miércoles, 17 de agosto de 2016

Cruce de altas montañas.


Hace unos días leí en Twitter que entre 1984 y 2000 habían pasado 16 años y que entre 2000 y 2016 también habían pasado 16 años y sin embargo parecía más largo el primer período a pesar de estar comprendido por la misma cantidad de años.

Siempre pienso esas cosas. Me sorprende como el siglo XX y el XXI ha avanzado y avanza a una velocidad, en cuanto a ciencia y tecnología especialmente, como nunca se vio en la historia de la humanidad.

A la vez estoy escribiendo un libro sobre Güemes y leo bastante estos días sobre la Guerra de Independencia. Y se cruzaron los pensamientos sobre la velocidad de los cambios en la historia y la Guerra de Independencia y pensé: ¿Cambió mucho la forma en que Aníbal Barca cruzó los Alpes para invadir Roma de la forma en que San Martín cruzó los Andes para liberar Chile? Entre Aníbal y San Martín pasaron 2035 años y la lógica indicaría que si, que cambió mucho en 2035 años. Pero creo que no. Que no cambió mucho. Exceptuando que San martín tuvo que transportar armas de fuego, que en época de Aníbal no existían, el resto creo que fue más o menos parecido.

Lo que quiero decir es que ambas epopeyas se realizaron con un poco más de dos mil años y no hubo tantos cambios. Sin embargo, si comparáramos cruzar los Andes en 1817, como hizo San Martín, y cruzarlos doscientos años después, en 2017, muchísimo ha cambiado.



Vale aclarar que este post no tiene como intención destacar a un general por sobre el otro, simplemente comparar ambas epopeyas. Aunque es innegable que mi corazón va a estar siempre con San Martín. :) 

Aníbal Barca cruzó Los Pirineos y Los Alpes para invadir Roma ante la amenaza de la República Romana sobre Cártago. Roma dominaba el Mediterraneo y Aníbal, que no tenía una buena flota, sabía que no iba a acceder por el mar. Por este motivo decidió cruzar las montañas.

San Martín, cuyo objetivo era liberar definitivamente América Latina de la dominación española, sabía que tenía que llegar al centro de poder español en Lima, Perú. La situación en el Alto Perú era muy complicada y supo que la única forma de acceder a Lima era por el océano Pacífico. El plan fue cruzar los Andes , liberar Chile de los españoles y por el océano llegar a Perú.


El paso de Aníbal Barca por las montañas dio inicio a la Segunda Guerra Púnica.

El paso de San Martín por los Andes fue parte de la Guerra de Independencia.

Aníbal barca cruzó los Alpes con 60 mil hombres, la mitad de los cuales pereció en las montañas debido especialmente al clima. Llevaba además de 8 mil caballos 38 elefantes africanos.

San Martín cruzó los Andes con unos 5 mil hombres, 18 piezas de artillería, 1500 caballos de pelea, 10 mil mulas de silla y carga y 600 reses para carne. También llevaba 22 cañones, 2 mil tiros de cañón, 1100 sables y 5 mil fusiles de bayoneta.

La altura máxima alcanzada por Aníbal al cruzar los Alpes fue de 2900 / 3000 metros. Aunque no se sabe exactamente qué paso utilizó, muchos creen que fue Col de la Traversette, aunque también se habla del Puerto del Pequeño San Bernardo y Mont Cenis.

San Martín y su ejército - fueron seis columnas del ejército - cruzaron los Andes en una altura promedio de 3000 / 3500 metros. La altura máxima fue de 5 mil metros. 


Aníbal tardó 14 días en cruzar los Alpes.

San Martín Tardó 24 días en cruzar los Andes y reorganizar el ejército. 


La principal diferencia entre el cruce de los Alpes por Aníbal Barca y el cruce de los Andes por San Martín es la diferencia de características del teatro de operaciones.

Quien explicó muy bien estas diferencias entre ambos cruces fue el Coronel Leopoldo Ornstein y que es citado por Guillermo Furlong en El paso de los Andes:


El Coronel Leopoldo R. Ornstein ha escrito, con sobrado fundamento, que "algunos tratadistas han establecido un parangón entre el paso de los Andes con el de los Alpes por Aníbal, primeramente, y por Napoleón después. La similitud es muy relativa, por cuanto difieren en forma muy pronunciada las dimensiones y características geográficas del teatro de operaciones, como también los medios y recursos con que fueron superadas en cada caso ambas cadenas orográficas. Esas diferencias son, precisamente, las que presentan la hazaña de San Martín como algo único en su género. En efecto: Aníbal cruzó los Alpes por caminos que ya en esa época eran muy transitados, por ser vías obligadas de intercambio comercial. Y aunque no pueda afirmarse que su transitabilidad fuese fácil, tampoco debe considerarse que pudiera presentar grandes dificultades, puesto que el general cartaginés pudo llevar consigo elefantes, carros de combates y sus largas columnas de abastecimiento. San Martín atravesó los Andes por empinadas y tortuosas huellas, por senderos de cornisa que solo permitían la marcha la marcha en fila india, imposibilitado materialmente de llevar vehículos y debiendo conducir a lomo de mula su artillería, municiones y víveres, aparte de haber tenido que recurrir a rústicos cabrestantes e improvisados trineos para salvar las más abruptas pendientes con sus cañones. 




No quiero cerrar el post sin antes recordar que un 17 de agosto de 1850 murió el General José de San Martín, libertador de Argentina, Chile y Perú. 

Voy a terminar con una frase de San Martín que, al igual que Belgrano, entendió dónde estaba la clave de la libertad de los seres humanos: en la educación.


La biblioteca destinada a la educación universal, 
es más poderosa que nuestros ejércitos.
General José de San Martín



viernes, 12 de agosto de 2016

La Gran Migración.


Uno de los libros que planeo escribir para el año que viene es un libro de cuentos sobre inmigrantes.  La idea es hacer un repaso de los últimos cien años, desde 1914 hasta 2014 aproximadamente, a través de distintas migraciones.

El primer cuento empieza con una inmigrante gallega que parte de Galicia en 1914 rumbo a Argentina. El último cuento es la historia de un nigeriano que escapa en un barco de inmigrantes ilegales rumbo a Francia o Italia, aún no lo definí.

En estos días estaba pensando que todos los cuentos que planifiqué hasta ahora tienen que ver con migraciones internacionales, es decir cuentos sobre gente que sale de un país para migrar hacia otro. Pero también existen las migraciones internas.

Y de las migraciones internas ninguna me ha llamado tanto la atención como la gran migración.


La Gran Migración fue un movimiento migratorio interno de los Estados Unidos en el cual seis millones de afro americanos dejaron el sur rural para vivir en zonas urbanas del noreste, centro oeste y oeste de los Estados Unidos. Los estados del sur vivieron esta migración, pero los más afectados fueron Georgia, Alabama, Mississippi y Louisiana. Asimismo, las ciudades que más personas migrantes recibieron fueron Chicago, Detroit e Illinois. En el este del país, New York, Pennsylvania y Washington fueron las ciudades con mayor cantidad de migrantes. 

La mayoría de los autores concuerda con que la Gran Migración fueron en realidad dos. La primera entre la Primera Guerra Mundial y los años 20. Es decir entre 1914 / 1916 aproximadamente - aunque algunos sitúan el comienzo en 1910 - y fines de los años 20,  y la Segunda Gran Migración entre las décadas de los 40 y los 70. 


Si bien las cifras son aproximadas, se cree que durante la Primera Guerra Mundial, 1914-1918, unos 398.000 afro americanos migraron del sur al norte. Entre 1940 y 1960 la migración fue más fuerte aún: 3.348.000 personas migraron hacia el norte y el oeste.


Cuando la gran migración comenzó entre 1910 y 1914, sólo el 10% de la población negra vivía fuera del sur. Hacia 1930 la población afro americana en las ciudades del norte había aumentado un 30%.

La causa principal de esta migración fue la motivación económica. Desde el final de la esclavitud, la gente negra no tenía demasiadas oportunidades de avanzar económicamente en la vida. Casi nulas.  Las persona que habían trabajado como esclavos en las plantaciones lo seguían haciendo como empleados por una retribución bajísima con lo que si bien eran libre y sus vidas ya no les pertenecían a otros ser humano, las condiciones de vida no habían mejorado mucho.


Eran contados los afro americanos que podían comprar algunas parcelas de tierra. Pero la mayoría eran aparceros, agricultores arrendatarios o trabajadores agrícolas y apenas podían subsistir. 

La Primera Guerra Mundial creó una gran demanda de trabajadores en las fábricas del norte de los Estados Unidos. Esta fue la primera gran oportunidades de los trabajadores negros del sur para mejorar sus condiciones paupérrimas de vida.  La demanda de mano de obra en las fábricas del norte se debió fundamentalmente a que cinco millones de hombres blancos fueron al ejército. 


Pero no sólo las fábricas del norte necesitaban mano de obra. La Pennsylvania Railroad necesitaba tanto a los trabajadores que pagó los gastos de viaje de doce mil afro americanos del sur. También, la Illinois Central Railroad entregaba pases en tren a los afro americanos que viajaban desde el sur hacia el norte 

Cabe aclarar que no sólo lo económico era determinante en el sur. La discriminación y segregación hacia las personas de color no disminuyeron con el fin de la esclavitud. En muchos casos recrudecieron.


Desde 1876, época de la reconstrucción luego de la Guerra Civil, se implementaron en los estados del sur, antiguamente los Estados Confederados, una serie de leyes conocidas como Leyes Jim Crow. Estas leyes eran específicamente de segregación y discriminación racial. El cínico lema era “separados pero iguales”. Todos los lugares públicos y transportes estaban segregados por color. Había entradas para “colored” y para blancos.  Además se fue recrudeciendo la violencia contra los afro americanos. Existían los linchamientos, no tenían derecho a voto, no tenían acceso a educación ni a justicia equitativa. 

Las condiciones de vida urbana para los afro americanos, si bien diferían de la vida rural del sur, tampoco eran el paraíso. Y aunque la segregación no era tan brutal como en el sur, también existía en el norte.

Si bien las condiciones en el norte urbano eran mejores que en el sur rural, la vida de los afro americanos seguía siendo absolutamente desigual con respecto a la vida de los blancos.

El acceso a la educación y a la salud continuaba segregado y las condiciones de vida desmejoraban la salud. Generalmente en las ciudades se formaban guetos, es decir, barrios donde vivían exclusivamente afro americanos y, como es de imaginar, era barrios extremadamente pobres. 

La depresión de los años treinta hizo que se disminuyera la movilización de afro americanos del sur hacia el norte pero en los años cuarenta volvió con fuerza el movimiento migratorio.

El sur seguía rigiéndose por Jim Crow y las oportunidades de trabajo eran cada vez menos, debido especialmente a la mecanización del trabajo y a las políticas gubernamentales de posesión de tierras. Al mismo tiempo, y de manera similar aunque en mayor grado que lo que ocurrió con la Primera Guerra Mundial, hubo una boom de industrialización en los estados del norte debido a la Segunda Guerra Mundial. Este boom abrió nuevas oportunidades de trabajo para los afro americanos del sur. 

Si bien la migración siguió siendo hacia el norte y noreste, en esta segunda etapa se destacó la migración hacia el oeste. La población afro americana en San Francisco, por ejemplo, creció seis veces entre 1940 y 1945.

Hay que aclarar que, como pasó en la primera ola de migración, si bien las condiciones de trabajo eran mejor que en el sur, también durante esta segunda ola los afro americanos tuvieron que enfrentar discriminación y persecución.  


Social y políticamente, la gran migración trajo una toma de conciencia de los afro americanos sobre si mismos. Especialmente luego de la Primera Guerra Mundial. Muchos autores citan a esta época como el inicio del Civil Rights Movement que tuvo su pico con el reverendo Martin Luther King, Jr. durante la década del 60.



Desde la primera ola de la Gran Migración aparecieron asociaciones para dar ayuda a los 
migrantes. La National Urban League fue fundada en 1911 en New York y la Chicago Urban League abrió en 1917. Pero de estas asociaciones la más importante fue la National Association for Advancement for Colored People - NAACP - que fue fundamental en la movida de los derechos civiles.




Culturalmente la Gran Migración logró expandir la cultura afro americana. Especialmente en cuanto a música. El blues y el jazz tomaron mayor énfasis en Chicago y en New York luego de la primera ola de la gran migración. La música fue fundamental para adaptar la vida de los afro americanos a las ciudades. A partir del éxito de Mamie Smith “Crazy Blues” los “race records” (discos de música negra) fueron un éxito comercial para la industria de la música.



En los años veinte hubo un movimiento en las artes conocido como Harlem Renaissance, del que surgieron grandes músicos, artistas, pintores y escritores. Músicos como Louis Armstrong, Count Basie, Cab Calloway, Ma reiney, Bessie SmithElla Fitzgerald o Billy Holiday. 




Autores como  Countee Cullen, Zora Neale Houston o Langston Hughes.


O artistas plásticos como Jacob Lawrence que fue quien plasmó la gran migración en el lienzo.


 


La búsqueda de la sociedad afro americana por lograr la equidad de derechos sigue en pie. Desde  el fin de la esclavitud pasaron ciento cincuenta y un años y si bien los afro americanos han recorrido un largo camino - como decía la publicidad de cigarrillos - teniendo en cuenta que el actual presidente de los Estados Unidos es afro americano, aún falta camino por recorrer. El camino que los lleve al tiempo en que el color de piel no sea un motivo de discriminación. 

Los dejo con un breve documental sobre la Gran migración con lindas imágenes.





lunes, 25 de abril de 2016

Hamilton




Hace unas noches tuve un sueño raro: soñé con Alexander Hamilton. Si, el primer secretario del tesoro de los Estados Unidos.  Además también fue abogado, estadista, escritor entre tantas otras cosas. ¿Por qué alguien soñaría con Hamilton? Porque se ha transformado en una exitosa obra en Broadway. Si, Hamilton es una obra musical de hip-hop. 

El caso es que soñé con Hamilton y al otro día ganó un Pulitzer. Como si fuera una pitonisa… Cuando leí lo del Pulitzer pensé que tenía que escribir sobre Hamilton urgentemente.

El 11 de enero de 1755 (o 1757, no se sabe con exactitud), nació Alexander Hamilton, hijo ilegítimo de un comerciante. Comenzó a trabajar desde muy chico, a los 11 años, en la contaduría de un mercante. Su capacidad para los números llamó la atención del presbítero Hugh Knox quien le financió un pasaje a New York para estudiar en la escuela Elizabethtown (esto ocurrió entre los años 1772 y 1774).

Al terminar sus estudios ingresó en la Universidad King’s College y, gracias a becas, logró estudiar leyes. Cabe aclarar que King’s College es, en la actualidad, la Universidad de Columbia. Su carrera se vio interrumpida por su participación en la guerra de independencia de las Trece Colonias.


El año en que ingresó al King’s College pronunció su primer discurso, participando en un movimiento revolucionario. Recordemos que la revolución de las Trece Colonias fue en 1776. En julio de 1774, Hamilton dio un discurso a favor de la emancipación de las colonias contra su metrópoli. Siguió con el compromiso revolucionario escribiendo artículos que lograron publicarse en los diarios más importantes de New York.

En 1775 estalló la guerra entre las trece Colonias y Gran Bretaña que había enviado al continente americano tropas de combate. Hamilton se unió inmediatamente a las tropas de las colonias, en el Ejército Continental. Por su buen desempeño, Hamilton fue nombrado capitán de Artillería en 1776.  En enero de 1777 aplastó a las tropas británicas en la batalla de Princeton. Allí fue donde su figura alcanzó fama y George Washington se lo llevó a luchar junto a él con otorgándole el grado de teniente general. 

En 1780 Alexander Hamilton contrajo matrimonio con una aristócrata neoyorkina, Elizabeth Shuyler, hija de un militar con quien luchó Hamilton. Gracias a este matrimonio, Hamilton logró establecerse entre la elite neoyorkina y administrar una importante fortuna. Fue representante de los intereses de comerciantes neoyorkinos (cuyas fortunas dependían del comercio marítimo). Gracias a un aporte económico de su suegro, abrió un estudio de abogados. Pero su interés por lo público no terminó en su compromiso con la guerra y la independencia. A pesar de estar muy bien en su profesión, decidió seguir involucrado con la incipiente formación del gobierno estadounidense. En 1781 volvió al campo de acción y lideró la decisiva batalla de Yorktown.  


Así, en 1782, fue elegido como representante del estado de New York ante el Congreso Continental de Filadelfia. Durante este Congreso, Hamilton dedicó sus esfuerzos en tratar de convencer a los congresales sobre la necesidad de un gobierne fuerte, centralizado y federal. También hizo hincapié en la necesidad de un banco nacional y fue un gran promotor de la industrialización como forma de desarrollo económico, en detrimento de la agricultura (dos tipos de sistemas económicos que estarían en pugna hasta que luego de la guerra civil a mitad de siglo XIX, se impondría la industrialización).

Luego de derrotados los británicos, Hamilton llevó adelante dos importantísimas negociaciones que darían definitivamente punto final a la guerra de independencia: el tratado de paz entre Estados Unidos y Gran Bretaña y los Tratados de Paris, una serie de tratados entre Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y España, por los cuales se reconocía la independencia de las Trece Colonias. 

En 1784 Hamilton se convirtió en el primer bancario estadounidense en abrir un banco, del que fue presidente: el Banco de New York. 


Durante las sesiones en las que se trató la sanción de la Constitución, Hamilton publicó The Federalist, (luego conocido como The Federalist Papers) una serie de 85 artículos que escribió con James Madison y John Jay, en los cuales se promocionaba la ratificación de la Constitución. A la vez, apoyó fervientemente la candidatura de George Washington.

Al ser electo como primer presidente bajo la Constitución, en 1789, George Washington eligió a Alexander Hamilton como Secretario del Tesoro. Para ese momento, Hamilton era líder del Partido Federalista y, junto con Thomas Jefferson, hombre de confianza del nuevo presidente.

Alexander Hamilton persiguió tres objetivos fundamentales desde que asumió su cargo: 1. restaurar el crédito nacional, 2. el desarrollo de la industria (como dijimos anteriormente, la economía del incipiente país era agrícola) y 3. conseguir apoyo financiero de las clases adineradas. Asimismo, propuso la creación de un banco nacional y la absorción, por parte del estado, de las deudas de guerra.

Sus políticas y su acercamiento a Washington lo enfrentaron con Jefferson y Madison. El otro importante enfrentamiento de Hamilton fue con el segundo presidente de los Estados Unidos y su vice presidente, John Adams y Aaron Burr. 



En 1804, cuando Burr quiso presentarse como candidato a gobernador de New York (Hamilton había tratado de Burr de “aventurero y político sin escrúpulos”), Hamilton montó una campaña en su contra. Al ser derrotado, Aaron Burr retó a duelo a Alexander Hamilton. 

El 11 de julio de 1804, en Weehawhne, New Jersey, Hamilton y Burr se batieron a duelo y Hamilton cayó herido de muerte, muriendo al otro día. 

Con la muerte de Alexander Hamilton comenzó el declive del Partido Federalista que dejó de existir en los años veinte del siglo XIX.



Cuando en la escuela secundaria Lil-Manuel Miranda estudió la rivalidad entre Burr y Hamilton lo primero que pensó fue en que era una típica pelea entre bandas de hip hop. Varios años después montó el musical de hip hop de Broadway Hamilton. La semana pasada ganó un Premio Pulitzer por este musical.

 


jueves, 14 de abril de 2016

No me peguen! Soy Giordano!


En Argentina hubo un episodio con un peluquero conocido que, en un robo o en la cancha, ya no recuerdo, quiso resguardarse de agresores al grito de “No me peguen! Soy Giordano!” Como si ser Giordano fuera garantía de algo, verdad? El caso es que quedó como una frase para gastar bromas e ironías.

Pero al Giordano del que vamos a hablar, no sólo le pegaron. El oscurantismo de la Iglesia Católica decidió que sus ideas no eran acordes a su dogma. Entonces lo quemaron vivo.

Si tuviésemos que definir qué fue Giordano diríamos que filósofo. Por sus estudios específicos también podríamos decir astrónomo y poeta. Su verdadero nombre era Felipe (Filippo) Bruno, pero al ingresar a la Orden de los Dominicos cambió su nombre por el de Giordano. Nació en Nola, Nápoles, Italia, en 1548. 

En 1565, con 17 años, ingresó a la Orden de los Dominicos, donde estudió teología y se ordenó sacerdote y doctor en teología. El problema fue  que su pensamiento no era acorde al de la Iglesia. Recordemos que la época en que estudiaba Giordano Bruno era plena época de Inquisición. 


Se las había ingeniado para leer a Erasmo y Copérnico y a partir de estas lecturas comenzó a cuestionar los dogmas de la Iglesia. Fundamentalmente los que tienen que ver con la tierra como centro del universo. Adhirió, así, a la teoría heliocéntrica de Copérnico.

Además, Bruno sostenía que en el universo era infinito donde convivían varios mundos con seres semejantes a los humanos y que podían rendirle culto a sus propios dioses. Se imaginarán que sostener esto frente a la Iglesia Católica y, en plena época de Inquisición, lo que me nos le valió fue la expulsión.

Así fue que en 1575 Giordano Bruno fue acusado de hereje y huyó de Nápoles. Comenzó a viajar por toda Europa, leyendo y aprendiendo de filósofos, matemáticos pensadores y poetas.

En 1581 llegó a Paris donde fue apoyado por el rey Enrique III, aunque no lo apoyaba abiertamente ya que la Iglesia vigilaba. Bruno fue profesor de la Universidad de Paris donde publicó los libros “Las sombras de las Ideas” y “El canto de Circe”.

En 1583 fue nombrado secretario del embajador francés en Gran Bretaña y partió a Inglaterra. Allí enseñó en la Universidad de Oxford la visión heliocéntrica de Copérnico.

Además de dar clases, Giordano Bruno seguía publicando sus ideas: “De umbris Idearum”, “La cena de las cenizas”, “Del universo infinito y los mundos”, “Sobre la causa, el principio y los mundos”, entre otras obras.

En Inglaterra pasó tres años y luego siguió recorriendo el mundo. Los siguientes años los pasó viviendo en diversas ciudades: volvió a París, Wittenberg, Praga, Helmstedt, Fráncfort y Zúrich.



 Estando en Francfort recibió una invitación de un noble veneciano, llamado Giovanni Mocenigo, quien le solicitó que se mudara a Venecia, a cambio de grandes pagos, por supuesto, para ser su maestro, ya que estaba interesado en sus enseñanzas.

Giordano Bruno aceptó la invitación y a fines de 1591 llegó a Venecia. Allí comenzó a dar clases en la Universidad de Padua y a asistir a la Accademia degli Uranini, lugar donde se reunían académicos liberales.

Luego de una discusión importante con Mocenigo, que era una excusa porque en realidad era espía de la Inquisición,  éste lo denunció al Santo Oficio.


En enero de 1593 Giordano Bruno fue detenido por la Inquisición.  Estuvo preso siete años siendo sometido a todo tipo de tormentos y torturas para tratar de convencerlo de arrepentirse y retractarse de sus teorías, libros y dichos.

No lo hizo. Fue a juicio y se lo condenó a morir en la hoguera. Al oír la sentencia Giordano Bruno le dijo al tribunal una frase que se haría famosa en la posteridad:

Tal vez ustedes pronuncien esta sentencia con más temor del que yo siento al recibirla.

Fue llevado al Campo di Fori el 19 de febrero de 1600. Para que no hablara se le imposibilitó con una brida de cuero. Algunos aseguran que le inmovilizaron la lengua con un clavo. Antes de incendiarlo un cura le mostró un crucifijo pero él dio vuelta la cara y no lo miró.

Así murió Giordano Bruno, quemado vivo.

Así se manejaba la gente que no aceptaba otra verdad que la suya y que tanto pánico le tenía a la libertad porque, la gente con libre pensamiento hubiera dejado de tenerles miedo. Y así lo siguen haciendo hoy en día, 400 años después, aunque no quemen vivo a nadie. 
Bueno, a casi nadie. Muchos, aún, siguen temiéndole a la libertad.  


Los dejo con esta espectacular película del año 1973 sobre la vida de Giordano Bruno.





miércoles, 10 de febrero de 2016

La nave de Matrix.


A esta altura entiendo que todos habrán visto Matrix. El que no lo hizo, no deje de verla.

Matrix es una película de ciencia ficción, ambientada en un futuro apocalíptico, en el cual a los seres humanos se le fueron de control las máquinas y gobiernan el mundo. Pero no sólo eso: viven de la electricidad que producen los seres humanos y los conservan, dormidos,  en matrices gigantes, en donde están conectados a una realidad virtual.

Pero, como en toda película sobre máquinas queriendo controlar el mundo que se precie de tal, hay un grupo de seres humanos que forman la resistencia a  y pretenden revertir la situación.

El nombre de una de las naves emblemáticas de la resistencia, comandada por Morpheo,  es Nebuchadnezzar, que en castellano es Nabucodonosor. Y me di cuenta que nunca había escrito sobre el verdadero: Nabucodonosor II.

Nabucodonosor II fue un rey Babilonio que vivió entre el 634 y el 562 a.C. Hijo de Nabopolasar, rey que liberó a Babilonia de la dependencia Asiria y que  le dejó a su hijo en herencia una Babilonia rica y poderosa.

Ya antes de la muerte de su padre y de asumir el trono, Nabucodonosor II venció a los egipcios en la batalla de Karkemish (605 a.C.) logrando someter a Siria y Fenicia bajo el dominio babilonio. 

Al morir su padre y justo antes de asumir el trono, Nabuconodosor se casó con Amytis de Media, en un matrimonio que pretendía afianzar la alianza entre medos y babilonios.


Nabucodonosor fue considerado uno de los más grandes generales de su época. Con el fin de enriquecer y extender su reino, se enfrentó a numerosos pueblos. Luego de su coronación volvió a Siria y Palestina para enfatizar el reconocimiento de supremacía por parte de los príncipes de las principales regiones. Entre ellos estaba Joaquín rey de Judá, quien se convirtió en su vasallo. Las relaciones entre Joaquín y Nabucodonosor fueron deteriorándose hasta que Joaquín lideró una revuelta en contra del rey babilonio.

Joaquín fue encarcelado por treinta y siete años. Junto con él, fueron encarcelados también los profetas Daniel y Ezequiel.

Seducías, nuevo rey de Judá, se alió con Egipto. Nabucodonosor lanzó sus tropas y sitió Jerusalen, ciudad que cayó tras dieciocho meses de sitio, debido a la hambruna y las epidemias.

Nabucodonosor hizo degollar a los hijos de Sedecías frente al rey de Judá y mandó a que le arrancaran los ojos. En Babilonia, Sedecías murió. Así se terminó la dinastía del rey David, mientras que Jerusalen fue incendiada y saqueada. Las clases altas hebreas fueron deportadas hacia Babilonia, en lo que se conoció como “Exilio Babilónico”. En Babilonia, los exiliados fueron tratados con la más alta consideración convivieron y fueron respetados en sus costumbres y creencias. Aún así, el pueblo hebreo tiene aversión contra Nabucodonosor por haber destruido el Templo del Rey Salomón.


En cuanto a la vida al interior de Babilonia, Nabucodonosor se ocupó de instaurar el esplendor en el reino.

Se interesó particularmente en los santuarios, no solamente por una cuestión religiosa, sino también porque los  templos eran los que controlaban a la población y los ingresos de las poblaciones bajo su administración.

Babilonia se extendía en las márgenes del río Eufrates y estaba protegida por una doble muralla y un canal. Había ocho puertas que permitían el acceso a la ciudad y la más famosa fue la puerta de Ishtar.

La arquitectura babilonia fue famosa por los zigurats, que eran pirámides escalonadas y que terminaban en un templo. El zigurat más famoso fue el dedicado a Marduk, deidad patrona de la ciudad. (También es conocido como el templo de Etemenanki, que muchos atribuyen el mito de la Torre de Babel a ese zigurat).


Pero, sin dudas, el hecho arquitectónico más famoso de Babilonia fueron sus jardines colgantes. Hay varias teorías sobre cómo eran estos jardines, ya que no se conservaron hasta la actualidad. (Se cree que a la muerte de Nabucodonosor fueron abandonados y para cuando Alejandro Magno entró en Babilonia los jardines ya estaban en ruinas. Los jardines fueron totalmente destruidos por el rey Evemero en el 125 a.C.)



Pero no sólo la floreciente economía y comercio, el poderío militar y la arquitectura caracterizaron a Babilonia durante su reinado. Babilonia fue, en épocas de Nabucodonosor II, un centro cultural por excelencia donde se destacaban ámbitos de enseñanza de astronomía, medicina y hasta literatura.

Nabucodonosor murió en 562 a.C. Lo sucedió su hijo Amel-Marduk, reinado tras el cual comenzó la decadencia de Babilonia hasta quedar en manos de los persas, conquistados por el rey Ciro II de Persia hacia el año 539 a.C. 

Pero siempre se recordará a Nabucodonosor II como el hombre que llevó a Babilonia a convertirse en un Imperio. 

Bueno, y como la nave que llevó a Morpheo y a Neo a recuperar el mundo de la voracidad de la máquinas. :)


jueves, 4 de febrero de 2016

Paris es siempre una buena idea.



Cuando cursaba mis estudios primarios, al volver del colegio, y después de almorzar, me sentaba a ver películas viejas. Amaba, y amo, las películas viejas de Hollywood. Y el cine argentino viejo también. Tengo recuerdos de los veranos en que me tiraba en el piso, porque estaba frío y miraba películas antiguas, casi todas en blanco y negro. Con esta manía del cine de los años 40, 50 y 60 conocí a los grandes actores y actrices y, encontré a mi preferida: Audrey Hepburn.

Audrey me fascinaba por su elegancia, su porte, su forma de caminar y de moverse, su sonrisa. Siempre quise ser Audrey. Pero claro que no lo seré. Nadie lo será. Porque ella era única. 




Su verdadero nombre era Audrey Ruston, y nació un 4 de mayo de 1929 en el seno de una aristocrática familia belga. Su madre era una baronesa y su padre un Lord inglés. Vivió con su familia en Holanda y luego del divorcio de sus padre se mudó con su madre Bélgica y luego a Londres.


La guerra es dura para cualquier ser humano. Para Audrey fue terrible. Primero sufrieron la hambruna de la guerra. Audrey tuvo consecuencias en su salud por esto. Sufría anemia y malnutrición. Además uno de sus hermanos desapareció en la resistencia, otro murió en un campo de concentración. Un tío y un primo fueron fusilados. Si, a Audrey la guerra le pegó duro.

En 1945, en Holanda,  comenzó a estudiar danza, su sueño era ser bailarina. Siguió esta pasión en Londres, ya mudada con su madre. Pero debido a su debilidad, consecuencia de los años de hambruna, decidió dedicarse a la actuación. 





Comenzó con pequeños papeles en diferentes películas hasta que fue seleccionada para trabajar en un musical de Broadway “Gigí”, donde trabajó seis meses. Fue tomando notoriedad hasta que en 1953, el famoso director William “Billy” Wilder la contrató para protagonizar junto a Gregory Peck “Vacaciones en Roma”. El éxito fue rotundo y Audrey conquistó el corazón de América y se convirtió en referente del “sueño americano”.

Vacaciones en Roma no fue sólo su debut en Hollywood sino que también le hizo ganar su primer y único Oscar.

A partir de esta película y en los años siguientes, Audrey protagonizó películas de mucho éxito como “My Fair Lady”, “Cómo robar un millón”, “Charade”, “Robin y Marian”, “La Guerra y la Paz”, basada en el libro de Tolstoi, o “Sabrina” Sus co protagonistas fueron grandes talentos como Peter O´Toole, Humphrey Bogart, Cary Cooper, Sean Connery, Fred Astaire, Omar Shariff o Ben Gazzara.





Todos sus compañeros de filmación la veneraban. Cary Cooper llegó a decir que para Navidad sólo pedía otra película con Audrey Hepburn. (Nosotras hubiéramos pedido otra película con el buen mozo de Cary, claro está.)



Su mayor éxito, sin dudas fue “Breakfast at Tiffany´s” (¡La amooooo! Y la veo, por lo menos, dos veces por año. Todos los años), basada en la novela de Truman Capote. Por esta película fue nominada al Oscar pero en esta ocasión el premio se lo quedó Grace Kelly (Si, desde ya que nos debemos un post sobre Grace…). Audrey estuvo nominada cuatro veces al Oscar como mejor actriz.





Se casó dos veces. Primero, en 1956,  con Mel Ferrer, su co protagonista en la Guerra y la Paz, con quien tuvo un hijo, Sean. Su segundo matrimonio, con el médico psiquiatra Andrea Dotti, en 1969. De su unión con Dotti nació su hijo Luca. Su segundo matrimonio culminó en 1976.


















Desde ese año se recluyó un poco para dedicarse a sus hijos y comenzó a trabajar ocasionalmente en películas. Se retiro a vivir en Suiza, en el pequeño pueblo Tolochenaz -sur Morges.

Hacia fines de los 80 conoció a su último amor, el actor Bob Wolders. Según la propia Audrey, Wolders “Me hizo vivir de nuevo, darme cuenta que no todo estaba terminado para mi”.

En esa misma época hizo intensivo su trabajo  en campañas humanitarias con niños, que venía haciendo hace años. A tal punto fue su compromiso que en 1988 UNICEF la nombró embajadora. Pocas fotos se pueden ver de Audrey enojada. Pues la foto de ella con un chiquito en África es una de ellas. Le dolía el dolor de estos chicos. En carne propia.

 
 

Volvió al cine para filmar su última película “Always” con el enorme Steven Spielberg.

Fue diagnosticada con cáncer de colon y murió el 20 de enero de 1993 con apenas 63 años.

Audrey nos dejó un total de 27 películas, que podremos ver una y mil veces, infinidad de veces sin cansarnos de su glamour y su encanto. Era hermosa, casi angelical, elegante, femenina, sensible, entregada. 


Eterna. 


"Me gusta la gente que me hace reír. Sinceramente, creo que reír es la cosa que más me gusta. Cura una multitud de males y es probablemente la cosa más importante en una persona."
Audrey Hepburn