud (aunque este proceso de abolición se completó recién en 1827). En 1826, Sojourner se escapó (junto con su quinta hija, que era bebé) de la plantación de su último dueño y se dirigió a casa de Isaac van Wagener, quien se comprometió a comprar sus servicios al dueño anterior, a cambio de veinte dólares. Al año siguiente se abolió la esclavitud en ese estado.

El último dueño de Sojourner, un tal Dummont, vendió ilegalmente a Peter, uno de los hijos de nuestra “esclava-heroína” y ella, con ayuda de van Wagener, le inició juicio. Se convirtió en la primera mujer negra en ganarle un juicio a un hombre blanco. (Su hijo fue liberado y más tarde se convirtió en marino).

Mientras transcurrió su estadía en lo de los van Wagener se convirtió al cristianismo. Se mudó a la ciudad de New York y trabajó como empleada en casa de un ministro protestante. En 1843, Sojourner decidió que su misión en la vida era predicar la palabra de Dios y comenzó a recorrer Estados Unidos, viviendo como podía. Hasta que se unió a la Northampton Association, en Massachussets, una sociedad que bregaba por la igualdad y libertad. Allí conoció a otros abolicionistas famosos como Frederick Douglass.

Famosa frase de Sojourner Truth

Allí Sojourner se dedicó a dar charlas sobre su vida como esclava y, ¡Por favor vean que pionera!, dar charlas sobre la situación de las mujeres. 

Uno de sus discursos más importantes y recordados lo dio en 1851,  en la Convención de Derechos de las Mujeres en Akron, Ohio. (¿Se dan cuenta? Una convención sobre los derechos de la mujer en 1851!!!!). Allí pronunció su frase más famosa "Ain't I a Woman?" -“¿Acaso no soy una mujer?”- que se convirtió en un lema para la lucha de los derechos de las mujeres.

Siguió trabajando por la abolición de la esclavitud y los derechos de las personas afro americanas y, especialmente las mujeres, toda su vida, participando de protestas y todo tipo de convenciones en pos de la integración. Falleció en Battle Creek, en 1886, con casi 90 años de edad. 

Circular invitando a charlas de Sojourne Truth



Los espero en la parte II para seguir con más historias de esclavos.