sábado, 26 de junio de 2010

Don Manuel-Parte I



Hace unos días se cumplió un nuevo aniversario de la muerte del General Manuel Belgrano. Esa manía que tenemos en Argentina de conmemorar la muerte en vez de celebrar el nacimiento que, en definitiva, fue lo que hizo que esa persona estuviera en este mundo.

Se lo recuerda como el creador de la Bandera pero, sinceramente, a mi criterio, fue lo menos importante que hizo.

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, nació el 3 de junio de 1770. Pertenecía a una familia acomodada de Buenos Aires, con padre italiano, comerciante. Tenía 11 hermanos. Estudió derecho en España y al volver a su país consiguió trabajo en el Consulado, que era una de las instituciones más importantes que la corona española tenía en sus colonias.

En el consulado, Belgrano comenzó a demostrar que era de avanzada. Su pensamiento estaba un paso más allá que el de sus contemporáneos. Presten atención a las propuestas de Belgrano en el Consulado, a principios del siglo XIX.

Propuso la creación de una escuela de comercio. Belgrano era un ferviente entusiasta del libre comercio. Recordemos que al ser colonia de España la única economía posible era el comercio con España. Asimismo, la educación lo desvelaba. Comprendía que la ignorancia hacía infelices a los pueblos. Propuso la educación de mujeres, la creación de escuelas mixtas, clases de agricultura para labradores y escuelas gratuitas para “los hijos de infelices”.

Claro que ninguna de estas propuestas llegó a buen puerto. El pensamiento arcaico de los españoles no llegaba a comprender la grandeza de Belgrano. Lo que si logró, por el lapso de tres años ya que luego la corte de Madrid lo clausuró, fue la Escuela de Dibujo y la Escuela de Náutica. En 1812, Mariano Moreno reconocería los grandes jóvenes que salieron de esas escuelas, y su excelente formación.

Llegado 1810, Belgrano participó activamente de los hechos revolucionarios de mayo y fue nombrado vocal de la Primera Junta de Gobierno. Dentro de la Primera Junta, Belgrano pertenecía al grupo más “radicalizado” si se me permite la palabra. Más jacobino según algunos autores. En este grupo se incluían Moreno y Castelli, su primo.

Luego de la “Revolución de Mayo”, se prepararon expediciones para combatir a los españoles que pretendían, desde el Virreinato del Perú, contener la onda expansiva revolucionaria.


Una de las expediciones, al mando de Castelli, partió hacia el Alto Perú. Belgrano se hizo cargo de la expedición al Paraguay.

Belgrano partió al Paraguay con algo así como 200 hombres. Al ser advertida en Buenos Aires la situación complicada, se fueron incorporando mas hombres y así, el recién formado Ejército del Norte contó con 950 hombres.

De camino al norte, resolvió problemas territoriales entre Corrientes y Yapeyú. Alistó con disciplina y ejemplo a las tropas. Diagramó los pueblos de Mandisoví y Curuzú Cuatiá. Creó escuelas. Se ocupó de las libertades de los pueblos indígenas de las misiones.

Mientras tanto, en Buenos Aires, ya casi se habían olvidado que Belgrano existía!

La gente de los poblados aportaba todo lo que podía a la causa. Y las tropas le eran más que leales. Recordemos que Manuel Belgrano era abogado, ¡no militar!

En Paraguarí obtuvo su primera victoria, pero el territorio selvático y la falta de hombres le jugó una mala pasada y sufrió una importante derrota en la batalla de Tacuarí. Fue tal la bravura de Belgrano en esa batalla (235 soldados criollos contra casi dos mil paraguayos) que los paraguayos acompañaron con honores la retirada de las tropas de las Provincias Unidas.

Increíblemente, o no, el gobierno de Buenos Aires mandó a llamar a Belgrano para procesarlo por sus derrotas en Paraguay. Belgrano obedeció pero el juicio no puede llevarse a cabo por falta de pruebas.

Buenos Aires le encargó contener a los realistas que venían bajando por el Paraná. Allí creó la bandera, basada en los colores de la escarapela, también creada por él (colores de la casa de los Borbones). Hasta el momento ambos bandos luchaban con los mismos colores y Belgrano consideró importante que existiera un distintivo propio. El 27 de febrero de 1812, la bandera flameó por primera vez (no era como la conocemos hoy en día, sino que eran dos franjas verticales, una blanca y la otra celeste). Ese mismo día se enteró que había sido designado jefe del Ejército del Perú, en reemplazo de Juan Martín de Pueyrredón.

Al llegar a Jujuy, Manuel hizo bendecir y jurar la bandera a sus tropas. Buenos Aires le ordenó deshacerse de la bandera por temor a una represalia española. Belgrano furioso la guardó para poder sacarla en la próxima victoria de sus tropas.

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