viernes, 16 de octubre de 2009

Batalla de Tacuarí




La Primera Junta de Gobierno formada el 25 de mayo de 1810 tuvo dos misiones importantes y urgentes: proclamar la revolución en todo el territorio del Virreinato del Río de la Plata y contener a los ejércitos realistas que ya intentaban sofocar a los rebeldes.
Manuel Belgrano, vocal de la Primera Junta, fue enviado a Paraguay, que rechazaba el nuevo gobierno y que habían jurado obediencia al Consejo de Regencia (órgano suplente de la Junta de Sevilla al caer ésta en manos de las tropas Napoleónicas).
Belgrano partió con poco menos de 200 hombres. A lo largo del trayecto se sumaron más hombres y el ejército llegó a tener 950 combatientes. Así quedó conformado el Ejército del Norte.
Cabe destacar que en el transcurso de la misión, la Primera Junta se disolvió para formar la Junta Grande (con representantes del interior) y esto dio comienzo a una práctica que se convertiría en tradición en nuestro país: las luchas partidarias por el poder en pos del bien propio sin pensar en el bien común. Esto provocó que el nuevo gobierno se ocupara de los asuntos políticos y que el escaso apoyo inicial a los jefes militares se convirtiera en abandono de las tropas.
En diciembre de 1810 se produjo el primer enfrentamiento, en Campichuelo, donde el Ejército del Norte tomó por sorpresa a los paraguayos. Velazco, el jefe enemigo, sabía que lo mejor era dejar que las tropas belgranianas se internaran en la selva paraguaya, territorio hostil y desconocido para los criollos.
En Paraguari el ejército de Belgrano sufrió un revés y decidió partir hace el paso de Tacuarí y ubicarse en las márgenes del río. El ejército patriota era vigilado por los Paraguayos al mando de Yegros. A ellos se incorporó la división de Cabañas. Entre las dos divisiones sumaban unos tres mil hombres que se enfrentarían a los casi cuatrocientos del Ejército del Norte.
La Batalla
El 9 de marzo de 1811 las tropas paraguayas atacaron al Ejército del Norte por tres frentes, a la vez que cuatros botes avanzaban por el río y una cuarta columna por retaguardia. Con gran valentía es soportada la batalla por los criollos a pesar de la inferioridad numérica y de artillería. Un oficial Paraguayo le envía una circular a Belgrano intimándolo a rendirse. Belgrano responde con una nota que merece que la copie tal cual:
“Por primera y segunda vez he contestado ya que las armas del rey no se rinden en nuestras manos; dígale usted a su jefe que avance a quitarlas cuando guste.”
Inmediatamente, Belgrano organiza a los 235 hombres que habían quedado y comienza a disponer la artillería en el campo de batalla, donde los esperaban casi dos mil hombres del ejército paraguayo.
Al frente de la tropa criolla iba Pedro Ríos, un correntino de 12 años que insistió en unirse al ejército, a pesar de la oposición de Belgrano. Pedro iba como lazarillo del coronel Vidal, que estaba casi ciego. La tropa le dio un tamborcito que él iba batiendo mientras marchaban. Dos disparos en el pecho terminaron con la vida de Pedro, y nació “El Tamborcito de Tacuarí”.
Durante varios minutos las tropas hicieron fuego ininterrumpidamente. Cuando desaparecieron las nubes de humo, los soldados paraguayos comenzaron a dispersarse. No podían creer la valentía de sus enemigos.
Al finalizar el combate, Belgrano le hizo llegar a Cabañas una serie de propuestas donde recalcaba que la intención del Ejército del Norte era auxiliadora y no conquistadora. Asimismo, le informaba sobre la situación en España e invitaba a que Paraguay envíe un diputado a Buenos Aires.
Esta genial jugada diplomática de Belgrano presagiaba las buenas relaciones que se desarrollarían entre Buenos Aires y Paraguay.
Al otro día, Cabañas y algunos oficiales acompañaron al Ejército del Norte en su retirada. A las leguas, al despedirse Cabañas y Belgrano se dieron un abrazo de camaradería que sólo Belgrano podría haber logrado.
Cuando terminé de leer sobre la batalla de Tacuarí para escribir este posteo, me quedé pensando largo rato en la integridad moral y valentía de Belgrano. Es bueno saber que, a diferencia de San Martín, que era un militar profesional y preparado, Belgrano era abogado. Y salió a defender sus ideales, a formar un ejército, a dar la vida por su patria. El contraste entre personajes como Manuel Belgrano o José de San Martín, entre tantísimos otros, y la dirigencia actual es tan grande y tan tistre que me pregunto si volverán a existir en la Argentina personas comprometidas con su Nación. Probablemente la respuesta esté en dejar de esperar héroes y, recordando todo lo que hicieron éstos héroes pasados, empezar a comprometernos todos para lograr el cambio.

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