martes, 29 de noviembre de 2011

jueves, 17 de noviembre de 2011

Cuando Piazzolla conoció a Gardel.

Se imaginarán los lectores de este blog que tipo de música escucho. Rock, soul, reggae, jazz y pop. Difícilmente me sorprendan escuchando otra música. Muy difícilmente. Además, me resulta muy complicado escuchar música que no me gusta, ya que creo que la música se escucha con el alma y no con los oídos.

El tema es que la música típica con la que se identifica a mi país es el tango, que no escucho. Sinceramente no me gusta el tango, no lo disfruto. Pero esta vez quería escribirles una curiosidad que leí hace poco, relacionada con el tango.
Dos de las figuras más emblemáticas de esta música en Argentina son Carlos Gardel y Astor Piazzolla. Uno, el mejor cantante de tangos. El otro el mejor bandoneonista. Si me preguntaban qué tenían que ver Gardel y Piazzolla hubiera contestado que el tango. Pero nunca me imaginé que se hubieran conocido.
Astor Piazzolla nació en Mar del Plata pero de muy pequeño se fue con sus padres a vivir a New York. Vivía en Manhattan, en un barrio humilde, donde su padre trabajaba de peluquero.
A pesar de lo que uno pueda suponer, no se crió escuchando tangos, sino jazz. Sus amigos de la infancia eran hijos de inmigrantes italianos y nada tenían que ver con la idiosincracia del “arrabal”.




Cuando cumplió 9 años el papá le regaló un bandoneón (aunque él tocaba la armónica). Allí comenzó su carrera musical.
En 1934, Carlos Gardel, ya un mundialmente famoso cantante de tangos, llegó a New York para filmar la película “El día que me quieras”.  Allí, por cuestiones del destino conoció a un chico argentino, de 13 años, que tocaba el bandoneón. Así, Astor terminó teniendo una participación en la película, una ínfima aparición como diariero (canillita como se le dice en Argentina).
Cuenta Astor en el libro “Astor Piazzolla, a manera de memorias” que  cuando Gardel lo escuchó tocar el bandoneón le dijo: “¡Pibe, vos tocás el bandoneón como un gallego!
Desde ese momento, durante su estadía en New York, Gardel pasó un tiempo con los Piazzolla. “El pibe” oficiaba de traductor (Gardel no hablaba inglés), e iba a comer los ravioles de la mamá de Astor. De hecho, fue como agradecimiento que Gardel le ofreció a Astor participar en la película.
Cuando finalizó la filmación de la película, Gardel organizó una fiesta donde se sirvió asado. En ese momento le pidió al joven Piazzolla que tocara un tango. Fue el primer tango de Astor. La canción en cuestión era “Arrabal Amargo”.



Gardel emprendió un viaje a Hollywood y de allí partiría a su gira latinoamericana. Desde Hollywood se comunicó con los Piazzolla para ofrecerle a Astor que se uniera a su grupo en la gira. Ni sus padres, ni el sindicato de músicos le dieron permiso para viajar, por ser menor de edad. O tal vez fue el destino, ya que fue en esa gira que Gardel encontró al muerte. En junio de 1935 el avión en el que viajaban Gardel y su grupo se estrelló contra otro aeroplano que también estaba por despegar.
Sólo hubieron tres sobrevivientes en la tragedia. Pero ahora sabemos que son cuatro. Ya que de haber ido, no sabemos si “el pibe” se hubiera salvado o no. La realidad es que no fue y se convirtió en el genio que fue: Astor Piazzolla.


viernes, 11 de noviembre de 2011

El crack de Wall Street



Aquí estoy amigos, de vuelta. No me fui, siempre estuve, sólo que sin escribir. Y me obligué a hacerme un tiempo para retomar lo que me gusta: escribir la historia.

Vimos con mi marido una película buenísima sobre la crisis financiera del 2008, que se llama “Too big to fail”. Es muy recomendable y aclara un poco como el gobierno de los Estados Unidos, para evitar  que se cayeran los principales bancos y  una nueva “gran depresión”, inyecto dinero a las principales entidades financieras.



Entonces surgió la charla sobre aquella Gran Depresión  y el  crack de Wall Street que la generó.  El tema es que muchas veces se confunde la depresión económica con la caída de Wall Street.

El crack, también conocido como jueves negro (el 24 de octubre de 1929), o lunes negro (28/10) o martes negro (29/10), fue una devastadora caída del mercado de valores de los Estados Unidos. La Gran Depresión fue la crisis económica generada por la caída de la “bolsa”.

Se llamó gran depresión porque esa crisis económica implicó recesión, desocupación, miseria, y caída de los ingresos y del estilo de vida de la mayor parte de los estadounidenses. Pero hablemos de la causante.

La década del 20 fue de gran prosperidad y crecimiento industrial. De hecho pasó a la historia como “los felices años 20” o  “los años locos”.  La prosperidad se debió principalmente a dos causas: superproducción industrial y superproducción agrícola.
Esto provocó un crecimiento de industrias como la automotriz, química, eléctrica, farmacéutica, la del petróleo, electrodomésticos y la aviación entre otras.  Hubo un aumento de la concentración empresarial a través de lo que se conoce como “trust” o “holdings “ y aparecieron los “cárteles internacionales” que controlaban los precios mundiales del acero y del petróleo.

Esta superproducción, no sólo tenía mercado en los Estados Unidos, sino también en la Europa destrozada por la Gran Guerra. 

Pero, a partir de 1925, comenzaron a darse dos características que llevaron directamente a la quiebra de la bolsa y la posterior crisis. En primer lugar, la superproducción de la que hablamos anteriormente, comenzó a superar las necesidades reales de consumo. Esto se debió fundamentalmente al subconsumo (es decir, en lo doméstico: la oferta de bienes era mayor a la demanda como consecuencia de una distribución desigual de la renta y, en lo internacional, el proteccionismo impuesto en los países europeos que hicieron caer el comercio internacional).




Asimismo se dio un “boom especulativo”. Miles de norteamericanos comenzaron a invertir  fuertemente en el mercado de valores. Esto provocó un alza de valores que, a su vez, hacía que más personas quisieran comprar valores y acciones. Se comenzaron a dar créditos para la compra de acciones. Se llegó a prestar unos 8.5 mil millones de dólares, una cantidad bastante mayor de lo que circulaba en los Estados Unidos en ese momento.
A mayor compra de bonos, mayor era el alza y más grande la burbuja económica. Y cuánto más grande es la burbuja, más ruido hace al estallar... Fácticamente, lo que hizo caer a la bolsa fue la falta de confianza. Y esta comenzó en marzo de 1929.

El Promedio Industrial Dow Jones (que es el principal índice bursátil y que mide el beneficio de las 30 mayores empresas que cotizan en la bolsa de Estados Unidos), había incrementado cinco veces su valor. Ante un alza importante y constante de los bonos durante tres semanas seguidas se reunió el Consejo de la Reserva Federal de Estados Unidos. Esta reunión generó desconfianza y el 25 de marzo el índice cayó 9, 5 puntos. Al otro día los valores perdían 3 puntos por hora.


En ese momento, Charles Mitchel, presidente del National City Bank, utilizó los recursos del Banco para comprar títulos y dar la sensación de que estaba esperando (especulando) la baja para poder comprar. Esto regeneró la confianza. Pero no duró mucho.



A mediados de octubre comenzaron a venderse acciones y esto generó un pánico tal que el jueves 24, el jueves negro, la bolsa cayó un 9 %. Ese mismo día hubo un alza gracias a una inyección de divisas  (250 millones de dólares aproximadamente) de los principales bancos( National City Bank, JP Morgan Chase, Chase National Bank, entre otros). Pero el alza fue ficticia y, el 29 de octubre se negociaron 16.4 millones de acciones. El Dow Jones cayó un 12 % y la bolsa perdió 14 mil millones de dólares en valores ese día. En pocas horas, dieciséis millones y medio de acciones se vendieron con pérdida a un promedio del 40%. La bolsa se desplomaba.

La gente entró en pánico y muchos, antes semejante ruina de sus finanzas, se suicidaban. La confianza en el sistema era tal que no podían creer lo que estaba ocurriendo. Pocos pudieron prever el crack.

No solamente fue responsabilidad de las entidades financieras, sino también del estado que no intervino para regular las especulaciones financieras. Esta crisis provocó la caída de la administración de Herbert Hoover y de doce años del Partido Republicano en el poder.

A partir de ese octubre negro comenzó lo que se llamó la “gran depresión”. La caída de la bolsa provocó una crisis económica de tal magnitud que se expandió a casi todo el mundo, desembocando en la Segunda Guerra Mundial. Pobreza, miseria, desocupación, quiebra de empresas, gente viviendo en las calles. Pero la gran depresión es tema para un próximo post.



En 2008, 79 años después Wall Street,  volvió a temblar. En 2011, 82 años después, las bolsas caen, aumenta la pobreza en el mundo, tiembla la Unión Europea y los “Indignados” copan el mundo. No aprendimos nada. De qué sirve estudiar historia si no aprendemos  de los errores?

Los dejo con un muy buen documental sobre la crisis del 29 (tómense un rato y véanlo). 

Ojalá aprendamos...