domingo, 3 de enero de 2010

Segunda Invasión a Buenos Aires


Luego de la Primera Invasión, a Inglaterra llegaban casi simultáneamente, las noticias del desembarco exitoso de la misión no autorizada a Buenos Aires y su posterior fracaso.


Para ese entonces, el gobierno británico había cambiado y los nuevos detentores del poder, los Whig eran más proclives a la conquista que sus antecesores Tory. A esto hay que sumarle la presión de los comerciantes británicos que necesitaban ese nuevo mercado.


En los primeros días de febrero de 1807, los ingleses atacaron Montevideo con 7000 hombres. Sobremonte, que seguía circulando por allí, volvió a huir. Este hecho provocó una segunda explosión en Buenos Aires.


El 6 de febrero una masa del pueblo se reunió frente al Cabildo para pedir la destitución definitiva del virrey. El 10 de febrero Liniers reunió a una Junta de Guerra que resolvió destituir a Sobremonte. El poder político recayó en la Audiencia y el poder de armas en Liniers. (Estas medidas se consideraban subversivas, ya que, si bien contaban con el apoyo de muchos españoles, eran ajenas al poder jerárquico colonial).


Luego de la caída de Montevideo se temía por la suerte de Buenos Aires, y, sabiendo el peligro que corrían, los grupos proclives a la independencia jugaron sus cartas.


Saturnino Rodríguez Peña comenzó a tratar con Beresford, que estaba preso en Luján, bajo promesa de ayudarlo a escapar a cambio de recibir de Gran Bretaña, colaboración para lograr la independencia.


El 17 de febrero, con complicidad y conocimiento del alcalde Álzaga y de Liniers, Rodríguez Peña ayudó a escapar a Beresford. Pero no ocurrió lo pensado. Beresford se unió con Auchmuty, el jefe de la fuerza invasora, y les informó que los criollos preferían el dominio inglés al español. El único con una imagen más realista de los acontecimientos fue el General Whitelocke, que en marzo había llegado al Río de la Plata como Comandante Supremo. En un informe, Whitelocke aclara a su gobierno que el pueblo no ve con buenos ojos al invasor y que “...difícilmente veremos un amigo en el país...”


Auchmuty había reunido 11.000 hombres, mientras que Liniers y el Cabildo habían logrado juntar unos 8.600 (entre ellos futuros hombres de Mayo, como Saavedra y Belgrano).


El 28 de junio Whitelocke desembarcó en Ensenada y avanzó sobre Buenos Aires. Estratégicamente la mejor opción de los británicos era tomar la ciudad y atacarla con artillería pesada. Pero Whitelocke sabía que si hacían eso no lograría la adhesión del pueblo. Entonces se decidió por la estrategia presentada por el segundo de Whitelocke, Gower: penetrar en la ciudad en columnas para generar el menor daño posible (Claro que era un plan ridículo, ya que los atacados no iban a quedarse mirando como los atacaban).


El 2 de julio las tropas al mando de Liniers fueron flaqueadas por los invasores y Liniers decidió librar un imprudente batalla en el Miserere, donde fue dispersado. Pero, debido a que los ingleses sólo atacaron la ciudad el día 5 de julio, dieron tiempo a la defensa a rearmarse.


Los británicos avanzaron por las calles sin hacer fuego pero se encontraron, no sólo con las fuerzas criollas, sino que la población, desde cada casa, desde cada esquina, atacaba a los invasores con lo que tuvieran en sus casas (especialmente arrojando agua hirviendo desde las terrazas y balcones).


Al llegar la tarde, el ejército inglés había perdido casi mil hombres entre muertos y heridos y dos mil prisioneros.


El 6 de julio Whitelocke se rindió, comprometiéndose a desalojar las dos bandas del Río de la Plata.


Las consecuencias de esta segunda invasión fueron fundamentales para lo que ocurriría dos años más tarde, en mayo de 1810.


En primer lugar, nació una conciencia de poder en Buenos Aires, quien se había defendido sola en dos oportunidades de invasores extranjeros. Asimismo, los pobladores había logrado deponer al virrey y elegido sus jefes.


Por otro lado, se acentuó el poder militar, luego de su formación durante la primera invasión.


La tercera consecuencia, no menor, es la imagen positiva que se creó en torno al libre comercio. Los vencedores se encontraron con una enorme stock de mercancías inglesas, cuya abundancia provocó una baja de precios y accesibilidad a los mismos de mas personas. Así, los criollos conocieron mercadería de mejor calidad y variada a la que pronto se acostumbraron.


Quiero destacar las invasiones inglesas. Porque lamentablemente en el colegio las estudiamos como un tema más. No sólo no se habla de las consecuencias importantísimas para nuestro país, sino que se suele pasar por alto el heroísmo de quienes pusieron sus vidas en juego, y muchos perdieron, por defender su tierra.

4 comentarios:

  1. Como siempre, muy prolija tu descripción. Es cierto, en el secundario no se le da mucha atención a este tema.

    Por otro lado me pregunto que hubiera pasado si los ingleses hubiesen ganado, o si los pobladores no hubiesen querido hacer semejante resistencia. ¿´Hubiésemos sido colonia inglesa? Y luégo una república de habla y costumbres anglosajonas.
    Hay gente que dice que esto nos hubiese convenido..., ¿Vos qué pensás?

    Besote y buen comienzo del 2010.
    R.P.

    ResponderEliminar
  2. Pensar que, años más tarde, Beresford combatiría contra la expansión napoleónica en Europa y entre sus oficiales a cargo más destacados se encontraría nuestro José de San Martín. Que ironía del destino, ¿no? Te felicito por el blog, está muy bueno. Que sigas bien. Un beso. Pablo

    ResponderEliminar
  3. Si Pblo! Lo de San Martín con Beresford es increíble. Ya escribiré sobre la famosa batalla deBailén donde se destacó nuestro querido San Martín.

    Deli, sinceramente no se me ocurre qué podría haber pasado. Con la expansión napoleónica en Europa, creo, que ni España ni Gran Bretaña hubieran estado en condiciones, en ese momento, de librar otra batalla por las colonias de América del Sur. En mi opinión, los ingleses son más prácticos y tal vez, de haber logrado imponer el libre comercio, que era una de sus objetivos, y su presencia en puntos estratégicos para el comercio hubieran estado tranquilos. No lo se. Una vez, escuché a Felipe Pigna (con quien no comulgo en muchas cosas pero trato de aprender de todos), decir algo que nunca había pensado: suponemos que de haber ganado los ingleses hubiésemos sido como Australia, cuando en realidad, lo más probable es que hubiésemos sido como la India. Besos y qué bueno que estés de vuelta!

    ResponderEliminar
  4. Ups; entonces si es así; mucho mejor que se combatió a los ingleses. Ser como la india..., y encima sin un Gandhi...

    Beso, seguí con tus posteos.
    Aprendo mucho!

    R.P.

    ResponderEliminar