miércoles, 17 de marzo de 2010

Juana, la flor del Alto Perú.

Este mes se celebró el día de la mujer y me pareció que la mejor manera de homenajear a las mujeres era escribiendo sobre quién, descubrí recientemente, fue una de las mujeres más valientes que hayan existido en territorio americano: Juana Azurduy.

Hemos escuchado su nombre gracias a la cueca con letra de Félix Luna y música de Ariel Ramírez, y que hiciera famosa Mercedes Sosa (los tres desaparecidos en los últimos seis meses).

Juana nació el 12 de julio de julio de 1780 en Chuquisaca, Alto Perú, actual Bolivia. Hija del hacendado don Matías Azurduy y Eulalia Bermudes, mestiza, ya que su madre era una chola de Chuquisaca. Antes de su nacimiento, sus padres perdieron un niño recién nacido y esto marcó a Juana, ya que por la falta de un hijo varón, su padre imprimió en Juana cierto matiz varonil. Es decir, la forma en que le enseñó a cabalgar, a trabajar con los indios y los peones en el campo. No hay que perder de vista que en aquella época, la mujer estaba destinada al hogar o al convento, algo muy diferente al destino de esta gran mujer.

A temprana edad perdió a sus padres y fue enviada a vivir junto a sus tíos paternos, con quienes tenía una pésima relación. Éstos resolvieron enviarla a un convento.

Claro que el ímpetu y el carácter de Juana eran demasiado para la vida monasterial, con lo que terminó siendo expulsada.

De la casa de su tía Petrona Azurduy, debido a la mala relación, se fue, y fue enviada al campo, a Tororoca, a las fincas de su padre que, por la vejez, le estaba costando administrar a su tío. Allí se reencontró con sus vecinos de la niñez: los Padilla. Y se reencontró también con su amigo de la infancia: Manuel.

Juana estaba feliz en el campo. Había recuperado su libertad, su naturaleza, galopando por todo el campo. Y, sin saberlo, encontró en casa de sus vecinos al amor de su vida. El encuentro entre Manuel Padilla y Juana es muy románticamente relatado por Pacho O’Donnell en “La Teniente Coronel”:

Juana, vigorosa y llena de ardores, era escéptica en cuanto a su posibilidad de encontrar un hombre a su medida, ya que éste debería ser no sólo bien parecido y físicamente fuerte sino que también debía poseer una personalidad suficientemente sólida como para no ser avasallado por ella. El impacto al encontrar a un Manuel Ascencio hecho hombre debió de haber sido enorme y poderosamente conmovedor, pues el joven reunía aquellas virtudes en grado superlativo: era alto, notablemente musculoso, de hombros anchos y cintura estrecha, de fracciones armónicas y varoniles; su voz era ronca, e imponía respeto, y cuando hablaba lo hacía con convicción, Pero lo que impactó a Juana era lo que Manuel decía: también a él le conmovía él infortunio de aquellos hombres y mujeres de piel cobriza a quienes los demás de su misma clase acomodada trataban como si no fueran humanos.


Debido a la opresión de los indígenas por parte del español y de la clase alta del Alto Perú, Manuel decidió iniciarse en la lucha contra la desigualdad. Y Juana se le unió, de la única manera en que ella concebía la unión: en igualdad de condiciones.

Juana y Manuel se casaron en 1805. Tuvieron un total de cinco hijos. Juana tenía un instinto maternal muy fuerte y era una madre muy dedicada. Pero la causa de la libertad estaba siempre latente y para ella era muy importante que sus hijos crecieran en una tierra libre.

La primera oportunidad apareció el 25 de mayo de 1809, si, un año antes de la Revolución de Mayo, cuando se produjo un levantamiento popular contra la Real Audiencia de Charcas, conocida como la Revolución de Chuquisaca. Esta revolución fue apoyada por el claustro universitario y movimientos independentistas. Aunque luego fue violentamente reprimida, fue la chispa independentista de toda América. Luego de la revolución de 1809 huye Manuel al interior y se refugia en viviendas de los indios.

Mientras tanto, en Buenos Aires, hechos importantes se sucedían: el 25 de mayo de 1810 se formó la Primera Junta, primer gobierno criollo, aprovechando el encarcelamiento de Fernando VII de España por parte de las tropas Napoleónicas.

Manuel era amigo de Moreno, Castelli y Monteagudo, hombres de mayo como se los conoció, de espíritu más radicalizado, jacobino, ya que pensaban que la única manera de acabar con el dominio español era derrotar y expulsar a los godos con el uso de la fuerza.

El 14 de septiembre de 1810 Cochabamba se levantó, adhirió y prestó apoyo a la Junta de Gobierno de Buenos Aires. Manuel se psuo al servicio de Esteban Arce, el caudillo rebelde. Esta rebelión fue sofocada y la persecución realista a los Padilla se acrecentó. Manuel dio apoyo al ejército de Castelli y Balcarce.

Es en este momento en que Juana decidio su futuro: no iba a resignarse a que su apoyo a la causa americana se limitara a apoyar a los ejércitos dándoles refugio y comida. Juana deció participar activamente. Ella iba a ser un soldado más.

Mientras Manuel Padilla se unía a los ejércitos del Alto Perú, Juana era apresada con sus hijos y posteriormente rescatada por Manuel.


El matrimonio Padilla se presentó a Belgrano, que ya había vencido a los realistas en Salta y Tucumán al frente del Ejército del Norte. Manuel y Juana llegaron a reunir 10 mil hombres. Juana reclutaba muchos voluntarios por el hecho de ser mujer. Algunos indios la identificaban con la Pachamama.

Luego de Vilcapugio, Juana formó un ejército llamado “Leales”, a quienes inculcó tácticas y prácticas militares, aprendidas de libros que el mismísimo General Belgrano le había facilitado.

Cuando estaba en campaña, Juana solía vestir como un soldado: pantalón blanco, chaqueta roja o azul, y gorra militar con plumas celestes y blancas, en honor a la bandera de Belgrano. Es más, Juana y Manuel solían usar insignias celestes y blancas, no sólo en honor a la bandera de Belgrano sino en desaprobación al Triunvirato que había obligado a Belgrano a abjurar de su bandera.

En Ayohuma, Belgrano incorporó en la batalla a los esposos Padilla. Obnubilado por la valentía y el coraje con el que Juana combatía contra los españoles, Belgrano le obsequió su espada.

Con la retirada del ejército de Belgrano, los Padilla se dieron cuenta que no podían contar con los “abajeños”, como llamaban a los de Buenos Aires, enfrascados en luchas entre facciones políticas y más preocupados por sacarle el poder a Artigas que por defender la frontera de los españoles.

Entonces, sin apoyo, los Padilla desarrollaron una táctica bélica, muy similar a la que Güemes desarrollaba en Salta y Jujuy: la Guerrilla. Lamentablemente, en nuestro país, la palabra guerrilla se asocia a lo ocurrido en la década de 1970, pero es en realidad una modalidad de combate, muy exitosa, especialmente en lugares y parajes como los del norte, selváticos y montañosos. Se atacaba de sorpresa y se dejaba al enemigo sin armas, municiones ni alimentos. Y luego el ataque sorpresivo.

Juana y Manuel vencieron a los realistas en las batallas de Tarvita y Pombabamba. Pezuela, el jefe del ejército español (vencedor en Ayohuma), comenzó a perseguir al matrimonio Padilla con obsesión. Debido a esta persecución, los esposos se separan para esconderse. Juana, escondida en selvas pantanosas, perdió a sus cuatro hijos por diversas enfermedades y de hambre.

Ya en 1814, precisamente el 2 de agosto, los esposos combatieron en la batalla en el cerro de las Carretas. Juana luchó embarazada de su quinto hijo. Junto al río Grande y huyendo de los españoles nació Luisa Padilla.

Cuando los españoles quisieron arrebatarle el botín de guerra con el que sostenían a las tropas, Juana, utilizando la espada que Belgrano le había obsequiado con gran admiración, y con su hija bebé en brazos defendió el sustento.

Luisa quedó a cargo de la india Anastasia Mamani, mientras su madre luchaba por la independencia. Las batallas se sucedían y el poderío español no mermaba, a pesar de los esfuerzos de los americanos. Belgrano había reasumido el mandato del ejército del Alto Perú, Güemes seguía defendiendo Salta y Jujuy, San Martín preparando el cruce de la cordillera de los Andes. Es más, si San Martín logró cruzar los Andes, fue porque estos valientes soldados de la causa americana detenían a los godos en el norte.

El 14 de septiembre de 1816 se produjo la batalla de Villar. Juana a la defensa de la estancia Villar, defiende el puesto clave sola, y mata con sus propias manos al jefe realista, arrebatándole la bandera que le ofrece a su marido. Por esta batalla, el General Manuel Belgrano la nombró Teniente Coronel.

Pero no se esperaba lo peor, en esta batalla perdió la vida su esposo, su gran amor. Los españoles capturaron el cuerpo y lo decapitaron. La cabeza de Manuel fue clavada en una lanza y exhibida en una plaza por meses.

El 15 de mayo de 1817 Juana y un grupo de cholos recuperaron la cabeza de Manuel.

Luego de partido el Ejército del Norte, Juana se unió al ejército de Martín Miguel de Güemes. Muerto Güemes en 1821 Juana se vio obligada a vivir en precarias condiciones en Salta. Con la independencia de Bolivia en 1825, que en un principio se llamó Bolívar, Sucre le otorgó una pensión que le fue quitada por el presidente Linares en 1857. Siempre luchó por conseguir que se le devolvieran sus tierras confiscadas en época de españoles, para dejarle algo a su hija.

Si el gobierno de Buenos Aires, enfundado en luchas entre hermanos, abandonó a su suerte a personajes de la talla de Belgrano y a su ejército del Norte o a San Martín, imagínense lo que le deparó el destino a la querida Juana Azurduy.

El poco o nulo espíritu americanista de los abajeños hizo que Juana fuera dejada a la buena de Dios hasta el fin de sus días, en la provincia de Jujuy, en 1862, cuando a los 81 años de edad, en la más absoluta pobreza y olvido, murió. En condiciones similares a las de su amigo, Manuel Belgrano.

Pero raro es el destino que, como si no quisiera que se la olvidara, le envió la muerte un 25 de mayo, el mismo día en que todo comenzó...


3 comentarios:

  1. Un justo y sentido homenaje a la mujer más importante y heróica de la historia argentina injustamente resignada y olvidada al igual que su amigo, Manuel Belgrano. Gran post.

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  2. Excelnte Pato, una vez más...te felicito por el posteo..MUY BUENO!

    Beb

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  3. Que lindo posteo Pato.
    A Marce, mi mujer, le gusta mucha la canción que citás sobre Juana Azurduy. Cada vez que hacemos algún viaje en auto más o menos largo, en general la canta. Los chicos (sobre todo los más chiquitos) siempre le preguntan "quien era esa señora".

    Lo que sé de la historia de esta mujer lo sé por Marce, ya que nunca me puse a estudiar seriamente sobre su vida. Ahora con tu posteo me dieron ganas de comprarme algo sobre ella y leer. No recuerdo si incluso mi mujer tiene algún texto sobre la misma.

    Buenísima también la pintura. Muestra la personalidad de esta heroína.

    Un beso grande para tí!
    R.P.

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