lunes, 30 de noviembre de 2015

La abuela de Paul Gauguin.



Charlando sobre Vargas Llosa con una editora de libros infantiles, me comentó acerca de “El paraíso en la otra esquina”, novela del autor peruano. Casi me desmayo porque, siendo uno de mis escritores preferidos, no sabía de este título.

El libro es una novela sobre la vida de Flora Tristán y de su nieto, el pintor Paul Gauguín, quienes no se conocieron en vida. Hace un par de días soñé con Gauguin y me pareció interesante, entonces,  escribir un post sobre Flora, pensadora y escritora, una de las pioneras del movimiento feminista.

Flora Célestine Thérèse Henriette Tristán y Moscoso, tal su verdadero y completo nombre, nació en Paris el 7 de abril de 1803. Su padre, Mariano Tristán y Moscoso (peruano), y su madre, Anne-Pierre Lasnay (francesa), se unieron en una ceremonia religiosa sin validez, mientras Don Mariano  prestaba servicios en el Ejército Español. Cuando Flora tenía 5 años, su padre murió y, a pesar de pertenecer a una familia peruana acomodada y con holgura económica, Flora no fue reconocida como hija legítima y su madre no fue reconocida como esposa. Motivo por el cual ambas fueron desterradas de la casa de la familia Tristán y terminaron viviendo en los alrededores de la Plaza Maubert, en un barrio pobre de Paris.

Flora comenzó a trabajar a temprana edad como obrera colorista en un taller de litografía. El litógrafo y pintor, André Chazal, dueño del taller. Se enamoró de ella y se casaron cuando Flora contaba con diecisiete años, en 1821.

Para Flora, su matrimonio fue una tortura y su infelicidad provocó los primeros pasos en el pensamiento que luego sería considerado “feminista”, muy de avanzada para su época. El matrimonio no hacía otra cosa que convertir a las mujeres en esclavas de sus maridos y sus hijos, según su opinión. En esa época no había otra opción para las mujeres. Flora y André, en el breve lapso de cuatro años, tuvieron tres hijos.

A los 22 años, Flora Tristán cometió uno de los actos más revolucionarios de su vida: se escapó de su casa y su matrimonio con sus tres hijos. Se fue a Inglaterra a trabajar como criada. No se sabe con precisión lo que hizo de su vida entre 1825 y 1830, pero se cree que trabajó no sólo de criada, sino también de niñera y hasta de traductora. Todo el tiempo fue perseguida par su ex marido, André Chazal, que no quería divorciarse de ella. 


En 1833 decidió embarcarse a Perú a reclamar parte de lo que le correspondía como herencia de su padre. Aunque en correspondencias con su tío, hermano de su padre, éste se había negado a reconocer la herencia, ella viajó igual. (A propósito: su tío era Pío Tristán, famoso militar que luchó contra Belgrano en la Batalla de Salta, entre otros combates a favor de España).

En Perú, si bien no logró su cometido, le pasó algo más importante: se encontró a si misma. La sociedad limeña, las mujeres peruanas especialmente, eran de avanzada comparadas con las europeas. Las mujeres de sociedad, observaba Flora, montaban a caballo cuando querían, fumaban y apostaban dinero en partidas. Algo impensado en Europa. Por supuesto que en Perú las mujeres no contaban con absoluta igualdad de derechos, pero tampoco eran apéndices de maridos o padres. 

Una figura fue fundamental para Flora: Francisca Zubiaga de Gamarra, esposa del mariscal Gamarra, héroe de la independencia de Perú. Pancha, como se la conocía (o “la mariscala”) fue una mujer que supo ocupar un lugar distinto en la sociedad, al punto de participar, vestida de soldado, de batallas junto a su marido. Flora la vio una vez, pero le alcanzó para transformar su vida.

Volvió a Paris en 1835, siendo una nueva mujer. En 1839 publica su primer libro “Peregrinaciones de una paria”, que fue muy bien recibido y que introdujo a Flora a los círculos de sociedad parisinos. 

También empezó a escribir en importantes publicaciones como la “Revue de Paris”, “L’Artiste” o “Le Voleur”. Escribió folletos, firmó manifiestos pidiendo por la abolición de la pena de muerte, por el restablecimiento del divorcio y por reconocimiento de los derechos de las mujeres.

Mientras tanto, Chazal, su ex marido, no dejó de perseguirla nunca. Furioso por verse desenmascarado en un libro que se hizo famoso, intentó asesinar a la autora de un balazo que, aunque no la mató, dejó la bala para siempre en su pecho.

Luego de recuperada pasó unos meses en Londres visitando clandestinamente cárceles, barrios marginales, manicomios, prostíbulos, talleres y fábricas. De estas “visitas-investigación” nació el libro “Promenades dans Londres” (1840) que es una crítica feroz al capitalismo y a la burguesía , como responsables de la miseria y explotación de obreros, mujeres y niños. 



Siguió escribiendo y recorriendo Francia con su mensaje revolucionario pero pacífico. Flora encontró que la forma de darle justicia a su vida privada era extendiendo la lucha por los derechos a todo el mundo.

Sus obras escritas fueron: Peregrinaciones de una paria, Paseos en Londres, La unión obrera, La emancipación de la mujer y Mephis.

Murió en noviembre de 1844, en Burdeos. Ocho años después nació su nieto, hijo de Aline, quien sería uno de los pintores más importantes del movimiento posimpresionista: Paul Gauguin.


martes, 17 de noviembre de 2015

The flu.


Edward Munch. Autorretrato después de la Gripe Española


Estaba investigado para un libro que estoy escribiendo y necesitaba hacer un brevísimo resumen de la situación política de principios de siglo XX.

Al leer sobre la Primera Guerra Mundial y la cantidad de vidas que se cobró, presté especial atención a los muertos que dejó la gripe española al terminar dicha guerra. Quedé impactada por el número: entre 30 y 50 millones de vidas (y 500 millones de personas infectadas). Esto es, un tercio de la población mundial murió por gripe. Sinceramente no sabía que esta enfermedad había causado tantas víctimas.

¿Qué fue la gripe española? Para comenzar tenemos que decir que no fue española, no se desató en España. Se la conoció como gripe española porque debido al desánimo general en los países involucrados en la Primera Guerra Mundial, se había prohibido que los medios hablaran de las muertes por gripe para no  crear pánico. Como España no participó de esta guerra, sus medios de comunicación, los diarios principalmente, iban relatando lo que ocurría con la pandemia de gripe. Por eso se la conoció como Gripe Española.

Tiendas improvisadas para atender la enorme cantidad de infectados.


La realidad es que la gripe se originó en una base militar en Kansas, Estados Unidos, proveniente, según se cree, de Francia (aunque algunos creen que provino de China). El virus era de tipo aviar. Fue un brote de “Influenza A tipo H1N1”. 

A diferencia de otros tipos de influenza, esta gripe no atacaba a la población más débil (ancianos y niños) solamente,  sino que atacaba a toda la población por igual. Hombres y mujeres jóvenes, adultos, ancianos, niños y bebés. Hasta perros y gatos. 

Gráfico de mortalidad 1918-1919

Hubo varias hipótesis de porqué este tipo de virus afectó a gente sana y joven. Algunos creen que por su edad no habían sido afectados por otros tipos de virus de influenza que les generara anticuerpos. Otros científicos, en el año 2008, sostuvieron que  tres tipos de genes debilitaban los tubos bronquiales y permitían pasar el virus a los pulmones, provocando neumonía. La gente comenzaba con el virus de la gripe pero moría finalmente de neumonía. 

Además de los típicos síntomas de gripe, la Gripe Española se caracterizaba porque los pacientes presentaban fiebre de más de 40 grados, dolor agudo  en los ojos y en los oídos. Otra de las características de esta gripe era el color azul en que se tornaba la piel. 

La medicina (aún no existían las vacunas preventivas) no sabía como combatir la enfermedad, por eso las ciudades comenzaron a tomar medidas para evitar la propagación. En San Francisco, California, por ejemplo, quien caminaba por la vía pública sin mascarilla  era multado y hasta encarcelado. Se suspendieron las clases, cerraron los teatros y los lugares públicos. La publicidad sobre la prevención proliferaba por las calles.

Los chicos cantaban una rima que se hizo famosa en Inglaterra, a través de las enfermeras:

I had a little bird,
And its name was Enza.
I opened up the window,
And IN-FLU-ENZA.


Publicidades en las calles y en los diarios sobre prevención del contagio.


La gripe cruzaba todos los aspectos de la vida, incluyendo la economía, ya que se cerraban negocios por falta de empleados que enfermaban o por miedo al contagio.

La Primera Guerra Mundial no ayudó, ya que en las condiciones infra humanas en las que vivían los soldados en las trincheras la enfermedad se esparció rápidamente. Cuando esos soldados volvían a sus hogares, transportaban el virus a esas ciudades  y así el virus se universalizó. Además, la Gran Guerra, como toda guerra, generaba carencias alimentarias y sanitarias que no contribuían a las defensas de las personas.

Se cree que la gripe española provocó más muertes en un año que la peste negra durante la Edad Media.



Agentes policiales, enfermeras y voluntarias con mascarillas preventivas.



Varias personalidades famosas han muerto por esta pandemia, entre ellos dos de mis pintores preferidos: Gustav Klimt y Egon Schiele. También Koloman Moser. Podríamos decir que la Pandemia de Gripe del 18 afectó seriamente a la Secesión Vienesa!

Hacia fines de 1919 la gripe desapareció, o bien porque los portadores habían muerto o porque los sobreviviente comenzaron a desarrollar anticuerpos.

Durante el siglo XX hubo otras epidemias, pero ninguna tan letal como la de 1918. Aquí les dejo un pequeño videíto sobre la gripe con imágenes de la época.






sábado, 26 de septiembre de 2015

Giuseppe Verdi



El próximo 4 de octubre llevaré a mis hijos a ver una ópera de Verdi al Teatro Colón: Macbeth. Desde ya, van engañados. Les dije que íbamos a ver una obra de Shakespeare, pero omití la parte de la ópera. Es que tienen 15 y 12 años y no iban a querer ir. Claramente.

Debido a la proximidad del evento de la ópera y, debido también a que no escribía desde hacía bastante tiempo en el blog, decidí escribir sobre Verdi quien, sobre su adaptación de Macbeth a la ópera dijo: “He aquí este Macbeth, el cual amo más que a todas mis otras óperas.”

Fortunino Francesco Giuseppe Verdi nació en Italia, en el Ducado de Parma, más precisamente Roncole, el 10 de octubre de 1813, en una familia humilde. Tuvo la suerte de poder estudiar música en la ciudad de Busseto y encontrar allí a los esposos Barezzi que fueron sus protectores. (Antonio Barezzi era miembro de la Sociedad Filarmónica de Busseto)


En 1832 intentó estudiar en el conservatorio de música de Milán, pero fue rechazado por su corta edad y porque consideraban que no tenía aptitudes para la música. 

En 1836 trabajaba como profesor de música en Busseto y se casó con la hija de sus protectores, Margherita Barezzi. 

En Milán,  1839, con 26 años, estrenó su primera ópera, “Oberto Conte di San Bonifacio”, cuyo éxito le proveyó un contrato con el Teatro de la Scala. Lamentablemente, dos hechos lo alejarían de la música: entre los años 1838 y 1840 murieron sus dos hijos (Virginia e Icilio) y, en julio de 1840 falleció su esposa Margherita. Con ese estado de ánimo, de profunda depresión, intentó escribir su siguiente obra, “Un giorno di Regno” que fue un fracaso.

Verdi se retiró de la música por un tiempo.


En 1842, dos años después de la pérdida de toda su familia, se estrenó Nabbucco, su tercera obra, basada en el texto Nabucodonosor, que fue un éxito. En esta obra, Giuseppina Strepponi interpretó el papel de Abigaille. Ella se convertiría en la mujer de Verdi por cincuenta años.

Luego de este éxito y de recuperar el ánimo golpeado por la tragedia, se sucedieron los “años de galera” como los llamaba él mismo, con éxito tras éxito. Componía casi una obra por año. Fue en esta época en la que compuso Macbeth (la ópera a la que arrastro a mis hijos).

A partir de 1847 Verdi comenzó  a pasar largas temporadas en Paris. En 1851 se mudó a Villa Sant’ Angela. Ese año comenzó a componer las obras más populares de su repertorio: Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853) y La Traviata (1853).


 Los siguientes años siguió componiendo obras, dos de sus más famosas, Don Carlo y Aída, son de esta época. 

En 1874 fue elegido miembro del Primer Parlamento Italiano. Verdi era un ferviente patriota en la causa de la unificación italiana.  De hecho, el coro del tercer acto de la ópera Nabucco, llamada “Va, pensiero”, fue utilizada por los nacionalistas italianos que apoyaban la unificación. La letra habla del exilio y de extrañar su tierra “Oh mia patria sì bella e perduta!”

Ese año también, 1874, compuso su obra no operística más importante Réquiem, en conmemoración de la muerte del novelista  Alessandro Manzoni.

Al cumplir 68 años decidió retirarse de la música pero, por suerte para la posteridad, su editor lo convenció de volver. Así, Don Giuseppe compuso dos de sus grandes obras Otello (1887) y Falstaff  (1893). 



 Se retiró de los escenarios a los 80 años, a descansar junto a su mujer, quien murió cuatro años después. Verdi se mudó a Milán, donde falleció el 27 de enero de 1901.

A los largo de sus 88 años compuso 28 óperas y ocho obras no operísticas.





Siempre digo que la música es la única creación del hombre capaz de transportarnos a través del tiempo y del espacio. Incluso más que un libro. La música, creo, no sólo se escucha, se siente, se mete por la piel y se adueña del cuerpo y del alma.  Más aún cuando un compositor logra exponer sentimientos y traducirlos en notas. Verdi fue un hombre que pudo desnudar sus sentimientos a través de la música.









miércoles, 19 de agosto de 2015

Camille magnifique.



En una sobremesa, mientras tomábamos café con chocolate, comenzamos a charlar sobre las escultura de Bernini, Miguel Ángel, y todos los grandes que han esculpido en mármol, bronce, o cualquier otro material. De repente nombré a Auguste Rodin y salió el nombre de Camille Claudel, su amante y compañera, de quien se dice, hizo algunas de las obras que se le atribuyen a Rodin.

Cuando se fueron las visitas comencé a buscar en Google las obras de Camille, que conocía, pero que nunca había prestado demasiada atención. C’est magnifique! Fue mi pensamiento inmediato. ¡Cuánta genialidad! Me enamoré de su obra y del sentimiento que emana cada una de sus esculturas. Uno no puede pararse frente a sus trabajos y no sentirse atravesado por el intenso sentimiento con que fue creado. Casi de dolor, me atrevería a decir.
Camille Claudel


Además, siempre me atrajeron las historias de mujeres que sobresalen de su época. Como si  el destino hubiera querido que Camille naciera en una época en la que no encajara por su condición de mujer, así el dolor de la no valoración le presionaba las tripas lo suficiente como para hacer estallar todo su talento. Aunque, paradójicamente, en esa época no sería apreciado.

Camille nació el 8 de diciembre de 1864, en el pueblo Fère-en-Tardenois, ubicado al norte de Francia.  Sus padres,  Louis-Prosper Claudel y Louise Athanaïse Cécile Cerveaux tuvieron tres hijos. Camille era la hermana del medio. El menor, Paul, fue un reconocido poeta y diplomático.

Desde chica Camille fue una apasionada de la escultura. Jugaba con barro y esculpía la imagen de las personas que la rodeaban, como su hermano Paul.

Por razones de la profesión de su padre, que se dedicaba a los negocios y a las finanzas, se mudaron varias veces. Gracias a la insistencia de su hermano, Camille logró que sus padres le permitieran inscribirse en un taller.

En primer lugar, cuando la familia se trasladó a  Nogent-sur-Seine en 1876, comenzó a trabajar con Paul Dubois, Director de la Escuela Superior de Bellas Artes de París, y su discípulo Alfred Boucher. 

En 1883 la familia volvió  a mudarse, esta vez a París. Allí ingresó en la academia Colarussi, ya que la Escuela de Bellas Artes no aceptaba mujeres.

Quiso el destino que Auguste Rodin reemplazara a Boucher en sus clases. Al año siguiente, embelesado por el talento extraordinario de la joven Camille, Rodin la llevó a trabajar a su taller.

Claro que en espíritus tan apasionados como los de Camille y Auguste es de ingenuos suponer que semejante pasión puede quedar plasmado sólo en el plano del arte. Rápidamente se convirtieron en amantes. 

Camille colaboró con dos de las obras más importantes de Rodin:  “Las puertas del Infierno” y “Los burgueses de Calais” (Tuve la oportunidad de ver esta última obra y les aseguro que me sentí abrumada por la perfección, al punto de llenar de lágrimas mis ojos).

Los Burgueses de Calais. Obra de Rodin en la que trabajó Camille.


Trabajaron juntos por diez años, influyéndose mutuamente en las obras de uno y de otro.  Pero la relación afectiva entre ellos era demasiado intensa. Los celos de Camille por las aventuras de Rodin hicieron que la inestabilidad imperara ente ellos.

Camille Claudel en el taller, trabajando.

Rodin, se dice, llevaba una vida bastante promiscua, si cabe la palabra, y tenía varias amantes. Pero su amante eterna era Rose Beuret. Camille siempre fantaseó con la idea de que Rodin dejara a Rose y se quedara con ella. Pero eso nunca ocurrió. (De hecho fue la madre de su único hijo,  y poco antes de su muerte se casaron).

Así, de ese dolor, surgió la obra de Claudet llamada “La edad madura”. Una escultura en la que se ve a una Camille arrodillada, suplicante, tratando de retener a un Rodin que se va, casi envuelto en los brazos de una mujer, Rose. 

La Edad Madura. De Camille Claudel.


La relación entre Camille y Auguste era tormentosa y viciosa. Ambos se lastimaban y no podían salir de ese vínculo enfermizo. Él la humillaba, menospreciaba sus obras, le ha propuesto casamiento en contadas ocasiones (incluso escritas).  Ella con sus celos y ataques de ira lo enloquecía.

El punto culmine de su relación se dio cuando en 1892 Camille quedó embarazada y Rodin se negó a ese hijo. Luego del aborto Cecil, destrozada se encerró a trabajar en sus esculturas. Se dice que esculpió muchísimas cabezas de bebés y al terminarlas, las destruía. 

En 1898 la relación terminó. Cecil se dedicó al trabajo solitario en su taller. Había roto también con su familia, que denigraba su condición de artista y se preocupaba por las habladurías sobre el comportamiento social de la artista.

Entre 1899 y 1905 surgieron de aquel encierro de dolor algunas de sus obras más importantes como “El Vals”, “El Pensamiento”, “La Ola; obras que expuso en varias ocasiones en el Salon des Artistes Français y en el Salon d’Automne.

Sakuntala. Camille Claudel

El Vals. Camille Claudel


En esa época hizo amistad con el compositor Claude Debussy y, aunque muchos dicen que fueron amantes, no hay pruebas al respecto.

Busto de Rodin. Camille Claudel.


En 1905 hizo su última exposición.

Debido a sus ataques incontrolables de ira y sus cambios repentinos de humor (muchos dicen que sufría de esquizofrenia), su familia intentó internarla en varias oportunidades, sin lograrlo debido a la intervención de su padre.

En 1913 el padre de Camille falleció y a los pocos días su hermano, Paul Claudel, firmó la internación de Camille, primero en un manicomio de Ville-Évrard y a los meses fue trasladada a Montdevergues.

Camille Claudel en 1935.

Allí pasó Camille sus últimos años. Nunca más volvió a esculpir. Se le diagnosticó "una sistemática manía persecutoria acompañada de delirios de grandeza” (en muchos de sus brotes ella gritaba acusando a Rodin de robarse sus obras).

Murió el 8 de octubre de 1943. Sola. Nadie asistió a su entierro. La soledad fue el precio que pagó por seguir sus instintos de libertad, voluntad y deseo.


Claro que en el mundo, y a lo largo de la historia, deben haber existido miles de Camille. Por suerte, ella, nos dejó su obra para recordarla y hacer un poco de justicia con su enorme talento.


sábado, 27 de junio de 2015

Madame Keller

  “La vida o es aventura atrevida o es nada”





Con mi padre, ambos cumplimos años en el mes de julio, tenemos como costumbre buscar personalidades que hayan nacido, como nosotros, bajo el signo zodiacal de cáncer. Y hace rato que quiero escribir sobre la vida de una personalidad que, casualmente me entero, nació un 27 de junio, bajo el signo de cáncer, como papá y yo.  Me refiero a Madame Helen Keller.

Particularmente las historias de mujeres de fines del siglo XIX y principios del XX, las sufragistas, por ejemplo, me parecen fascinantes. Haber sabido aprovechar el momento histórico, el torbellino de cambios sociales y políticos para reclamar sus derechos me resulta más que interesante de leer y estudiar.

Helen Keller fue educadora, escritora y activista política. Pero he aquí un detalle: era sorda y ciega. 



Helen nació en Alabama, el 27 de junio de 1880. A los 19 meses de edad sufrió una enfermedad que la privó del sentido de la vista y del oído. (No se me ocurre nada más tremendo que perder esos dos sentidos…)

Helen Adams Keller nació en una familia acomodada, que vivía modestamente por haber perdido la mayor parte de su riqueza en la Guerra Civil. Su madre era Kate Adams Keller y su padre el Coronel Arthur Keller.

Como mencionamos anteriormente, a los 19 meses Helen quedó ciega y sorda por una enfermedad que se desconoce pero, se presume, pudo ser rubéola o fiebre escarlatina. 

En 1887 sus padres contrataron a una egresada de la Escuela Perkins para Ciegos, una chica de veinte años llamada Anne Sullivan. Anne también era ciega pero luego de varias operaciones, recuperó parcialmente la vista. La señorita Sullivan fue contratada para ser tutora de Helen.


Helen Keller y Anne Sullivan


Helen era rebelde y Anne, además de ser tutora en los estudios, debía ayudarla con la disciplina y las responsabilidades, pero sin quebrar el espíritu de una niña que, desde tan pequeña, se vislumbraba que podía llevarse el mundo por delante.  

Lo primero que le enseñó Anne a Helen fue a firmar. No sólo aprendió a usar el sistema Braille, sino también a escribir a mano. Hasta ese momento, Helen no podía hablar, debido, claro,  a que no podía oir. A los diez años solicitó a sus padres y a su tutora que le enseñaran a hablar. Anne llevó a Helen a ver a Sarah Fuller, de la Escuela Horace Mann para Sordos y personas con Problemas Auditivos (de Boston) quien, en once clases, le enseñó a hablar. (Luego siguió Anne con las clases, aunque hablar fue una tarea dificultosa para Helen toda su vida).

Hellen Keller leyendo los labios de Anne Sullivan



Las habilidades de Helen y las de su maestra para enseñarle las llevaron a hacerse amigas de Mark Twain y de Alexander Graham Bell, quienes eran admiradores de ambas, especialmente de Helen. De hecho, Mark Twain dijo una vez “Los dos personajes más interesantes del siglo XIX son Napoleón y Helen Keller”.

Keller y Alexander Graham Bell

Keller y Mark Twain

Como parte de su espíritu determinante a no dejarse vencer a pesar de sus discapacidades, Helen estuvo, desde muy pequeña, convencida de querer ir a la Universidad. En 1898 entró a la Cambridge School for Young Ladies que la preparó para Radcliffe College. Se graduó de Radcliffe en 1904, como Bachiller en Arte con el grado “Cum Laude”. La primera persona sordo-ciega en conseguirlo.

Helen Keller el día de su graduación


Mientras era estudiante se atrevió a escribir: una carrera que seguiría el resto de su vida. En 1903, se publicó su autobiografía “The Story of my Life”, que luego fue traducida a cincuenta idiomas.

Más obras de Helen Keller fueron:  “The World I Live In”, “The Song of the Stone Wall”, “Out of the Dark”, “My Religion”, entre otras. Además, Keller era una importante colaboradora en varias revistas y diarios. Los archivos de Helen Keller contienen más de 475 discursos y ensayos que ella escribió sobre temas tan diversos como prevención de la ceguera, la fe, anticoncepción, el nacimiento del fascismo en Europa y la energía nuclear.

En 1936 murió Anne y su secretaria, Polly Thomson, ocupó el lugar de la señorita Sullivan como colaboradora de Helen.

Helen siempre se consideró a si misma como escritora. En su pasaporte su ocupación aparecía como “autora”. 
Autobiografía de Helen Keller

Como activista política, Keller era pacifista y protesto contra la Primera Guerra Mundial. Como socialista luchaba por los derechos de los trabajadores. Fue una conocida “sufragista”, reclamando el derecho a voto de las mujeres y una de las primeras miembro de “American Civil Liberties Union”.

Una de sus actividades más destacadas fue junto a AFB (American Foundation for the Blind - Fundación Americana para Ciegos). Se unió en 1921 y fue miembro por más de 40 años. Su trabajo en la AFB la llevó a recorrer los Estados Unidos logrando que se construyeran centros para la educación de personas ciegas y  centros de rehabilitación.

Otra de sus magníficas obras fue la de asistencia en hospitales públicos durante la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente ayudando a veteranos.

En 1946 la American Braille Press se convirtió en la American Foundation for Overseas Blind (hoy en día Helen Keller International). Helen fue nombrada Consejera en Relaciones Internacionales. Gracias a ese cargo, entre 1946 y 1957,  Madame Keller recorrió treinta y cinco países reuniéndose con grandes líderes mundiales como Churchill, Nehru y Golda Meir.

Helen Keller con el presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower

Durante su vida estuvo siempre rodeada de personalidades que se acercaron a ella con admiración: Charles Chaplin, John Kennedy, Eleanor Roosevelt y Albert Einstein entre otros.


Keller junto a Charles Chaplin


En octubre de 1961 Helen tuvo el primero de sus ataques cerebrales y se retiró de la vida pública. El 1º de junio de 1968, murió mientras dormía, unos días antes de cumplir 88 años.

Hellen Keller fue reconocida mundialmente por su lucha, pero especialmente por las condiciones en las que luchó. Una persona privada de dos sentidos y siendo mujer en una época en que aún era muy difícil imponerse desde su género. Luchó por lo que consideraba correcto sin importar que no viera o no escuchara. Eso nunca la detuvo. Más aún, su condición nunca afectó su filosofía positiva de vida. Siempre amo la vida y creía que no se podía no ser feliz. 

 Aquí una de mis frases preferidas de la gran Hellen Keller, una "canceriana de ley":


“Nunca se debe gatear cuando se tiene el impulso de volar”.








lunes, 22 de junio de 2015

Las cartas.

Ilustración del encuentro entre San Martín y Belgrano en Algarrobos.

El 20 de junio fue el aniversario de la muerte del General Manuel Belgrano y tenía ganas de escribir sobre la Batalla de Salta, una de las batallas que Belgrano ganó para la causa de la libertad.

Pero fin de semana, una mudanza, frío, la casa llena de chicos, el día del padre… Convergieron todas estas variables y decidí cambiar de tema porque terminé exhausta.

Aún con mi cansancio a cuesta, quería prestarle un pequeño homenaje a este valiente hombre que, como siempre digo, donó su vida para que su patria alcanzara la libertad. (Si, utilicé el verbo “donar” porque eso hizo).

Y, uno de los episodios que más me gusta y me emociona, de su vida, es el encuentro con el Coronel José de San Martín (en ese momento era Coronel aún), ocurrido en enero de 1814.

Debido al fracaso de la Campaña del Alto Perú, Belgrano solicitó al Triunvirato el relevo (por carta fechada el 17 de diciembre de 1813). Le encomendaron la tarea a San Martín, quien la rechazó, pero al enterarse que el propio Belgrano había pedido por él, aceptó la misión. Así, el 18 de enero de 1814 San Martín fue nombrado General en Jefe en lugar de Belgrano.

San Martín y Belgrano se reunieron el 29 de enero de 1814 en Algarrobos, cerca de Yatasto, Salta. Pero antes de conocerse personalmente, estos enormes hombres intercambiaron varias cartas.


 Personalmente me fascinan las cartas (amo nuestra era digital pero extraño las cartas de papel y tinta…). Por eso me gustó la idea de contarles la correspondencia entre estos próceres ante el inminente encuentro y después. Primero San Martín escribió a Belgrano felicitándolo por la victoria en las batallas de Salta y Tucumán. Estas cartas no se conocieron con posterioridad pero si la respuesta de Belgrano:


“¡Ay! Amigo mio. ¿Y qué concepto se ha formado usted de mi? Por casualidad, o mejor diré, porque Dios ha querido me hallo de general sin saber en qué esfera estoy: no ha sido esta mi carrera y ahora tengo que estudiar para medio desempeñarme y cada día veo más y más las dificultades de cumplir con esta terrible obligación (…) Crea usted que jamás me quitará el tiempo y me complaceré con su correspondencia, si gusta honrarme con ella y darme algunos de sus conocimientos para que pueda ser útil a la patria, que es todo mi conato, retribuyéndole la paz y la tranquilidad que tanto necesitamos”

En diciembre de 1813 Manuel Belgrano vuelve a escribirle a San Martín:

“Vuele usted, si es posible; la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares y no dudo que usted los ejecute según mis deseos, para que yo pueda respirar con alguna confianza y salir de los graves cuidados que me agitan incesantemente. Crea usted que no tendré satisfacción mayor que estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y honradez de los buenos patriotas como usted.” 

Firma de Manuel Belgrano

El 2 de enero de 1814, el General Belgrano envía otra misiva:

“Deseo mucho hablar con usted, de silla a silla, para que tomemos las medidas más acertadas y formando nuestros planes, los sigamos sean cuales fuesen los obstáculos que se nos presenten, pues sin tratar con usted a nada me decido.”

Así, como mencioné anteriormente, San Martín y Belgrano se encontraron “silla a silla” el 29 de enero de 1814. Belgrano, con la elegante humildad que lo caracterizaba, se puso a las ordenes de San Martín. 

Manuel Belgrano debía partir a Buenos Aires para enfrentar una causa por las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. En esa ocasión y, en su enorme admiración y estima a su par, San Martín le escribió al gobierno:

“He creído de mi deber informar a vuestra excelencia que de ninguna manera es conveniente la separación de dicho brigadier de este ejército, en primer lugar porque no encuentro un oficial de bastante suficiencia y actividad que lo subrogue accidentalmente en el mando de su regimiento (…) ni quien me ayude a desempeñar las diferentes atenciones que me rodean con el orden que deseo, e instruir a la oficialidad (…) Después de esto yo me hallo en unos países cuyas gentes, costumbres y relaciones me son absolutamente desconocidas, y cuya situación topográfica ignoro;  y siendo estos conocimiento de absoluta necesidad par hacer la guerra, sólo este individuo puede suplir su falta, instruyéndome y dándome las noticias necesarias de que carezco, como lo ha hecho hasta que, para arreglar mis disposiciones, pues de todos los demás oficiales de graduación que hay en el ejército no encuentro otro de quien hacer confianza, ya por carecer de aquel juicio y detención que son necesarios en tales casos, ya que porque no han tenido los motivos que él para tomar unos conocimientos tan extensos e individuales como los que posee”.

(Finalmente, Belgrano fue absuelto en esta causa por las derrotas). 

Firma de San Martín.

Tiempo antes que el Libertador plantease al gobierno la idea de libertar el centro del poder español liberando Chile y de allí por mar a Perú, Belgrano, el 25 de febrero de 1814, escribió la siguiente proclama a los pueblos del Alto Perú. (Claramente, San Martín le había confiado en secreto su idea):

“He depositado en sus manos (refiriéndose a San Martín) la bandera del Ejército que en medio de tantos peligros he conservado, y no dudéis que la tremolará sobre las más altas cumbres de los Andes, sacáandoos de entre las garras de la tiranía y dando días de gloria y de paz a la amada Patria.”

Partió así Belgrano hacia su “juicio”, con una salud muy endeble, sufriendo de terciabas (fiebre intermitente de altas temperaturas que se repetía cada dos o tres días). Al llegar a Santiago del Estero volvió a escribirle a José de San Martín:

“La guerra, allí, no sólo la ha de hacer usted con las armas, sino con la opinión, afianzándose siempre en las virtudes naturales, cristianas y religiosas; pues los enemigos nos la han hecho llamándonos herejes, y sólo por este medio han atraído a las gentes bárbaras a las armas, manifestándoles que atacábamos a la religión. Acaso se reirá alguno de mi pensamiento; pero usted no debe dejarse llevar de opiniones exóticas, ni de hombres que no conocen el país que pisan: además por ese medio conseguirá usted tener al ejército bien subordinado, pues él, al fin, se compone de hombres educados en la religión católica que profesamos y sus máximas no pueden ser más a propósito  para el orden.”

Y continuó la carta: 

“Conserve usted la bandera que le dejé; que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala, y no olvide los escapularios a la tropa. Deje usted que se rían; los efectos lo resarcirán a usted de la risa de los mentecatos, que ven las cosas por encima. Acuérdese usted de que es un general cristiano, apostólico romano; cele usted de que en nada, ni aún en las conversaciones más triviales, se falte el respeto de cuanto diga a nuestra santa religión.”

Ámbos héroes tomaron caminos separados siempre unidos en la misma misión: lograr la libertad absoluta e independencia de las Provincia Unidas. 

Teniendo en cuenta que el panorama en Europa estaba cambiando, Manuel Belgrano fue enviado, junto a Bernardino Rivadavia, en una misión diplomática rumbo al viejo continente. José de San Martín, por su parte, en agosto de 1814 partió a Mendoza, nombrado gobernador intendente de Cuyo,  a preparar el ejército para poner en marcha su plan de cruzar los Andes hacia Chile.

Los dejo con una de mis frases preferidas del enorme Manuel Belgrano:


El miedo sólo sirve para perderlo todo.