martes, 17 de agosto de 2010

Atravesar estos inmensos montes...


“No haré nada y nada me gusta acá. La Patria no hará camino por este lado del Norte que no sea una guerra defensiva y nada más: para esto bastan los valientes gauchos de Salta con dos escuadrones de buenos veteranos (...) Ya he dicho a Ud. mi secreto. Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos, apoyando un gobierno de amigos sólidos para concluir también con la anarquía que reina: aliando las fuerzas pasaremos por el mar para tomar Lima. Ese es el camino y no este, mi amigo”.

Esto le escribió José de San Martín a Nicolás Rodríguez Peña, el 22 de abril de 1814. En agosto de ese mismo año, San Martín había logrado del cargo de Gobernador Intendente de Cuyo para comenzar su proyecto independentista.

En septiembre Posadas, Director Supremo, le comunica a San Martín que su esposa viajaba a Mendoza para estar a su lado. El gobierno le pagó los gastos y San Martín los devolvió peso por peso.


Una vez en Mendoza, José debía preparar el Ejército de los Andes. Para ello, tomó las siguientes medidas: (extracto del libro Historia de San Martín y la emancipación sud americana de Bartolomé Mitre).

(...) Secuestráronse los bienes de los prófugos, pusiéronse en almoneda las tierras públicas; creóse una contribución extraordinaria de guerra pagadera por cuotas mensuales; se recogieron los capitales a censo pertenecientes a manos muertas , usando sus intereses; se dispuso del fondo de redención de cautivos de los frailes mercedarios para redimir otros cautivos; se organizaron las donaciones gratuitas en especie y dinero; (...) se apropiaron los diezmos al servicio civil; se agravó con u peso cada barril de vino y con dos cada uno de aguardiente que se extrajese del territorio, con el carácter de contribución voluntaria; el producto de los alcoholes se aplicó al servicio militar; se declararon de propiedad pública las herencias de los españoles que morían sin sucesión; todo lo que, unido a los impuestos del papel sellado, ramo de pulperías, multas y otros arbitrios, regularizó la percepción de la renta, acrecentando el fondo común. No bastando esto, se estableció un impuesto general y uniforme sobre todos los habitantes, basado en el capital de cada individuo, previo catastro levantado por el Cabildo, prestándose gustosos todos a declarar de buena fe sus bienes bajo juramento y oblando cuatro reales por cada mil pesos de capital.

Todos acompañaban al libertador en su proyecto. Muchos artesanos se prestaron a servir en talleres militares sin sueldos. Las mujeres cosían uniformes y donaban sus joyas a la causa (esto es cierto, no todo lo que nos contaron en la escuela era mentira!). Es más, aquí les va una frase de las “Damas Mendocinas” al entregar sus joyas: “Los diamantes y las perlas sentarían mal en la angustiosa situación en que se ve la provincia y peor si por desgracia volviésemos a arrastrar las cadenas de un nuevo vasallaje”. (En un video que van a ver más adelante lo desmienten. Pero por las fuentes consultadas creo que esto fue así).

Claro que, a diferencia de nuestros actuales gobernantes (una diferencia en la que caben tres sistemas solares con sus respectivos planetas, soles y satélites) San Martín predicaba con el ejemplo. En 1816 pidió que su sueldo se redujera a un tercio, porque con eso él vivía. (Actitud que ya había demostrado cuando comandaba a los Granaderos, que cobrara 150 pesos y donaba un tercio al erario público).


El gobierno de Mendoza le dona unas tierras en Villa Los Barriales, que acepta, ya que no tenía nada, debido a la donación constante de sus sueldos. Allí tiene una finca y aclara “(...) que la asignación del tercio de los productos de la finca que se me ha donado, se aplique al colegio: pero con calidad que sea para la dotación de una cátedra de matemática y geografía...”

San Martín se ocupaba en persona de todos los detalles para lograr su objetivo.

Para lograr la mayor cantidad de hombres, el gobierno de Buenos Aires decretó en 1815 la incorporación al ejército de todos los esclavos entre 17 y 20 años otorgándoles la libertad. Asimismo, San Martin decretó que todo americano que tuviera entre catorce y quince años se alistara. A esto se sumaban los regimientos que se enviaban de Buenos Aires más los extranjeros (en su mayoría ingleses) que se sumaban a la causa.

Designó a un fraile mendocino estudioso de las matemáticas, física y química, Fray Luis Beltrán, como uno de sus colaboradores. Así Beltrán, con ayuda de trescientos operarios, se ocupaba de fundir cañones, balas y granadas utilizando hasta las campanas de los campanarios que él mismo se encargaba de bajar.

El ingeniero José Antonio Álvarez Condarco fue designado para intentar fabricar pólvora con el salitre de Mendoza. Después de cuatro meses de práctica consiguió pólvora igualable a la que se importaba de Inglaterra. (Ya les dije que no comparto mucho con Felipe Pigna pero tampoco la necedad. Acá un videíto):



Se ocupaba Don José incluso de la vestimenta. Sabiendo la crueldad del clima que los esperaba en las altas cumbres, San Martín eligió la bayeta, que era un tejido rústico de lana de oveja, que se confeccionaba en San Luis.

Encarga en Córdoba una partida de quinientas botas porque sus tropas estaban descalzas. Lo hace en Córdoba porque se podía conseguir esa partida a mita de precio que en Mendoza.

Las botas las encargó grades para poder rellenarlas de todos los trapos que encontrara para proteger del frío los pies de los soldados. (Tal como dice el Dr. René Favaloro en su libro ¿Conoce usted a San Martín?: “Se habrán acordado de estas preocupaciones sanmartinianas los que prepararon la toma de Malvinas?”)

A la vez, San Martín también se preocupa por el pueblo. Se aplicó, bajo las órdenes de San Martín, por primera vez, vacuna antivariólica para toda la población. Fomentó la instrucción pública. Creó la primera biblioteca de Mendoza (“Señores: la biblioteca es destinada a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia.” Palabras de San Martín en 1822 en ocasión de la inauguración de la Biblioteca de Lima).

Se ocupó también de mejorar los canales de riego y de mejorar la agricultura introduciendo nuevas semillas, sin descuidar la minería y la explotación de salitre.

Cabe recordar que San Martín preparó este cruce de los Andes con una úlcera en el estómago, sus problemas de salud hacían que, a los treinta y siete años al momento de preparar el cruce, pareciera un viejo.

Su plan siempre fue mantenido en secreto. Cuando le preguntaron por qué paso haría la invasión, contestó: “Si mi almohada conociera ese secreto la mandaría quemar”.


El 15 de enero de 1817 le comunicó a Gregorio Las Heras, bajo juramento de secreto, que tendría la responsabilidad de iniciar la verdadera campaña, el 18 de enero, por el Paso de Uspallata, al frente de ochocientos hombres. Eran seis los pasos por los que cruzarían la cordillera para despistar al enemigo: dos al norte, dos al centro, dos al sur.

El movimiento de tropas comenzó en septiembre de 1816 al mando del capitán de caballería José León Lemos, por la guardia de San Gabriel.

El de enero de 1817 partió desde San Juan y por el paso de Guana el teniente coronel Juan Manuel Gabot. Aproximadamente por los mismo días lo hizo el teniente coronel Francisco Zelada, que atravesó desde San Juan también, el paso de Comecaballos.

El 14 de enero, desde El Plumerillo, el teniente coronel Ramón Freire atravesó por el paso El Planchón. El coronel Juan Gregorio de Las Heras partió también del Plumerillo el 18 de enero por la ruta del paso de Uspallata.

Finalmente, entre el 19 y 25 de enero partieron San Martín, O’Higgins y Soler por el paso de Los Patos.


El cruce de los Andes es de una magnitud que, creo, hoy en día no se llega a comprender. No había caminos, el clima era rigurosísimo (cuarenta grados de diferencia entre el día y la noche), debían llevar provisiones, más animales para comer, vestimenta y armas! Imagínense cargar con cañones, sin caminos, con tormentas de nieve a cinco mil metros de altura!

En su totalidad la campaña del cruce de los Andes duró 24 días. El 12 de febrero se libró la batalla de Chacabuco, con una contundente vistoria sobre los realistas. Dos días después San Martín entra en Santiago de Chile. En una muestra más de humildad, lo hace por una calle apartada para eludir los homenajes.

El Cabildo de Santiago votó su cargo de gobernador. Lo rechazó dos veces. Finalmente Bernardo de O’Higgins fue nombrado Director Supremo.

Así se liberó Chile. Así José de San Martín concibió y realizó la más grande hazaña de nuestra Patria.


4 comentarios:

  1. Super completo...

    Segui escribiendo así, gracias por el aporte. Definitivamente no se nada de historia.

    Besos

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  2. Sería un acto humanitario y patriótico clonar a este hombre al menos un centenar de veces al año hasta que uno de sus clones humildemente acepte el cargo de presidente interino de forma indefinida.

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  3. Excelente, además no sabia de la existencia de la pelicula Revolución. El cruce de los Andes. Ya la quiero ver.

    gracias una vez más!

    Besos,

    Beb

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  4. que buena reseña Pato! me encanta ir refrescando lo poco que me acuerdo del cole e ir diciendo para mis dentros : "ah si! Soler, Beltran ... el cruce Los Patos... etc" y asi, de a poco, ir recordando lo que este genio libertador hizo por america.

    Besos!

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