martes, 28 de junio de 2011

Los amantes de Teruel


La vagancia que me estaba distrayendo de escribir tenía que tener un límite. Por suerte vencí y acá estoy. Y aprovechando que es el cumple de una amiga muy romántica, decidí volver con una historia de amor muy conocida en España. Es la historia de los “amantes de Teruel”.


Situados en el siglo XIII, en Teruel, una de las ciudades más importantes de la región de Aragón. El momento histórico es el de la reconquista. recordemos que los musulmanes invadieron la península ibérica en el año 722 y desde ese entonces los cristianos trataron de reconquistar el territorio.


Uno de los guerreros que logró reconquistar Teruel en el año 1172 fue don Blasco de Marcilla. La familia Marcilla era muy prospera, una de las familias más importantes del pueblo, pero hacia la primer década del 1200, en el 1208, la familia se empobreció debido a una plaga de langostas.

Otra de las familias prósperas del lugar era la familia Segura, que si bien no tenía el linaje de los Marcilla era mucho mas rica por haberse dedicado al comercio.


Casi como si fueran Romeo y Julieta, los Marcilla tenían un hijo, Diego y los Segura una hija, Isabel. Los chicos jugaban juntos cuando niños y Diego siempre estuvo enamorado de Isabel. Cuando llegaron a la edad correcta, Isabel y Diego creyeron que era momento de hablar con el padre de su enamorada para pedirle la mano.


Don Pedro de Segura, padre de Isabel, vio inconveniente el enlace, debido a la falta de fortuna de Diego. Así es que Don Diego, lastimado profundamente por darse cuenta que su “suegro” nunca aceptaría la unión, decidió enriquecerse. Para eso, partió en búsqueda de riquezas luchando en la guerra contra el “infiel”.


Don Diego entendió que era injusto que su amada lo esperara eternamente, por lo cual se puso un plazo de cinco años, de espera y mutua fidelidad. Si en cinco años Diego no volvía, Isabel quedaba libre para desposar a quien su padre considerara correcto. En la primavera de 1212 Diego partió a Zaragoza a unirse al ejército de Pedro II.




Pasaron los años e Isabel siempre esperando a su amado, preguntando a cada viajero o comerciante que llegaba a la ciudad. Al transcurrir cuatro años, su padre comenzó a presionar a Isabel para que se casara con otro hombre, un pretendiente rico e ilustre llamado Don Pedro de Azagra. Fue tal la presión que Isabel accedió a casarse con la condición de hacerlo una vez que culminara el tiempo de espera, es decir, cuando se cumplieran los cinco años que le prometió a Diego.


El mismo día en que se cumplieron los cinco años se celebró la boda de Isabel.


Esa misma tarde, entraba a la ciudad Don Diego, que volvía victorioso y habiendo conseguido la fortuna que prometió traer.


Se dirigió directo a la morada de Isabel. Al ver tanta gente agolpada preguntó que ocurría y se enteró de la boda. Desolado, lleno de pena, rabia, dolor, decidió entrar al salón para que Isabel en persona le ratificara la versión de su casamiento.


Isabel, al ver a su amante, al descubrir en su mirada y en su rostro el reproche de su amado, se desmayó. Cuando volvió en si, se disculpó con los presentes y se retiró a sus aposentos. Diego la siguió disimuladamente.


Al entrar en la alcoba nupcial y luego de varios reproches, Diego le juró que se iría para siempre y lo único que le pidió fue un beso de despedida. Isabel, fiel a su matrimonio, se lo negó tres veces.




Ante la negativa, Diego cayó muerto a sus pies. En ese instante entra a la habitación el marido de Isabel y para no alarmar a los presentes, deciden llevar el cuerpo de Diego cerca de la casa de la familia Marcilla.


Al otro día, el pueblo se vistió de luto para los funerales de Don Diego de Marcilla. Don Martín, padre de Diego, decidió hacer su funeral en la Iglesia de San Pedro.


Allí, en medio de la multitud, apareció Isabel, cubierta con un manto. Se acercó al cuerpo de su amado y se inclinó a besarlo, a darle aquel beso que en vida le había negado.


Pero, luego de besarlo, Isabel cayó muerta al lado del cuerpo de Don Diego. La gente presente creyó que una mujer se había desmayado. Gran sorpresa se llevaron al ver que era Doña Isable de Segura y, aun mayor fue la sorpresa, al verla muerta.


Las familias decidieron enterrarlos juntos, en la capilla de San Cosme y San Damián, en la Iglesia de San Pedro. Allí fueron encontradas ambas momias en 1555, con una documentación que contaba lo sucedido.


Las momias se conservan en el mausoleo de los Amantes, al lado de la Iglesia original.


La historia de los amantes de Teruel ha sido reescrita infinidad de veces. Escritores de la talla de Tirso de Molina o Tomás Bretón se han inspirado en esta historia.


Desde 1997, cada año, en Teruel, se conmemora a los amantes en las fiestas de “Las bodas de Isabel de Segura”, donde se representa en la calle los sucesos de los amantes. Toda la ciudad se viste de Medieval. La fiesta se celebra durante el tercer fin de semana de febrero.


Están avisados, si en febrero no tienen mucho que hacer, pueden darse una vueltita por Teruel, en Aragón y escuchar y participar de esta historia de amor, los Romeo y Julieta del mundo hispano.