viernes, 12 de octubre de 2012

La señora corresponsal



Hace varios días, pude ver una película llamada “Hemingway & Gellhorn”, que relata la historia de amor entre Ernst Hemingway y Martha Gellhorn.

Además de disfrutar el hecho de tener la tv para mi, sin Cartoon Network o sin playstation, me alegró que Clive Owen interpretara a Hemingway (algo que las señoras de la audiencia comprenderán. Para los señores tenemos a Nicole Kidman en el papel de Gellhorn).

Pero lo más interesante fue conocer a Martha Gellhorn, cuya interesantísima vida desconocía y que, por supuesto, es mucho más que la tercera esposa de Hemingway.

Martha nació en St. Louis, Missouri, el 8 de noviembre de 1908, hija de un matrimonio no tan convencional para la época: un ginecólogo y una sufragista. De ellos heredó la pasión por viajar y su rebeldía.

Su idea primaria era dedicarse a la literatura, pero antes de graduarse en la Universidad Bryn Mawr College, en Filadelfia, abandonó los estudios para dedicarse al periodismo. Su sueño comenzó a plasmarse a fines de los años ’20 cuando aparecieron sus primeros artículos en The New Republic. 

Llegado el año 1930, en un contexto de depresión en los Estados Unidos, y luego en el mundo, Martha viajó a Francia donde se dedicó a escribir para el United Press de Paris. Los dos años que vivió en Francia fue activista en un movimiento pacifista, cuya experiencia quedó plasmada en su primer libro, del año 1934, llamado What Mad Pursuit.





Al volver a los Estados Unidos, Martha fue contratada por un organismo gubernamental creado por el presidente Hoover en 1932, la FERA (Administración Federal de Ayuda de Emergencia, en castellano), como investigadora de campo. Su trabajo consistía en viajar y reportar los efectos de la depresión en distintas partes del país.

En la F.E.R.A. tuvo la oportunidad de trabajar con Dorothea Lange, la famosa fotógrafa de la Gran Depresión. Ambas fueron pioneras y accedieron a lugares donde las mujeres no accedían en esa época. La osadía de Gellhorn llamó la atención de Eleanor Roosevelt, quien quiso conocerla y se hicieron amigas de por vida.

Todo lo que vivió en esta etapa de su vida lo contó en un libro de historias cortas publicado en 1936, llamado “The trouble I’ve seen”.

En 1936, en una fiesta navideña en Key West, conoció a Ernst Hemingway. Hemingway estaba casado y tenía tres hijos.  Pero no dejaba de pensar en Martha, que era una mujer muy distinta a todas las que había conocido. Ambos coincidieron en viajar a España, para reportar sobre la Guerra Civil Española y la participación de las Brigadas Internacionales.

En España, Martha describió los horrores de los bombardeos y la muerte en Madrid. Envió sus artículos a la revista Collier’s Weekly y, para su sorpresa, la contrataron. Así se convirtió en corresponsal de guerra. Una mujer corresponsal de guerra. No abundaban en los años 30...




En sus artículos Martha hacía hincapié en la vida diaria en la guerra, no en las batallas. Ella se enfocaba en las madres que cuidaban a sus hijos, en los hijos huérfanos, en como vivir  el día a día en medio del fuego y los bombardeos.

España fue importante también porque comenzó su romance con Hemingway. Pero, como mujer audaz que era, no se quedaba al lado de su hombre. Además de cubrir la Guerra Civil Española, Martha viajó por Europa cubriendo eventos políticos importantísimos como el ascenso de Hitler. Viajó por Finlandia,Hong Kong, Checoslovaquia, Burma, Singapur y Gran Bretaña.

Su relación con Hemingway fue afianzándose pero ella nunca permitió que el romance interfiriera en su carrera.  Desde que viajaron a España estuvieron juntos y se casaron en 1940, luego del divorcio de Hemingway de su segunda mujer. Se fueron a vivir a Cuba, a una finca en La Habana llamada Finca Vigía. 

Por su parte, Hemingway, estando en Cuba, terminó de escribir una de sus novelas más conocidas, dedicadas a su inspiración, Martha Gellhorn: “Por quién doblan las campanas”.

Ambos viajaron durante toda la guerra cubriendo importantísimo eventos. Juntos fueron a China y se entrevistaron con Chiang Kai-Shek y con Ho Chi Minh.




Desde 1943 se separaron de hecho por los viajes de corresponsal de Martha y Ernst. En 1945 Martha le pidió el divorcio. “ No voy a ser el pie de página en la vida de nadie”, había dicho Martha. Pero nunca habló en público sobre su romance y matrimonio con Ernst.

Al finalizar la segunda guerra, Martha llego al campo de concentración de Dachau , el 7 de mayo de 1945, el día que se rindió Alemania. Al ver aquel siniestro espectáculo dijo: 

“Detrás del alambrado y de la cerca eléctrica los esqueletos se sentaban al sol a sacarse piojos (...) Ellos no tenían rostro ni edad; ellos lucían todos iguales, parecido a nada de lo que pueden ver en sus vidas, si tienen suerte. (...) En su felicidad por la libertad, muchos prisioneros corrían hacia las cercas y morían electrificados. Estaban aquellos que morían de alegría, porque el esfuerzo de la felicidad era mayor a lo que sus cuerpos podían soportar. Estaban también los que morían por comer, porque ahora que tenían comida, comían hasta saciarse. No tengo palabras para describir a los hombres que han sobrevivido a este horror por años...”

En sus palabras, Martha confesó que hubieron dos momentos en los que perdió la fe en la humanidad: en la Guerra Civil Española y al ver el campo de Dachau.

Luego de la Segunda Guerra, en 1949, adoptó un niño, Sandy, en un orfanato italiano. Se ha dicho que Martha fue una madre devota pero nunca fue una mujer maternal. 





En 1954 se casó con un ex editor de la revista Times, Tom Mathews y se estableció en Londres. Aunque se separó de él en 1963, ella nunca abandonó Londres como su lugar de residencia.

Se dedicó a los conflictos internacional es más relevantes: la división de Corea, del levantamiento de Java y el juicio a los jerarcas nazis en Nüremberg.

A fines de los años sesenta había decidido dedicarse a las novelas y dejar el periodismo, pero los conflictos del mundo torcieron su espíritu cuando estalló la guerra en Vietnam.

Así,  sus intervenciones como corresponsal de guerra siguieron a lo largo de su vida. Por supuesto que participó en Vietnam, escribiendo para el Atlantic Monthly, participó en la Guerra de los Seis días. Estuvo en Nicaragua cuando los “Contra”, financiados por la CIA quisieron derrocar al gobierno Sandinista, en El Salvador en la salvaje represión militar y en la invasión norteamericana a Panamá para derrocar a Noriega.



Sólo desistió de participar de la guerra en Bosnia, en los noventa, diciendo “Hay que ser ágil”. Ya había superado los 80 años, y declaraba: “Después de una vida observando la guerra, considero que ésta es una enfermedad endémica, y que os gobiernos son sus portadores”.

Ante una enfermedad terminal, el 15 de febrero de 1998 se quitó la vida con u cocktail de pastillas.

Martha debería ser un ejemplo para las mujeres, especialmente para las  jóvenes, ya que demuestra que ser una mujer fantástica no pasas por implantes, ni cuerpos voluminosos, ni una apariencia como nos quieren vender. Ser una mujer excepcional pasa por el grado de intrepidez  y valentía con que se vive la vida.





5 comentarios:

  1. No conocía a este personaje. Como siempre, nos traes historias interesantes y nos lo cuentas de una forma amena... Gracias!!!!

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  2. Me sumo a los comentarios de Daniel, excelente historia, muy interesante!

    Felicitaciones!

    Beb

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  3. opino lo mismo que Bouza. Ya mismo me pongo como objetivo ver esa película!!! gracias!!!

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  4. ayer vi la pelicula. bien interpretsda pero se qeda corta. habia muchs vida en hemingway y gelkhorn para una pelicula, vidas intensas,apasionadas y testigos de tantos hechos del s.xx.
    me gusta tu blog,tambien me interesa encontrar datos como edtos,dobtre todo historias de mujeres.gracias

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  5. me encanta tu blog,me apasiona la hidtoria.vi la peli,pero daba para un culebron,con vidas tan intensas y q han sido testigos de tanto en s.xx.

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