jueves, 20 de enero de 2011

La frase de la semana.


La frase de la semana está dedicada a Indiana, nuestro amado perro que se fue a dar un paseíto por el mundo. Ojalá encuentre el camino de regreso porque lo extrañamos. La frase es del gran filósofo alemán Arthur Schopenhauer:

"El que no ha tenido un perro no sabe lo que es querer y ser querido".


miércoles, 12 de enero de 2011

Los otros guetos de la Segunda Guerra.





Con mi hijo mayor nos enganchamos viendo una serie norteamericana que se llama Cold Case. Se trata de casos policiales no resueltos y archivados y que un grupo de detectives retoma para poder resolverlos.


El caso es que en uno de esos capítulos se trató el asesinato de un hombre de ascendencia japonesa al terminar la Segunda Guerra Mundial, en uno de los “internments”. Se preguntarán qué son internments. Yo me pregunté lo mismo, y cuando investigué no lo pude creer.


Internments eran internados, estilo gueto, donde encerraron a todos los ciudadanos norteamericanos de ascendencia japonesa, luego del ataque a Pearl Harbour.



No es que no podía creer que hicieran eso, pero sentí un poco de indignación al recordar el horror de los Aliados por lo que hacían los nazis con los judíos polacos mientras en Estados Unidos hacían lo mismo con los japoneses (me refiero al hecho de encerrarlos en guetos, claro está).


El 19 de febrero de 1942 el presidente de los Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt firmó la Orden Ejecutiva 9066 (Executive Order 9066) por la cual se disponían a ciertas zonas militares como “zonas de exclusión” para la internación de personas japoneses o americanas de ascendencia japonesa.


Estos campos estaban localizados en todo Estados Unidos pero principalmente en la costa Oeste. Se encerraron entre 110.000 y 120.000 americanos con ascendencia japonesa y japoneses. Pero también había italianos y alemanes. El 62% de los encerrados eran norteamericanos.




Los japoneses americanos fueron obligados a vender sus propiedades en muy poco tiempo (entre 8 días y dos semanas). Por supuesto que por necesidad se vendían sus pertenencias a muy bajos precios. Los que no lograban venderlas, eran ocupadas por personas que, desde ya, no pagaban alquiler.


Los campos donde se los alojaba eran como barracas militares, rodeadas de alambre de púas para que no escaparan. Cualquier similitud con un campo de concentración es pura coincidencia?


Al llegar los internos se les daba una placa con un número para ser identificados. Las condiciones de vivienda eran paupérrimas y las raciones alimenticias se reducían a 48 centavos por día.


Una de las posibilidades de “zafar” de estos internados era alistarse en el ejército de los Estados Unidos. Claro, imagínense ustedes el trato que podían darle a los americanos-japoneses dentro del ejército que combatía contra el país de origen de sus ancestros. De la misma manera que con las personas de piel negra, los americanos-japoneses en el ejército conformaban grupos especiales.


En el caso de los japoneses americanos se trató del Regimiento de Infantería 442 cuyo teatro de operaciones era Italia, el sur de Francia y Alemania. Este regimiento resultó ser el más condecorado en la historia de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, incluyendo 21 medallas de honor.







Fueron varios los campamentos en la costa oeste y en el interior del país, como Manzanar, Tule Lake, Topaz o Jerome entre otros. Se dice que el “internment” de Tule Lake fue el del régimen más severos. Allí reubicabaron a los japoneses sospechados o a los que solicitaban ser repatriados a Japón.


Debido a ser considerada territorio de influencia, hubieron pactos con muchos países de Latinoamérica para que enviaran a “sus japoneses” a los campos norteamericanos. Los países que no adhirieron a esta iniciativa fueron Argentina y Chile (al fin una buena!) Un total de 2.264 japoneses latinoamericanos fueron enviados a Estados Unidos y de ellos 860 fueron repatriados a Japón.





Recién en la primavera de 1944 el Departamento de Guerra recomendó el cierre de estos campos, pero, debido a la campaña de reelección de Roosevelt la decisión se postergó y la liberación se produjo recién en 1945. Al salir, los internados recibían un boleto de tren y 25 dólares.


Desde 1951 hubieron intentos de disculpas por parte del gobierno, pero no fue hasta 1988 en que el presidente Ronald Reagan firmó el Acta de Libertades Civiles por la cual se pide disculpas formalmente por el accionar del gobierno y se da una reparación económica a los damnificados.


Más allá de las disculpas formales y de las reparaciones económicas, las penurias y humillaciones vividas por los americanos japoneses es irrecuperable. Más aún cuando son realizadas por los mismos gobiernos que repudian internacionalmente estas prácticas.


Aquí les dejo la foto de una película que hizo el cineasta Alan Parker. No encontré el trailer pero tal vez ustedes puedan.




martes, 4 de enero de 2011

La frase de la semana.


La primera frase de la semana del 2011 pertenece a mi queridísimo Nietzsche. Fritz, como lo llamamos los íntimos, ha sido, a mi criterio, la mente más brillante de todos los tiempos (o por lo menos rankea en el top ten).

Y como es mi preferido, me tomo la licencia de elegir una de sus maravillosas frases para comenzar este nuevo año que, presiento, va a ser muy bueno.


"Sólo aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado"