jueves, 28 de octubre de 2010

Amelia.



Estoy trabajando en un nuevo proyecto sobre biografías y decidí comenzar por la de Amelia Earhart. Mientras la preparaba, me di cuenta que en este espacio nunca había escrito sobre ella, Por eso acá les dejo la vida de esta pionera de pioneras.


Encontrar mujeres aventureras en el siglo XXI es muy fácil. Encontrarlas a principios del siglo XX no era tarea sencilla.


Amelia Earhart nació en Estados Unidos un 24 de julio de 1897 y desde pequeña mostraba intereses distintos a los de las chicas de su edad. No jugaba con muñecas sino a trepar árboles y cazar ratas en los pozos con escopetas.


La primera vez que vio un avión tenía 11 años, pero no le dio mayor relevancia a la máquina voladora.


En 1920 asistió con su familia a un espectáculo aéreo en California y pudo volar en un biplano por diez minutos. Según su biografía, al bajar del avión su frase fue “tan pronto como despegamos, yo sabía que tendría que volar de ahora en adelante”.


Comenzó inmediatamente a tomar clases de aviación con la mayor experta, hasta ese momento, llamada Anita Neta Snook. En esa misma época se compró su primer avión Kinner y por ser amarillo lo bautizó The Canary - el canario.


Estaba decidida a fomentar la aviación entre las mujeres y en 1925 se unió a la Asociación Aeronáutica Nacional desde donde promocionaba y animaba a las mujeres a atreverse a volar. Además vendía aviones Kinner y destinaba dinero para la construcción de pistas de aterrizaje.



El año 1927 implicó un quiebre en su vida y Amelia ya no volvería a ser la misma. Un editorialista de New York, George Putnam, le preguntó al Capitán H. H. Railey si llevaría una mujer de viaje a través del Atlántico que estaba organizando y Railey le propuso este viaje a Amelia.


En junio de 1928 Amelia se convirtió en la primer mujer en cruzar volando el océanos Atlántico, aunque en esta oportunidad lo hizo como pasajera. Volaron en un Focker F VII, bautizado como Friendship - Amistad. Pero, además de haber llegado a Gales volando hubo otro hecho que cambió su vida: había conocido a George Putnam, el editorialista que nombramos anteriormente, quien más adelante, en 1931, se convertiría en su esposo.


A la vuelta del viaje Amelia fundó la organización “Las noventa y nueve”, junto con otras pilotos para fomentar la aviación entre el sexo femenino. Organizaban carreras aéreas para mujeres y rompió el récord de velocidad, entre mujeres también.



En 1932 realizó el primer vuelo cruzando el Atlántico sola. Desde Lindberg nadie lo había hecho (Charles Lindberg fue el primer piloto en cruzar el océano Atlántico sin escala).


Este viaje implicó cuatro récords para Amelia: primera mujer en hacer un vuelo en solitario atravesando el océano Atlántico, primera persona en hacer este viaje dos veces, la distancia más larga volada por una mujer sin escalas y, récord por hacer ese viaje en el menor tiempo.


Este vuelo le valió un reconocimiento por parte del presidente de los Estados Unidos. Herbert Hoover le entregó la medalla dorada especial de la National Geographic Society.


Pero, ya sabemos que Amelia no era de esas mujeres que podían abandonar todo por quedarse en su casa.


En 1934 realizó el primer vuelo por el océano Pacífico. Hasta ese momento, diez pilotos lo habían intentado y habían muerto. Ella lo logró en 1935. Ese mismo año realizó el primer vuelo en solitario desde los Ángeles a ciudad de México y de allí a Newark, Estados Unidos. Y ese mismo año, también, comenzó a gestarse la idea de dar la vuelta al mundo.


El avión elegido fue un Lokheed Electra 10 E. En la etapa organizativa se decidió que el viaje sería piloteado por Amelia, con Frederick Nooman como copiloto y dos mecánicos. Pero este primer intento fue fallido ya que por un despiste cerca de Pearl Harbour, tuvieron que volver a reparar el avión.


Volvieron a partir el 21 de mayo de 1937, ya sin los mecánicos, sólo Nooman y Amelia.




El recorrido fue el siguiente: Los Ángeles a Miami y de allí a Puerto Rico. Costearon América del Sur y de allí cruzaron el Atlántico rumbo a África y el Mar Rojo. Desde allí decidieron el próximo destino, que era inédito para la época: la India, más precisamente la ciudad de Karachi.


Para el 17 de junio ya habían alcanzado Calculta. Pero al llegar a Singapur Amelia se enfermó gravemente de disentería.


Pero ni siquiera una enfermedad la detuvo. El 27 de junio partieron hacia Australia y de allí a Nueva Guinea. A esta altura había recorrido veintidós mil millas y le faltaban tan solo siete mil para completar el trayecto.


Sin embargo, el destino tenía otros planes. El 2 de julio partieron y se mantuvieron en contacto con el Guardacosta norteamericano Itasca.




A las 7:20 reportaron su posición cerca de las Islas Nukumanu. No se supo su destino luego de esto. El último mensaje recibido fue el siguiente: “debemos estar encima de ustedes pero no los vemos. El combustible se está agotando.” Hacia las 21:30 de ese 2 de julio se determinó que el avión podría haberse estrellado en el mar.


Se cree que el avión se estrelló en los alrededores de las islas Howland, sobre el la línea del Ecuador.


Hasta el 18 de julio del año 1937, se realizó el mayor rescate de la historia aero – naval de los Estados Unidos, por órdenes del presidente Franklin D. Roosevelt. A pesar de la insistencia de su esposo, el rescate no encontró nada.


El avión no apareció.


La vida de Amelia se apagó en el misterio.





2 comentarios:

  1. que gran mujer! inspiradora, valiente, unica y vuelvo a repetir: GRAN GRAN mujer.

    pd: me queda una duda nomas: como hoy en dia no hay mas mujeres pilotos en el mundo? Amelias del mundo: donde estan?

    besos Pato y buen fin de semana!

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  2. Esta mujer provoca vértigo de sólo leer su historia! La verdad que siempre ví a las mujeres capacitadas para hacer lo mismo que los hombres ó más. Era sólo cuestión de animarse. Lo que me pregunto a futuro es si sólo haremos las mismas cosas ó además tendremos los mismos caracteres. Espero que sólo sea lo primero... beso.

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